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Epifania del Señor - Sr Cristina Maria

Année liturgique 2014-2015 [B]

En esta Fiesta de la Epifanía del Señor es bueno leer con calma los textos que la Liturgia nos ofrece para quedarse impregnados por la profundidad y el mensaje de la Fiesta tan manifiestos, tan claros en las palabras de la Escritura. Casi no hace falta comentario alguno.

La primera lectura, del Profeta Isaías (Tercer Isaías), nos habla de mucha luz : "¡Levántate, brilla Jerusalén, que llega tu luz ; la gloria del Señor amanece sobre ti.” Jerusalén, con toda su referencia a Paz, abundancia, cobijo y alegría… se llena de luz. Jerusalén, lugar donde están todas nuestras fuentes (salmo 86). Jerusalén de donde vinimos y hacia donde vamos. ¡Todos sus hijos vienen a ti ! Llegan de lejos para ver los tiempos nuevos : el Señorío universal de Yavé y el Señor del tiempo. Vienen de lejos hacia donde no hay fronteras, ni miedos pues un nuevo sol disipa las tinieblas. Al ver todo esto el corazón, radiante de alegría, se ensancha, se asombra. Y desde esos lugares del norte y del sur de Arabia –Madián, Efá, Saba– y de esos lugares de riquezas, llega el incienso y el oro… El profeta intenta da todos los argumentos de los sueños de los pueblos para hacerles comprender que las obras del Señor pueden ser tan increíbles como soñadas.

Con esta amplitud de miras leemos la segunda lectura en la carta de Pablo a los Efesios : El misterio tanto tiempo escondido se ha revelado ahora a todos : a profetas, a apóstoles, a los gentiles. Pablo, el apóstol de los gentiles, presenta cuál ha sido su misión en la formación del pueblo mesiánico. Y lo hace como testigo cualificado por su sufrimiento y por su prisión. A él se le ha concedido la gracia de recibir y anunciar el don de Dios, el insospechado DON de Dios : que sus promesas son para todos. Apóstoles, profetas, gentiles… todos.

A Pablo se le ilumina, se abre su inteligencia con una luz interior para que comprenda la altura y la profundidad del Don de Dios, del mismo Dios. Este don, este misterio, no puede quedar escondido : se ha manifestado, se ha revelado para ser anunciado. Lo recibido por gracia hay que anunciarlo por gracia y gratuitamente. Pablo se convertirá así en el Apóstol de los gentiles pues los gentiles están en el mismo plano de igualdad que los hijos de Israel : unos y otros son coherederos de la misma herencia, el Don inagotable de Dios.

El Evangelio sigue abriendo nuestra mirada. Los magos vienen de Oriente a buscar lo que anuncia la estrella : “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido ? Porque hemos visto su estrella y venimos a adorarlo.” Vienen para encontrar lo que buscan y se encontrarán con el Don de Dios, Jesús envuelto en debilidad y pobreza pero rodeado de luz. Ante la pregunta de los magos, todo Jerusalén se estremece : mientras unos tienen miedo de perder lo que tienen, Herodes, otros, los magos, se alegran y siguen el camino de la estrella. Herodes convoca a los sacerdotes y letrados del país y la Escritura señala el lugar del nacimiento. Los magos hablan el lenguaje de las estrellas. El Firmamento y la Escritura hablan un mismo lenguaje. Los conocedores de la Escritura saben lo que en ella se encuentra escrito pero no saben su verdadero significado… Los magos ven reforzada su lectura del firmamento con la Escritura Santa de los judíos. Mateo acude a superlativos para describir la reacción de los magos : “Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría.” Es la alegría del hombre al que la luz de Dios le ha llegado al corazón, como a Pablo, y con esa luz puede ver cómo su esperanza se cumple : es la alegría de quien ha encontrado y ha sido encontrado.

El papa Francisco nos recordaba en su Homilía en la noche de Navidad : A lo largo del camino de la historia, la luz que disipa la oscuridad nos revela que Dios es Padre y que su paciente fidelidad es más fuerte que las tinieblas.

Sigamos saboreando la Palabra que nos remite a la Palabra hecha carne. Sigamos acogiendo esa Palabra bajo todas sus formas. En esta Fiesta de la Epifanía es luz, es estrella. Y lo es para todos. Ante tanto DON “caigamos también nosotros de rodillas y adoremos.”

Sr. Cristina Maria, ra
Malaga - España

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