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La liturgia en la Asunción, herramienta esencial en la dinámica de una educación transformadora

Expériences


La Educación transformadora es un proceso de conversión que apela a la experiencia de interioridad. 
…un desplazamiento que lleva a la persona a ver cada cosa a la luz de la fe…
(Texto pre-capitular de Educación Transformadora 2006)


El pasado mes de noviembre, una sesión de liturgia ha reunido alrededor de 50 hermanas de la Asunción, de 24 países de los 4 continentes. El tema “Todas mis fuentes están en Ti” [1] , renueva el deseo de profundizar el significado no sólo espiritual, sino también pedagógico, de esta conjunto de aspectos que solemos agrupar bajo el nombre de “polo contemplativo” o “vida litúrgica” de nuestro ser Asunción.


La liturgia, nos dice el Concilio Vaticano II, es "la cumbre a la que tiende toda la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza” ; es actualización del misterio de Cristo [2], celebración de la vida [3], lugar de transformación [4].


María Eugenia y Teresa Emmanuel, cuyo bicentenario de nacimiento celebramos este 2017, le dieron un lugar esencial en nuestra vida y misión. Desde el principio, la invitación a una honda experiencia espiritual encontró su espacio en una variedad de formas de celebración : Eucaristía y Reconciliación, Liturgia de las Horas (Oficio Divino), Oración personal, Adoración, así como otras celebraciones litúrgicas. 
Todas estas modalidades de oración se enraízan en el vasto terreno de la Biblia, de la Tradición eclesial, y del tesoro espiritual de las culturas a las que somos enviados.
Esta experiencia transformante fue desde nuestros orígenes fuente de alegría, de esponjamiento en nuestras relaciones y fuerza de nuestra pasión misionera.
 
La liturgia es así un aspecto esencial de la pedagogía Asunción, es un espacio de interioridad donde los valores del Evangelio hacen crecer la vida de Dios en nosotros, y al mismo tiempo, es una llamada reiterada a la alteridad, traduciendo en alabanza y acción de gracias nuestro reconocimiento al Dios que sigue historificando su salvación ; o habitando nuestras voces de súplica, en nombre de la humanidad que sufre.
La transformación a la que nos invita apunta a nuestro ser profundo, allí donde Dios “nos mira a cada uno como únicos, sin separarnos de una multitud de únicos…” [5]. Desarrolla nuestra inteligencia espiritual y transforma todo nuestro ser : sentidos, inteligencia racional (ideas, conceptos) y emocional (símbolos, imágenes y sentimientos) ; así como otras muchas formas de abordar la realidad que poseemos [6].
Esta experiencia nos educa a la contemplación, por la que aprendemos a ver el mundo y toda la realidad a través de los ojos y el corazón de Dios. Opera así en nosotros un desplazamiento de nuestros marcos de referencia, nuestros puntos de vista, nuestros hábitos de pensamiento y nuestras actitudes, y nos lleva a comprometernos en la acción [7].


La liturgia en la Asunción nos ubica en la realidad y nos da el gusto por la sencillez, como citan las primeras alumnas : “…el espíritu de la Asunción es verdaderamente algo especial, hecho de libertad de espíritu, de alegre serenidad…nada de “ojos en blanco” o de “cuellos torcidos”… Nada de devocioncitas que hubieran hecho de nuestra piedad algo infantil, sino el “gran Oficio” que recitaban nuestras Madres ; el amor a la Misa, centro de toda vida cristiana… Cada tarde una pequeña visita a la capilla coronaba el día, ofreciéndonos la buena costumbre de venir unos instantes al sagrario…”


Las condiciones para facilitar esta experiencia se reinventan en nuestros diferentes contextos y culturas constantemente, de manera rica y variada…
En la Asunción de Querétaro (México), trabajamos mucho para que esta dimensión contemplativa se entrecruzara con los cursos académicos. Por ejemplo, al final del capítulo sobre los Derechos Humanos, las alumnas habían investigado cómo cada derecho era respetado o violado en diferentes lugares. Entonces orábamos en torno a un mapamundi : cada una de ellas ubicaba la noticia en el mapa. Al hacerlo, encendía una vela y presentaba a Jesús las personas afectadas. Al final, cada país, iluminado por esa pequeña luz, se nos había vuelto entrañable. En Cristo presente allá, nos habíamos vinculado a esas realidades : ya no mirábamos de la misma manera lo que sucediera allí. Para concretizar el compromiso que se despertaba, proponíamos grupos misioneros para ir las rancherías cercanas a la ciudad, e íbamos cada mes a visitar a las familias y a organizar juegos u otras actividades para los niños.


En la secundaria del Chad (África), organizábamos una “operación limpieza” el Jueves Santo, en nuestro barrio polvoriento y sin servicio de limpia. Queríamos significar con este gesto la entrega y servicio de Jesús. Al volver al colegio, un grupo había ya sacado agua de los pozos para que todas las alumnas pudieran lavarse manos y pies, y luego –sentadas sobre petates- compartíamos el pan dando gracias y cantando. Esta acción impactaba positivamente a todos los vecinos, cristianos, musulmanes, animistas…


En Lyon, en un liceo profesional multicultural, organizábamos una celebración por la paz : los alumnos seleccionaban textos y canciones de sus religiones o convicciones filosóficas. Luego reflexionábamos cómo podíamos dejar los prejuicios que separan y comprometernos a la no violencia. Un olivo, sembrado ese día en el patio, nos lo recordaba en lo cotidiano.


Todos estos momentos y espacios “litúrgicos” que unos y otros inventamos con tanta creatividad en nuestras diferentes realidades al rededor del mundo, son experiencias de aprendizaje irremplazables : integran programa de estudio y liturgia ; fe y vida ; contemplación y pasión ; utopía y realidad ; interioridad y transformación. 
Algunas hermanas que participaron en la sesión nos lo comparten :


“Desde pequeña las celebraciones y símbolos me atraían, y reconozco que despertaron mi vocación religiosa. Al trabajar como maestra en la Asunción, aprendí –gracias a las hermanas- a entender, amar y a dar sentido a los gestos y palabras de la liturgia. Hoy este aspecto de nuestra vida despierta en mí deseo y creatividad de contagiar este mismo gusto a las personas con las que trabajo y a las nuevas generaciones de hermanas. A lo largo de mi vida me doy cuenta que la Palabra de Dios está viva, que me da vitalidad y me orienta. En ella encuentro descanso y fuerza”. (Hna Rosario Vega. Puebla, México)


“La liturgia es la fuente de mi vida espiritual, un espacio de transformación interior donde se renueva la pasión y el celo para la extensión del Reino. Es una expresión de la Adoración de Dios, absoluto y centro de mi vida. La preparación de la liturgia es un servicio que pide todo lo que una es : cualidades y creatividad, para que la Alabanza al Señor sea el homenaje que, en nombre de la humanidad, le ofrecemos a través del canto, los símbolos y los gestos, la belleza y la armonía. Inmersas como estamos en la sociedad, nuestra alabanza lleva consigo las situaciones de alegría y sufrimiento de nuestro pueblo, de nuestro entorno. La liturgia es el gran medio para presentar a nuestro Dios la humanidad que Él ha querido divinizar por medio de la Encarnación,”. (Hermana Cristina Massó, España)


“La liturgia me modela, me transforma y unifica poco a poco mi vida de seguimiento de Cristo en la Asunción. Cada vez que la preparo, que canto un salmo, que proclamo una Palabra de Dios, tomo conciencia de tal palabra o versículo que decido vivir, y me siento poco a poco transformada por ellos”. (Hna. Clémentine Myriam PANGA, Kinshasa, Congo)


“…en el oficio del medio día, a la mitad de la actividad humana, me paro para volverme hacia Aquel que trabaja a través de mí, reuniéndome con las hermanas para orar juntas. Es la oportunidad de abandonar lo que estoy haciendo y tomar mi humilde lugar de co-creadora con El. …La adoración es un tiempo en el que, contemplando la Hostia, fruto de nuestro trabajo y convertida en Cuerpo de Cristo, contemplo la obra salvadora de Dios en mi vida y, más ampliamente, en el mundo… Y cuando ciertos acontecimientos o personas me preocupan de manera exagerada, cuando siento en mí la ilusión de que soy la única capaz de salvar la situación, lo pongo ante el Señor…para dejarle a Él tomar su lugar de Salvador… Esto me permite tomar una sana distancia y ganar en libertad. A través de estos y otros momentos me doy cuenta que el eje de transformación se sitúa en el hecho de experimentar, hora tras hora, que Dios es Dios…” (Hna. Helene Rugée, Francia)


En estos tiempos en que tantas situaciones conflictivas despiertan en nosotros la pulsión miedo-defensa-ataque, la liturgia nos invita a superar nuestra auto-referencialidad , a mirar al Dios de todo y de todos, este Dios de amplitud que abre en Sí mismo espacio para que todos sean. Nos libera así de la pulsión del poder y del hacer, aparentemente indispensables y eficaces, para aprender a ser lo que somos . Podemos así acoger al otro en su belleza esencial, en su misterio, sin querer controlarlo o determinarlo. Así nos vamos transformando a Imagen de Dios, de modo que, al lado nuestro, todos encuentren también un espacio para ser lo que son, y juntos seamos humanidad reconciliada .


La vida espiritual, que crece en nosotros gracias a la liturgia, nos educa y transforma nuestra persona dándonos una comprensión más profunda del proyecto de Dios, de su manera de actuar y nos pone así al servicio de nuestro sueño fundador : “un estado social en el que nadie sea opresor de otro” 


Hna. Ana Senties r.a.
Secretariado Internacional de Educación Asunción


[1Salmo 86 (Liturgia de las Horas)

[2Documento “Sacrosanctum Concilium”, n. 10, del Concilio Ecuménico Vaticano II, 1963

[3Orientaciones para una Pastoral juvenil Latinoamericana, CELAM

[4Catecismo de la Iglesia Católica, 1066-1075

[5Documento "Individu et société" CORREF p 24

[6Howard Gardner. Teoría de las inteligencias múltiples, por ejemplo la inteligencia lingüística, espacial, musical, corporal-cinestésica, intrapersonal, interpersonal, naturalista…

[7Cfr. Texto pre-capitular de Educación Transformadora 2006




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