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Primer Domingo de Adviento - Sr Cristina María

Année liturgique 2017-2018 [B]

Tu Señor, eres nuestro Padre… Sales a nuestro encuentro


El tiempo litúrgico del Adviento llama a nuestras puertas. Es un tiempo marcado por la esperanza, la alegría, la vigilancia. Si, por una parte, nos lleva a celebrar la venido de Dios en su Hijo Jesús a nuestro mundo, por otra nos orienta hacia su segunda venida al final de los tiempos. Entre estas dos venidas hay otras muchas venidas intermedias a las que tenemos que prestar atención pues son las que van orientando nuestro vivir en la fe. De ahí la actitud de fe y vigilancia a la que nos invita este tiempo de Adviento para que nos acostumbremos a vivir la vida y nuestra vida de creyentes en una actitud de espera vigilante.


La primera lectura es del profeta Isaías, el profeta del Adviento. El pueblo de Dios cansado de sufrimientos y esclavitudes clama a Dios : ¡Ven, ven como tras veces has venido a consolar a tu pueblo y a fortalecer su esperanza ! El pueblo no conoce a otro Dios que no fuera el Dios que tantas y tantas veces ha venido en su ayuda.


En su carta a los cristianos de Corinto, Pablo expresa su acción de gracias a Dios por la gracia que les ha concedido en Cristo Jesús. En El, el Padre les ha dado todo : "no carecéis de ningún bien vosotros que aguardáis la venida final del Señor… El os mantendrá firmes porque el que os ha llamado es fiel y mantiene su promesa".


Y Marcos, en su Evangelio, vuelve sobre el tema de la vigilancia. Vigilad, velad al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o al amanecer. Velad porque el Señor viene y nos quiere despiertos, aguardando activamente, haciendo el bien, permaneciendo en la fe y en la esperanza.


Esta es la actitud del Adviento. Hay un texto de San Bernardo que puede ayudarnos a nosotros hoy a mantener nuestras vidas de fe en alerta, vigilando. El Señor vino, vendrá y no cesa de venir. A veces no sabemos cómo, pero viene. Y hay signos en nuestras vidas que nos llevan a reconocer su presencia, sus múltiples venidas en nuestra vida : muy silenciosas a veces, pero reales ; otras veces sacudiendo nuestra opacidad, nuestros extravíos, nuestras inconstancias que nos distraen y nos adormecen. Oigamos las palabras que San Bernardo nos ofrece y que nos ayudarán a descubrir cómo Dios viene y entra en nuestra vida :


Cumpliendo mi promesa, quiero ahora confesaros sencillamente que el Verbo se ha dignado venir a mi alma, no ya una, sino muchas veces. Mas aun habiendo sido muy frecuentes esas visitas, jamás he podido notar el momento de su llegada. Cierto que he sentido que El estaba en mí, que después recuerdo haberme visitado, y hasta algunas veces he podido barruntar su visita ; pero nunca jamás se me ha dado notar claramente el momento preciso de su venida y partida ; ni tampoco he podido saber jamás de dónde ha venido a mi alma, ni adónde se ha ido al abandonarla, ni siquiera cómo ni por donde ha entrado y salido de ella. Ahora mismo ignoro todo esto, sencillamente os lo confieso. De esto no sé más que lo que dice San Juan, o sea : No sabes de dónde sale ni adónde va. Y ciertamente no es de extrañar, siendo Aquel de quien dijo el salmista : No se conocerán los vestigios de sus pisadas... ¿Por dónde, pues, ha entrado ? ¿Habremos de decir que El no ha entrado en realidad, al no venir de fuera ni pertenecer al número de los seres que están fuera de nosotros ? Más tampoco ha venido de dentro de mí, porque El es un bien, y yo sé que el bien no habita en mí. Me he elevado también sobre mí, comprobando que el Verbo está todavía más arriba. Mi curiosidad me lo ha hecho buscar debajo de mí, y he visto asimismo que está más profundo. He mirado fuera de mí, y he reconocido que El está todavía más allá de lo que se halla fuera de mí ; en fin, le he buscado dentro de mí, y he visto que El está todavía más interior que yo mismo. Entonces he reconocido la verdad de esta palabra : En El vivimos, nos movemos y existimos.


Me preguntas, pues, cómo he podido conocer que El estaba presente, siendo intransitables sus caminos. Vivo es y eficaz ; y tan pronto como ha venido a mí, ha despertado a mi alma dormida, ha movido, ablandado y herido mi corazón, duro como la piedra y malsano. Ha comenzado también a arrancar, a destruir, a edificar y a plantar ; a regar lo seco, alumbrar lo tenebroso, a abrir lo cerrado ; a inflamar lo frío, a enderezar lo torcido, a allanar lo desigual y áspero ; por lo que mi alma bendecía al Señor, y todo cuanto en mí había, glorificaba su santo nombre… Sólo he conocido su presencia por el movimiento de mi corazón, como he dicho ; he notado el poder de su virtud por la huída de los vicios y por la represión de las pasiones que obraba en mí ; he admirado la profundidad de su sabiduría en la discusión y represión de mis culpas secretas ; he experimentado su bondad y su misericordia por la enmienda de mi vida ; he descubierto de algún modo su infinita hermosura por la renovación y reforma de mi espíritu, o sea de mi hombre interior ; y contemplando juntamente todo esto, he temblado ante su inmensa grandeza. Y cuando viene y entra en ella ¡cuántas actitudes se transforman ! (San Bernardo, Comentario al Cantar de los Cantares, Sermón 74, 5-6)


Que su presencia nos transforme en este tiempo de Adviento.


Sr. Cristina María, r.a.
Madrid - España



© Joanna Kosinska

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Commentaires

Martine Tapsoba - 3 décembre 2017, 22:33

Merci Cristina pour ton introduction à ce beau temps de l’Avent et le texte de saint Bernard qui nous aident à entrer dans ce temps en y prêtant grande attention ! Oui, c’est un temps d’espérance joyeuse qui demande de la vigilance !


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