Permanencia y continuidad

Pâques

Permanencia y continuidad

Seguimos celebrando en la Liturgia el tiempo de Pascua. La festividad de la Ascensión ha venido a recordarnos que Jesús Resucitado está siempre presente en su Iglesia. Que hay que buscarlo para encontrarle sabiendo que su presencia ? tan real y a veces tan impalpable - sigue irradiando, dando una luz nueva a toda la realidad de este mundo. Hace falta la mirada de la fe, y tener los ojos abiertos para ver y para descubrir su presencia en los nuevos lugares, formas y momentos a través de los cuales El quiera hacerse presente.

Este Domingo VII de Pascua quiere asegurarnos esta presencia. El Evangelio de Juan nos está hablando de permanencia de esa presencia y de continuidad de la presencia por el amor . La Ascensión no interrumpe la presencia, nos da una nueva comprensión de la misma a la vez que nos confirma la meta de nuestro camino, hacia dónde vamos, qué es lo que nos espera. Cristo nos ha precedido habiendo sido y vivido como uno de nosotros. Ya la vez sigue siendo el siempre presente pues “no está lejos de ninguno de nosotros, pues en El vivimos, nos movemos y existimos... somos estirpe suya” (Hechos 17, 27-28) Confesar a Jesús como el Hijo enviado para ser Salvador del mundo, nos dice Juan en su primera carta, y amarnos unos a otros es ya permanecer en Dios, estar habitados por Dios. Permanencia activa, por un lado.
Por otro, continuidad. Los discípulos de Jesús somos los que van a realizar hoy las últimas voluntades de Jesús. Para ello, Jesús nos ha dado, nos ha entregado su palabra y para ello también ruega al Padre que nos guarde ?ya que también nosotros, como El, experimentaremos la hostilidad del mundo ?, que nos consagre en la verdad para que estemos al servicio de la verdad, y que “como el Padre le envió a El, El, Jesús, nos envíe hoy al mundo para ser testigos de su resurrección (primera lectura).
Los destinatarios de este testamento somos hoy nosotros. Sobre nosotros recae el encargo de dar continuidad a un modo de ser y de proceder cuyo origen está en Dios. Nosotros somos responsables de hacer visible en el mundo que Dios es amor.
La alegría pascual va poco a poco desvelándonos la novedad de la que hablaba Jesús y que nadie la entendía. El Espíritu Santo tiene un papel fundamental en la comprensión de toda la predicación de Jesús por parte de los apóstoles, de los que vivieron con Jesús hasta el momento de su pasión, y por parte de los apóstoles de hoy, nosotros. Poco a poco se les fué desvelando a ellos el proyecto de Dios : crear un nuevo pueblo, su pueblo, escogido de entre toda la humanidad. Judíos y gentiles fueron abrazando la fe. Y se fué formando esa comunidad de amor y fidelidad a la verdad gracias al testimonio de los que vieron al Resucitado. Bajo la acción y la presencia del Espíritu que va suscitando la continuidad fiel a la verdad y la permanencia en el amor, la obra del Padre sigue abriéndose paso en nuestro mundo.

Cristina María, r.a.
Málaga (España)

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