III Domingo de Adviento

Avent
JPEG - 648.9 ko

El tercer domingo de adviento, llamado según la tradición Gaudete, nos invita a la alegría. El Evangelio acentúa la necesidad de la conversión del corazón, sin la cual no es posible la espera gozosa de Aquel que viene a salvarnos y a curar nuestras heridas.

La invitación del Evangelio de este domingo nos da el verdadero sentido de la espera : “Y qué debemos hacer ?” Es la pregunta que brota en quien ha escuchado la llamada a una conversión total y radical del corazón y siente absoluta necesidad de concretar la respuesta. Juan indica como camino de conversión los gestos externos sencillos y concretos, que desvelan la conversión interior del corazón : “Practica las obras del amor y la justicia, hazte solidario de tu hermano, reparte con el que carece y vive desde la fraternidad.”

El hecho de sumergirse en las aguas del Jordán está ya hablándonos de conversión y purificación. Este gesto nos recuerda la salida de Egipto, por el mismo Jordán hacia la tierra prometida, así como nuestro propio camino de fe y de conversión.
La libertad es la transformación interior del corazón, y la gracia de acoger a Dios ya aquí y ahora. Pero dicha transformación sólo se da en aquellos que reconocen su propia esclavitud interior y la necesidad del perdón. La palabra de Juan abre el corazón a la transformación, preparándonos para acoger al Dios que viene.
El Bautista con la mención de los ritos de Cristo, nos recuerda también que la última venida del Señor se acerca. Cristo sumergiéndose en las mismas aguas del Jordán nos desvelará más tarde su condición de Hijo, un Profeta mayor que Juan el Bautista, que no separará más la paja del trigo, sino que se sumergirá en la historia de su pueblo “como uno de tantos”, transparentando la misericordia inagotable del Padre.

“Regocíjate, grita de Júbilo, hija de Sión”, exhorta el profeta Sofonías a los humildes..., “Estad siempre alegres en el Señor” nos dice Pablo desde la cárcel. La alegría sólo es verdadera cuando está ligada a la esperanza y al cumplimiento de nuestro deseo más profundo. Y dicha invitación puede ser escuchada en todos nuestros cautiverios internos.
“Alegraos en la esperanza” (Rm 12,12), alegraos por el simple hecho de que esperáis..., una actitud para el aquí y ahora de nuestras vidas porque los últimos tiempos de los que nos habla Juan el Bautista, han comenzado ya.

La alegría es de los que tienen el valor de acogerla”. ¿No será está la respuesta más exacta y comprometida a la pregunta “Y nosotros ¿Qué debemos hacer ?

Beatriz Mengs, RA
Europa del Norte

Dans la même rubrique


Ajouter un commentaire



Informations légales

Ce site est édité par "Religieuses de l’Assomption" :

Ecusson
  • Religieuses de l’Assomption - 17, rue de l’Assomption 75016 Paris - France
  • Tél +33 (0) 1 46 47 84 56
  • Fax + 33 (0) 1 46 47 21 13

S'inscrire à l'info-lettre