Navidad

Noël

Al comienzo del Adviento, el libro del profeta Isaías dejaba oír el grito del pueblo desamparado : Tú, Señor, eres nuestro Padre, nuestro Redentor, pues ese es tu nombre desde siempre (...) Desde hace tiempo somos gente sobre quien ya no reinas y ya no llevamos tu nombre. Oh, si desgarrases los cielos y bajases... (Is 63, 16. 19). He aquí que la llamada del pueblo no quedó sin respuesta : los cielos se rasgaron. La grieta del cielo - esta revelación que Dios hace de si mismo- se cumplió de manera definitiva e inaudita en Jesucristo. Dios vino al mundo en la persona de Jesús. Tal como dice el prólogo del evangelio de Juan : el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1, 14). El Verbo se hizo carne ; han sido derribadas las fronteras entre cielo y tierra, entre lo divino y lo humano. El Verbo se hizo carne manifestando a los hombres que una relación de comunión entre lo divino y lo humano es posible.

Entonces un ángel del Señor se acerca a los pastores, mensajero de una gran noticia : ”hoy os ha nacido un salvador, que es Cristo el Señor" (Lc 2, 14). El signo dado es un recién nacido, envuelto en pañales, recostado en un pesebre. Y de repente una multitud del ejército celestial alaba a Dios : Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres objeto de su complacencia. No hay verbos en el texto griego : gloria y paz son anunciadas como realidades actuales y consumadas. Es lo que Dios ha realizado mediante el nacimiento del niño Jesús. La gloria cantada por los ángeles es la que se manifiesta en el actuar de Dios y que suscita la respuesta de glorificación de los hombres. Dios mismo glorifica su nombre realizando la salvación ; por eso los seres celestes lo alaban y glorifican. De manera análoga, la paz cantada por los ángeles no debe ser comprendida tanto como fruto de la buena voluntad humana sino como obra divina. Se trata de la salvación, del perdón de los pecados. Dios mismo glorifica su nombre trayendo paz a la tierra. Paz en la tierra a los hombres que ama el Señor. Paz, gracia, a los hombres que acogen su amor.

Jesús salió del Padre para caminar junto a los hombres, el Verbo se hizo carne, nació un salvador y los ángeles lo revelan : esto os servirá de signo : encontrareis a un recién nacido (2, 11). El signo que nos es dado es un niño. El Verbo se hizo carne, quiso compartir nuestra naturaleza humana, toda nuestra existencia, comenzando desde el principio, como comienzan los hijos de hombre. No quiso evitar el crecimiento, el camino largo para llegar hasta adulto. Toma nuestra humanidad con sus límites y sus posibilidades. ¿Y por qué Dios, creador del cielo y de la tierra, se manifiesta en la debilidad de un niño ? Jesús nos da la respuesta a través de todas sus palabras, sus acciones, y su vida entera. Esta respuesta la resume bien San Juan : Dios es amor. Dios se hace niño, pequeño, débil, porque es amor. Ante el Niño de la cuna de Belén, contemplamos la debilidad de Dios, contemplamos el corazón de Dios : un Dios que es amor, misericordia. Porque el amor es olvido de sí, don de sí, aceptación de hacerse vulnerable, débil.

Jesús Salvador nació para nosotros. Es un niño, una pequeña simiente, un proyecto, podríamos decir. Es importante permanecer ahí. El nacimiento de Jesús nos da lecciones inéditas sobre Dios. Dios no es solo un Dios eterno, todopoderoso, de quien esperamos beneficios. Quiso acercarse a nosotros ; no solo es el autor de todos los dones sino que comparte las necesidades y los sufrimientos humanos, la soledad, el exilio, el destierro, el dolor y la pobreza. De Jesús Niño, aprendemos que Dios, de modo misterioso, es también pequeñez ; el niño nos enseña que si Dios es grande y poderoso, hay algo también que a nuestra escala se llame posiblemente humildad, capacidad de tomar el último lugar, la vulnerabilidad también.

Sophie Ramond, r.a.
Province de France

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