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Solemnidad de Santa María, Madre de Dios : Sr Cristina María

Année liturgique 2016-2017 [A]

Con esta solemnidad iniciamos un Año nuevo. Y lo iniciamos con la presencia de María. María siempre presente en la Historia, María presente en nuestras vidas cotidianas. Con esta presencia, el inicio de un año civil se transforma en un año de gracia. Un tiempo de gracia para seguir haciendo, día a día, la experiencia del amor inagotable de Dios que nos conduce hacia la eternidad apoyados en la fe en ese mismo Dios hecho uno de nosotros, siempre presente.
Empezar así un año nuevo es empezarlo con una mirada que, brotando de lo profundo de nuestra fe, se hace mirada para ver lo cotidiano, a lo largo de los días, de otra manera.
La liturgia de este día nos acompaña. Iniciamos la andadura de este año nada menos que con la bendición de Dios. Dejemos al Padre Dios decirnos en este día :

El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor ;
el Señor se fije en ti y te conceda la paz.
(Primera lectura)

Me fijo en ti ; te concedo mi paz. No es un deseo iluso : hemos sido bendecidos nada menos que con y en su Hijo Jesús y, en la fe, sabemos que este año será también un tiempo de Salvación. Sigue la Historia salvadora de Dios con la humanidad.
 La segunda lectura nos muestra el camino escogido por Dios para entrar en nuestra historia. Y el camino tiene una referencia única : María. Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Por ella ha llegado al mundo el Mesías y se ha iniciado la Era Nueva, los tiempos del cumplimiento del proyecto de Dios. Con estas palabras de la Carta a los Gálatas (4, 4-7), la Iglesia nos invita a clamar : “Abba”, Padre. Unas palabras que despiertan en nosotros una confianza que pueden cambiar nuestro caminar : cogidos de la mano del Abba, del Padre. Y caminar como hijos, no como esclavos, por este mundo. Y si somos hijos también somos herederos de una herencia por la que nada se puede cambiar y ante la cual dejamos de lado todas otras herencias, que en la vida de cada día, pueden esclavizarnos y quitarnos nuestra verdadera libertad filial.
Y esta ha sido la obra de Dios, una obra que tiene ha sido posible por el Sí de María. Su aportación no fue pasiva, ni meramente biológica, sino activa y creyente, confiada y arriesgada. Y tras el primer sí, María prosiguió meditando todo en su corazón. María, como nos relata el Evangelio de hoy, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. María contemplaba lo que otros no podían ver : al Dios que se escondía en este Niño. Esa era la contemplación de María. Podría ser también la nuestra. La capacidad de descubrir el misterio de la presencia de Dios en lo pequeño de cada día.
Y el Evangelio termina con lo que desde entonces tiene que ser la vida de todo creyente : Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído ; todo como les habían dicho. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y el nombre de este misterio escondido en la carne humana se llamó Jesús, Dios que salva.

Sr Cristina María, r.a.
Madrid, España

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