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Santa familia - Sr. Cristina María

Année liturgique 2015-2016 [C]

¿Por qué me buscabais ?
¿No sabíais que yo debería estar en la casa mi Padre ?

Acabamos de celebrar el acontecimiento central de la Historia de la Humanidad, la venida de Jesús, el Hijo amado del Padre, a nuestra tierra. Estamos pues en la sintonía con cantos y mensajes navideños. Y este domingo posterior a la Navidad, y dentro de la octava navideña, está dedicado a la Sagrada Familia. Y con ella vamos a penetrar un poco en el hogar de Nazaret. La Iglesia y su liturgia quieren que vayamos a la intimidad familiar en la que se desarrolló humanamente la vida de Jesús. Y esta fiesta la celebramos además este año en el marco del año dedicado a la misericordia, misericordia que nace del corazón de Cristo.

Este año se convierte para toda la Igle-sia en un gran eco de la Palabra de Dios que resuena, fuerte y de-cidida, como palabra y gesto de perdón, de ayuda y de amor. Que nunca nos cansemos de ofrecer misericordia y seamos siempre pacientes en el confortar y perdonar. Que cada familia se haga voz de cada hombre y mujer y sea un hogar donde sanar las heridas del corazón. Hagamos nuestro el lema de este año : « Familia, hogar de la misericordia ». Que la Sagrada Familia sea un punto de referencia en nuestros hogares. Que, poniendo en el centro el Evangelio, como Buena Noticia, la sepamos transmitir con alegría.

Tanto la primera lectura como la segunda de este domingo son comunes en todos los ciclos litúrgicos. El texto que hemos oído en primer lugar, es del Libro del Eclesiástico y son consejos para la armonía familiar. Ya el pueblo judío reconoció desde muy temprano la importancia de la familia. Amar a los padres y no abandonarlos nunca, amor que atrae las bendiciones de Dios. Los consejos que nos da este texto son perfectamente aplicables a nuestro tiempo y debemos tenerlos muy en cuenta.

En el fragmento de la Carta de Pablo a los Colosenses, el apóstol da consejos para conseguir la concordia entre los primeros cristianos. Por encima de todo hay que poner el amor que es el ceñidor de la unidad consumada. Del amor nacen la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión, todas las virtudes que adornan y sostienen la vida de la familia, de toda comunidad, de la Iglesia, comunidad de creyentes. Particular importancia da Pablo a la Palabra de Cristo que tiene que vivir en el corazón de cada cristiano, y a la Acción de gracias por todo aquello que, en nombre de Jesús, se nos concede realizar. Es decir, que la vida del cristiano y la de la comunidad se apoyen en la vida interior y en ese hacerlo todo en nombre de Jesús. 

El texto del Evangelio es un precioso texto en el que Jesús empieza a revelar su identidad. El evangelio de Lucas, en el que se nos cuenta la pérdida de Jesús, en el Templo, fue escrito probablemente unos cincuenta años después de este suceso. Doce años es, aproximadamente, la época en que los niños comienzan a sentirse independientes. Para Lucas, esta primera subida de Jesús a Jerusalén es el presagio de su subida pascual y, por ello, estos acontecimientos hay que leerlos a la luz de la muerte y resurrección del Señor.

 Hasta ahora Lucas no nos ha revelado ninguna palabra salida de la boca de Jesús. Y la primera que nos presenta la encontramos en el Evangelio de hoy : ¿Por qué me buscabais ? ¿No sabíais que yo debería estar en la casa mi Padre ? Y dice el texto : sus padres no comprendieron nada. (2,50)
 Esta primera palabra de Jesús expresa la manera como Jesús se compromete en la historia de los hombres : Es incondicionalmente el HIJO. Al revelarnos su compromiso, su sumisión absoluta a los asuntos del Padre, nos introduce en el misterio de su persona, misterio que escapa a nuestros discursos como también escapó a los padres de Jesús : “Ellos no comprendieron nada”). Pero ya respetan a su hijo y presienten ya una vocación que transciende el medio familiar.

Empezamos a conocer al Cristo en el Evangelio de Lucas. Es el Hijo y vivirá toda su vida como un Hijo. Y por ello, día tras día no cesará de hablar de la fuente de su vida : el Padre, y del proyecto del Padre sobre él, Jesús, y sobre la humanidad. Jesús vivirá pues en obediencia filial, orientado al Padre, comprometido en los intereses de la “casa” del Padre. E irá a la Cruz como un HIJO.
 Jesús conocía el amor del Padre. Se sabía amado por El. Este Hijo puede ayudarnos a situarnos ante el Padre Dios con una confianza filial : como hijos e hijas del Padre. Y así, también nosotros, nos pondremos al servicio de los intereses de Dios. Y no en una actitud servil sino filial. Cuando hemos hecho la experiencia del amor, de la ternura, de la compasión, de la misericordia, de la bondad del Padre, podemos vivir como hijos, como amigos… Todos estamos llamados a esta relación. Y del respeto sincero entre padres e hijos brota la comprensión y el amor.
¡Feliz fiesta de la Santa Familia !

Sr. Cristina María
Madrid, España

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