Epifanía - Sr. Cristina María

Année liturgique 2013-2014 [A]

Dios se manifiesta a todos los pueblos (1)

Celebramos con alegría la solemnidad de la Epifanía, "manifestación" de Cristo a los gentiles, representados por los Magos, misteriosos personajes llegados de Oriente. Celebramos a Cristo, meta de la peregrinación de los pueblos en búsqueda de la salvación.

En la primera lectura hemos escuchado al profeta, inspirado por Dios, que contempla a Jerusalén como un faro de luz, que, en medio de las tinieblas y de la niebla de la tierra, orienta el camino de todos los pueblos. La gloria del Señor resplandece sobre la ciudad santa y atrae ante todo a sus hijos deportados y dispersos, pero al mismo tiempo también a las naciones paganas, que de todas las partes acuden a Sión como a una patria común, enriqueciéndola con sus bienes (cf. Is 60, 1-6).

En la segunda lectura, el apóstol san Pablo escribió a los Efesios, que la convergencia de judíos y gentiles, por iniciativa amorosa de Dios, en la única Iglesia de Cristo, era "el misterio" manifestado en la plenitud de los tiempos, la "gracia" de que Dios lo había hecho ministro (cf. Ef 3, 2-3.5-6). En el Prefacio de esta fiesta se cantará : "Hoy en Cristo, luz de los pueblos, has revelado a los pueblos el misterio de nuestra salvación". Han transcurrido veinte siglos desde que ese misterio fue revelado y realizado en Cristo, pero aún no se ha cumplido plenamente, esta misión se halla todavía en los comienzos. Esta misión es la nuestra, sigue siendo la nuestra hoy. El Papa Francisco no cesa de recordarnos esta vocación nuestra a ser apóstoles, proclamadores de la Buena Nueva en el contexto nuestro de hoy, con sus desafíos, sus esperanzas.

Los Magos del que nos habla el Evangelio de hoy, nos recuerdan la importancia de ese estar en camino. La Epifanía nos presenta esta búsqueda como un camino, como una peregrinación… Una búsqueda a menudo algo confusa, que en definitiva tiene su punto de llegada en Cristo, aunque algunas veces la estrella se oculta. Los Magos vieron una estrella y la siguieron. Quizá nosotros tenemos también que preguntarnos : entre las muchas estrellas que vemos, ¿tras cuáles vamos ? Esa pequeña luz que vemos ¿nos llama la atención, nos habla de camino a seguir, humildemente pero con decisión ? Los Magos siguieron una y les llevó hasta lo que buscaban. Y lo que encontraron fue algo muy pequeño y ante ese tan pequeño, se postraron y adoraron. Ellos llegaron un día hacia ese lugar donde encontrarían a ese Rey Mesías que había venido hasta nosotros. Y quizá el relato nos quiera decir que ciertamente Dios ha venido hacia nosotros pero para que nosotros vayamos a El, para que lo busquemos pues está entre nosotros. Jesús es ese Dios que sale de sí mismo, que se pone en camino para venir al encuentro de la humanidad. Por amor se ha hecho historia en nuestra historia ; por amor ha venido a traernos el germen de la vida nueva (cf. Jn 3, 3-6) y a sembrarla en los surcos de nuestra tierra, para que germine, florezca y dé fruto.

La estrella no habría bastado si los Magos no hubieran sido personas íntimamente abiertas a la verdad. A diferencia del rey Herodes, obsesionado por sus deseos de poder y riqueza, los Magos se pusieron en camino hacia la meta de su búsqueda, y cuando la encontraron, aunque eran hombres cultos, se comportaron como los pastores de Belén : reconocieron la señal y adoraron al Niño, ofreciéndole los dones preciosos y simbólicos que habían llevado consigo.

Y concluía Benedicto XVI esta Homilía con esta honda llamada : Queridos hermanos y hermanas, también nosotros detengámonos idealmente ante el icono de la adoración de los Magos. Encierra un mensaje exigente y siempre actual. Exigente y siempre actual ante todo para la Iglesia que, reflejándose en María, está llamada a mostrar a los hombres a Jesús, nada más que a Jesús, pues él lo es Todo y la Iglesia sólo existe para permanecer unida a él y para darlo a conocer al mundo.

Que la Madre del Verbo encarnado nos ayude a ser dóciles discípulos de su Hijo, Luz de los pueblos. El ejemplo de los Magos de entonces es una invitación también para los Magos de hoy a abrir su mente y su corazón a Cristo y ofrecerle los dones de su búsqueda. A ellos, a todos los hombres de nuestro tiempo, quisiera repetirles hoy : no tengáis miedo de la luz de Cristo. Su luz es el esplendor de la verdad. Dejaos iluminar por él, pueblos todos de la tierra ; dejaos envolver por su amor y encontraréis el camino de la paz.

Cristina María, r.a.
Málaga, España

1- Este comentario está basado en la Homilía de Bededicto XVI en la Epifanía del 2007.

 


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