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Exaltación de la Santa Cruz - Sr. Cristina Maria

Année liturgique 2013-2014 [A]

Esta Fiesta nos sale al encuentro cada año, pasado ya el ecuador del Tiempo ordinario, para recordarnos lo esencial de nuestra vida con Cristo, el Señor. Seguir a Jesús, como este año nos lo está mostrando el Evangelio de Mateo, es seguirle con el gozo de entrar en una vida nueva ; seguir las huellas de Jesús es hacer de nuestras vidas un continuo gesto de amor gratuito, de perdón y misericordia, de acogida a todos sin distinción, de dar preferencia a los más necesitados… Es acoger el vino nuevo del Evangelio para irlo depositando en odres nuevos. Y no solo para conservar esa novedad sino, y sobre todo, hacer de ella la ley de nuestra vida.

La Fiesta de hoy nos aporta la novedad que nunca nos cansaremos de oír y de acoger : Dios, en su infinita misericordia, no deja nunca de acercarse a nosotros para darse a conocer ; y cuanto más le conocemos, más nuestra vida se llena de gozo y de sentido.

El Dios que da es el Dios que se da. Es el Dios que entra en nuestras vidas y nos ofrece entrar en una historia de amor. Por su parte el compromiso es total. Por la nuestra no siempre. Y en todo momento oímos una palabra : Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Único. Se lo dio de una vez para siempre y se lo sigue dando en un dinamismo de amor sin medida. La Cruz no significa otra cosa que amor, libertad, salvación. A esta Cruz, que es la de Jesús, es a la que tenemos que mirar, contemplar, abrazarla.

En la primera lectura se nos presenta el episodio de la serpiente de bronce como un signo de curación. La cruz de Jesús será infinitamente más redentora, será el lugar de la exaltación del Hijo tras esa donación total al Padre, en ese vaciamiento que será el lugar donde la plenitud, la riqueza incomparable del amor del Padre por la humanidad se manifieste de una vez para siempre. La cruz es un Árbol sin hojas que se alza en el exilio, fuera del Edén y de las murallas de Jerusalén. De él colgará un fruto que morderemos y arrebataremos de nuevo, pero del madero desnudo se abrirán las heridas que dejarán entrar en la inocencia perdida. Estas heridas son paso hacia la vida porque han sido hendidas en una carne que ha renunciado a vivir para sí. Sobre las ramas del Árbol pende el cuerpo del Siervo-Cordero. El fruto de esta árbol es medicina para las naciones porque nos sana precisamente allá donde estamos herido de muerte. Esa cruz nos sana de esa tendencia nuestra que prefiere apropiarse de todo y de todos en lugar de entrar en ese misterio de renuncia como camino de vida y de vida eterna, de enriquecimiento y exaltación. El Señorío de Jesús es el fruto de un total vaciamiento de sí y de un don total a los otros y al Padre.

La Exaltación de la Cruz puede parecer un sin sentido en nuestra sociedad que busca tan apasionadamente el bienestar, el culto a uno mismo. Mirar hacia la Cruz no es para alabar el dolor sino para acoger un amor entregado, el de un Dios que ha querido hacerse terrible y gratuitamente solidario con nuestra humanidad. Un amor que Jesús, el Hijo, no dejó de anunciar, por sus palabras y sus gestos, a lo largo de su vida entre nosotros. Y hoy nos toca a nosotros manifestar este misterio del amor entregado de Dios para que el MISTERIO de SU VIDA penetre todo nuestro ser, nuestro pensar y nuestro actuar. Ante tanto amor solo nos queda ADORAR.

Cristina María, r.a.
Málaga, España


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