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Primer Domingo de Adviento - Sr Cristina María

Année liturgique 2016-2017 [A]

Subamos al monte del Señor,
en este tiempo en el que vivimos,
vigilando y abriendo puertas…

Iniciamos este tiempo de Adviento teniendo en nuestro interior todo lo que la Iglesia, y con ella - creo que podemos decir - toda la humanidad ha quedado marcada por el Año de la Misericordia. Un año que, día tras días, no solamente los creyentes sino todos los hombres y mujeres de cualquier creencia , ideología o grupo social, han visto gestos y oído palabras de misericordia, la misericordia del corazón de Dios que derriba barreras, construye puentes, acerca al que se ha alejado ; una misericordia que nos hace hermanos e hijos del mismo Padre. Nuestra fe ha quedado fortalecida por este don de Dios a través del Papa Francisco.

Y así acogemos este tiempo con unas palabras que vamos a oir ya desde hoy en la liturgia de la Palabra : Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob ; él nos indicará sus caminos, nosotros iremos por sus sendas… Venid, caminemos a la luz del Señor, llevando las armas de la luz, revestidos de Jesucristo, el Señor, que vino, que viene y que vendrá. Vigilantes porque el Señor está siempre viniendo a nuestras vidas, a nuestro mundo, en este tiempo en el que vivimos.

El monte Sión, la colina que domina la ciudad de Jerusalén : en ella se encuentra el templo, casa de Dios, lugar de su presencia transformadora. El profeta contempla esta colina en el momento de la intervención salvífica de Dios al final de los tiempos. Sión será el centro en el que se darán cita todos los pueblos. Desde Sión vendrá la palabra que ilumina e indica el camino a seguir. Con el gozo de acercarnos, de acoger cada día la Palabra hecha carne, empezamos este tiempo de espera y de presencia a la vez. Subamos al monte del Señor para que El nos instruya, nos de a conocer los caminos de la paz.

Es el momento, el tiempo que se nos da para acoger la vida de Dios y fortalecer nuestra fe. Estamos, mejor, vivimos, en este continuo kairos, en este tiempo de salvación. Pablo nos invita a dirigir nuestra mirada al centro de la Historia y de nuestra historia personal : El Señor Jesús ; a revestirnos de sus sentimientos, de su manera de vivir guiados por su luz. Vivamos como los centinelas que ven en la noche y aguardan la aurora. En el hoy, los centinelas abren las puertas de la esperanza en un mundo nuevo que, a su vez, avanza hacia los cielos nuevos y la tierra nueva. Algo de ese mundo nuevo podemos hacerlo presente y saborearlo ya.

En este domingo acojamos nuestra vocación de ser centinelas, centinelas de lo invisible y, a su vez, siempre presente. Experimentamos que las sombras nos envuelven en nuestra condición de caminantes. Estamos en vela aportando nuestra piedra a la construcción de la ciudad nueva, la nueva Jerusalén, a la que nos dirigimos, la ciudad definitiva.

Sr Cristina María, r.a.
Madrid, España

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