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Festividad de Corpus Christi - Sr. Cristina María

Année liturgique 2013-2014 [A]

Comed y bebed… Os doy la VIDA, mi Vida, y la Vida en abundancia…

La Liturgia nos está ayudando a entrar, cada vez más en profundidad, en el Misterio de Dios y en el Misterio del hombre, en lo que el hombre es para Dios y Dios para el hombre. Hemos celebrado la gran cincuentena pascual y hemos acogido el don de la Vida Nueva en Cristo, muerto y resucitado por nuestra salvación. Y el Espíritu de Vida que reposaba en Jesús, desde su Bautismo hasta la Cruz, se ha posado también sobre nosotros y nos ha llenado de Vida y de Fuerza.

Para entrar en la comprensión creyente, la única comprensión de los misterios de Dios, hemos celebrado la fiesta de la Trinidad, la del amor hecho pura misericordia y cercanía gozosa, ese misterio que nos habita pues nuestras vidas están marcadas y habitadas por el amor trinitario desde nuestro bautismo. Y hoy, en la Festividad del Corpus Christi, este amor se nos vuelve a manifestar, a entregar de una vez para siempre bajo el signo tan humilde de pan y vino, de alimento que nos fortalece en nuestro caminar y de bebida que sacia nuestra sed. La liturgia va a recordarnos nuestra historia, como pueblo de Dios, como Iglesia, y nuestra historia personal.

En la primera lectura, Moisés recuerda al pueblo la experiencia fundamental de su Historia como Pueblo de Dios : la salida de Egipto de la esclavitud, la travesía por el desierto y la entrada en la tierra de la abundancia, la que mana “leche y miel” : Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años… para conocer lo que había en tu corazón, para alimentarte de cuanto sale de la boca de Dios, para darte el maná que no conocían tus padres. El pueblo de Israel hizo esta experiencia “fundadora” de su historia como pueblo de Dios, una experiencia de salvación. Cuando Israel reflexiona sobre quién fue su Creador, hace esta referencia a la salvación : El que nos salvó es el que nos creó. Antes de tener la experiencia de ser creatura de Dios, Israel tiene la experiencia de ser un pueblo salvado por Dios. También nosotros, siguiendo el gran deseo de Dios de salvar a su humanidad tan amada, recibimos el don incalculable de la salvación, y de una salvación aún más plena que la recibida por Israel : en Jesús, el Salvador, todo ha sido restaurado, todo se nos ha dado. Esta salvación es la que celebramos sin cesar en la liturgia y es la que celebramos hoy en esta festividad del Corpus Christi.

Jesús salva dando la vida, dando su vida. Y esta salvación es siempre actual. HOY somos salvados. En el pan y en el cáliz de salvación, signos de esa presencia salvadora de Jesús, la salvación, el Salvador, Jesús de Nazaret, se acerca, se entrega, se une a la humanidad. El pan que Yahvé dio a su pueblo durante su marcha por el desierto, nos lo da hoy, cada día, en nuestro caminar cotidiano como PAN DE VIDA. Es un Pan para todos, un Pan que nos acompaña en todos nuestros caminos. Los caminos que El recorre con nosotros y a través de los cuales nos conduce a la vida, son caminos de esperanza. Y el que se alimenta de esta Pan vivirá para siempre. Este Pan es vida para el mundo. La vida que Jesús recibe del Padre es la que nos comunica. Esa vida, nos vivifica, nos unifica, nos hace UNO con El y UNO entre nosotros los hombres, nos hermana a todos.

El Pan de Vida alimenta ; el Pan, Jesús, se parte y se reparte, y cuanto más se reparte más abunda. Es una vida entregada, partida, para todos. Quien coma de este Pan comparte también su vida, esa vida recibida de Dios. Vive en comunión con El y en comunión con el hermano. El Don de Dios es inabarcable y a la vez ¡qué cercano se nos ha hecho ! Nuestras vidas toman una nueva dimensión ya que se hacen conformes a la suya, la de Jesús. Cada vez que nos acercamos a la Fuente de la Vida para beber de ella y en ella calmar nuestra sed de eternidad, la vida de Jesús se hace nuestra vida, vida nuestra. Este misterio del PAN de Vida, al recibirlo, al contemplarlo y al adorarlo, nos atrae hacia sí y nos transforma en aquello que recibimos : pan para los otros.

De nuevo se nos anuncia hoy una extraordinaria Buena Noticia : en nuestro peregrinar, en nuestros desiertos, en nuestro quehacer cotidiano, la vida hace su obra en nosotros. Es lo que experimentó Juan de la Cruz, cuando en la noche de su prisión escribía : Aquesta eterna fonte está escondida, en este vivo pan por darnos vida, aunque es de noche…1 Y fue sin duda la experiencia de Jesús cuando “en aquella noche”, la última en la que compartió el pan y el vino con sus amigos más íntimos, les decía : Comed y bebed… Os doy la VIDA, mi vida, y la vida en abundancia. Y empezó esa bendita noche que culminará en la luz de la Resurrección. Y de ella vivimos. Y en cada Eucaristía la celebramos y sigue iluminando nuestro caminar… hasta que El vuelva.

Cristina María, r.a.
Málaga, Espana

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