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Festividad de Todos los Santos - Sr Cristina María

Année liturgique 2013-2014 [A]

Una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar,de toda nación, razas, pueblos y lenguas

Fiesta de todos los santos. De los santos reconocidos como tales pues así lo dijeron con su vida y que ya nos dejaron, y de los santos que todavía viven entre nosotros, de nosotros mismos que estamos en camino hacia la plenitud de nuestra vida según Dios. Formamos parte de esa multitud de santos de todo pueblo, raza, nación, lengua, color de la que nos habla el Apocalipsis :

Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritan con fuerte voz : La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero. Y todos los Ángeles que estaban en pie alrededor del trono de los Ancianos y de los cuatro Vivientes, se postraron delante del trono, rostro en tierra, y adoraron a Dios diciendo : Amén. Alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza, a nuestro Dios por los siglos de los siglos, Amén.

Esta fiesta nos une a todos en una vocación común : la llamada a ser santos como El, Dios, es Santo. Todos somos santos por vocación. Y aún más por el bautismo. Quizá sea la dimensión más honda que nos une a toda la humanidad. Cada uno recorre ese camino según la gracia que le ha sido dada. La santidad, bien entendida, está al alcance de todos, forma parte de la normalidad de la vida humana y cristiana. El santo se va haciendo en la vida, en el día a día. Basta que se sienta habitado por lo que nos dice al apóstol Juan en su primera carta, por el amor del Padre Dios :

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos ! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es. Todo el que tiene esta esperanza en él se purificará a sí mismo, como él es puro. Esa es la meta del camino. Hoy podemos preguntarnos : ¿cuál es mi camino de santidad ?

Dios es el « único santo » y « la fuente de toda santidad ». Para llegar a ser lo que Dios quiere que seamos y que un día se manifestará, Jesús nos muestra el camino. No se trata de ritos y de sacrificios como podía entenderse en el Antiguo Testamento. Jesús cambia por completo la manera de concebir la santidad : La santidad reside en el corazón ; no se decide fuera, sino dentro del hombre, y se resume en la caridad. Los mediadores de la santidad de Dios ya no son lugares (el templo de Jerusalén o el monte de las Bienaventuranzas), ritos, objetos y leyes, sino una persona, Jesucristo. En Jesucristo está la santidad misma de Dios que nos llega en persona, no en una lejana reverberación suya. Él es « el Santo de Dios » (Jn 6, 69) Ser santos como Dios es Santo es un llamada que se nos ofrece. A nosotros nos toca acogerla y realizarla.

A nosotros nos toca vivir desde dentro al estilo de Jesús, el que El mismo nos : el camino pasa por ser pobres de corazón, por la mansedumbre, por la lucha, a veces recia, en medio de las dificultades, por el hambre y sed de la justicia del Reino de Jesús, por la misericordia, la limpieza de corazón, el trabajo por la paz.

Recordemos las palabras de Santa María Eugenia de Jesús : El gran medio para llegar a ser santos es amar a Nuestro Señor y creer en EL. (13.12.1978)

Cristina María, r.a.
Málaga

 

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