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La encarnación : un canto de entrega

Année liturgique 2008-2009 [B]

La palabra “entrega” es la que resume los textos de la liturgia de hoy. Esta actitud queda sintetizada en la respuesta al Salmo 39 : ”Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad” Tiene el sabor de una confesión creyente, de una respuesta totalizadora de fe a las iniciativas insospechadas e inauditas de Dios.

La lectura de Isaías nos deja en evidencia la terquedad del amor y de la permanencia de Dios para con su pueblo. Es El quien se entrega y entrega señales de su presencia.
La carta a los Hebreos nos remite a la entrega del Hijo. Desde su entrada en el mundo se ofrece al Padre “para hacer tu voluntad” (10,7).
El Evangelio nos relata la entrega de María a la voluntad de Dios.

En este día nos sentimos involucrados en el misterio de la encarnación todos cuantos ponemos nuestra vida a la disposición del Señor. Agradecemos y adoramos al Dios hecho uno de los nuestros, abajado hasta el extremo (Fl 2,6-9). No en vano celebramos esta solemnidad de la Anunciación del Señor en pleno tiempo de cuaresma, cuando tenemos los ojos puestos en la Cruz. Ambos misterios, la encarnación y la cruz, están unidos, se explican mutuamente, uno es raíz del otro.

La primera lectura el profeta Isaías nos remite a la constante de la historia de salvación : Dios tiene proyectos de vida, de apoyo incondicional para con los suyos más allá de la colaboración nuestra (7,12) de nuestros razonamientos : Dios se nos da como señal en un niño. En el anuncio de maternidad a una mujer joven (7,14), reconocemos la benevolencia y la presencia de nuestro Dios.

Si la primera lectura nos habla de un anuncio, el evangelista Lucas nos narra el anuncio y también la respuesta de Maria. Nos habla de cómo esta joven creyente se entrega al misterio : “ He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra ” (1,38).

Esta respuesta de María es el fruto maduro de un proceso que se desarrolla en diálogo con el ángel Gabriel. María es la mujer creyente, de la escucha y del discernimiento. En la escucha de la Palabra, María aprendió también a afinar su corazón para la respuesta.

Se expone a los proyectos de Dios, poniendo en cuestión su vida y todos sus planes. Se le anuncia la Palabra. María escucha pero también medita : confronta la Palabra con su vida. En esa reflexión, el Señor le permite descubrir nuevas palabras que le permiten comprender la grandeza de su obra en ella. La Palabra le abrió el corazón y las entrañas.

Finalmente María responde su “Fiat”. Renueva la entrega de su corazón : “no espero mi plenitud de ningún varón, en mi Creador lo tengo todo” le viene a decir al ángel.

Este consentimiento refleja una profunda conciencia de relación : María se comprende a sí misma como sierva y confiesa a Dios como su todo y su Señor. Ella se abandona y entrega completamente al servicio de su plan de salvación.

Contemplamos a María en este misterio de la Encarnación como una joven mujer que asume una responsabilidad, que se experimenta vinculada estrechamente al Dios que tiene predilección por ella y que la hace también fuertemente responsable con el destino de su pueblo.

Hagamos nuestra la oración de San Bernardo, uno de más grandes cantores de la Virgen en toda la historia, agradeciéndole a María por su “sí” que es fuente de esperanza y de luz para todos nosotros :

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L’Annonciation, vitrail de Taizé


¡El ángel espera tu respuesta, María !
Estamos esperando también nosotros, oh Señora,
esta donación tuya que es también de Dios.
¡Responde rápido, oh Virgen !
Pronuncia, oh Señora, la palabra que la tierra,
los infiernos e inclusive el cielo están esperando...
Abre tu corazón a la fe,
abre tus labios a la palabra,
abre tu seno al creador.
He aquí que el deseado de todos los pueblos
está afuera y toca a tu puerta.
¡Levántate, corre, abre !
¡Levántate con tu fe,
corre con tu afecto,
abre con tu consenso !

Ascensión González Calle, ra
Ecuator-Chili

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