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Ecuador, Guyaquil : mi experiencia de misiones

Ecuador-Chile


Creo que para ser mi primera vez como misionera, aprendí mucho, aprendí de mis amigos, de mis compañeros, aprendí de las personas que conocí y su forma de vivir en comunidad. Nunca creí que un extraño pueda llegar a apreciarme en tan poco tiempo, ni tampoco creí que yo pueda apreciar tanto a personas que recién conocí pero creo que la razón por la que creamos un lazo tan fuerte fue porque compartíamos algo, no era el gusto por algún tipo de música o una serie que veamos, lo que compartimos era nuestra fe y creíamos en lo mismo, en Dios.


Creo que estas misiones son la mejor experiencia de mi vida porque a pesar de las incomodidades, de comer la misma comida casi todos los días o de compartir un baño 25 personas, me sentí realmente útil por primera vez. Sacar un diez en un materia te hace sentir bien, lograr un meta es algo gratificante, pero saber que tu presencia significa la presencia de Dios para una personas es simplemente maravilloso.
Saber que alguien quiere que realmente estés ahí, que quiere aprender de ti y quiere llenarse del amor que traes en nombre de Dios es un sentimiento que personalmente lo reconozco como amor puro.


 Cuando fui invitada a misiones realmente me emocioné, quería ir ya ! en ese instante, sin saber bien a lo que iba. Pensé vivir experiencias que me marcaran o que me hicieran reflexionar, pero no encontré solo eso, encontré personas que con sus historias de vida me tocaron el corazón ; me di cuenta que yo reniego por algo que no tengo, pero ellos, no tienen nada y le dan gracias a Dios por la vida ; fue algo para mi difícil de entender al principio, pero después logré comprenderlo. Dios mueve a las personas, Dios las marca, Dios nos da razones para hacer cosas que jamás creíamos hacerlas. Dios es amor, Dios nos da motivos para vivir nuestra vida a plenitud y agradecer por la oportunidad de vivir al servicio de los demás. 


Muchas veces me pregunté por qué ellos viven así y yo tengo tanto. Muchas veces se me pasó por la cabeza darles todo lo que tenía pero no serviría de mucho porque son demasiados y jamás podríamos ayudar a todos. Por eso nuestra ayuda no es en ese sentido, nuestra ayuda va más allá de lo que se puede ver, nuestra ayuda se siente, es Dios que entra en el corazón y en el hogar de cada persona ; El nos llena, es como una llama viva que muy difícilmente se apagará porque aquéllas personas tienen su fe bien asentada en su corazón.


Una de las muchas situaciones que presencié fue el de doña Rosa y don Juan. Ellos eran una pareja muy mayor, pero se lograba apreciar fácilmente que sin importar el pasar de los años su amor era grande y puro ; doña Rosa estaba muy enferma, tanto que no podía moverse de su cama y don Juan era quien se encargaba de cuidarla, de cocinar para ella, de velar por ella. Personalmente creo que nadie haría eso por ti, al menos que el amor que te tenga sea muy grande. Ellos le daban gracias a Dios por mantenerlos juntos y con vida y pedían por la salud uno del otro. Pero ahí no se acababan sus problemas ; ellos carecían de dinero y sus hijos no los visitaban nunca, a pesar de vivir no tan lejos, ellos estaban solos sin nadie que los ayudara o los apoyara pero para eso fuimos, para entregarles a Dios, para encomendarlos a él, con la esperanza de que el amor por Cristo sea tan grande que los ayude a soportar aquel dolor.


En misiones Dios se hace presente para ser ayuda, no solo para aquellas personas si no para cada uno de los que fuimos a su encuentro. Dios me ayudó arreglando mis diferencias con algunas personas, me hizo valorar más las cosas, me ha hecho más agradecida con lo que tengo, y entregada a los demás, puedo decir que Dios me hizo ver y vivir aquello que necesitaba para mejorar como persona.
 Alguien dijo “El tiempo de Dios es perfecto” y estoy completamente de acuerdo, porque Dios nos pone aquéllo que necesitamos en nuestro camino, nos pone a las personas correctas en el momento correcto para que encuentres quién realmente eres y para que estés contento con la persona en que te has convertido ; quisiera seguir descubriendo poco a poco quien soy de la mano de Dios. 
Quiero estar al servicio del Reino, y ayudar a todos quienes sea posible. Quiero ser misionera los 365 días del año, quiero encontrar el rostro de dios en mis amigos, en mi familia, en aquellas personas que te topas en la calle y te regalan una sonrisa, quiero encontrar a Dios en lo pequeño e insignificante ; quiero llenarme de Él y lo más importante, es que no quiero esperar un año entero para vivir una experiencia igual o parecida a ésta, porque un misionero va en busca, va a lugares donde Dios hace falta y se los entregamos ; lo hago porque siento que nací para ésto, lo hago porque el esfuerzo que implica estar al servicio es mínimo comparado con el peso de la cruz que Jesús tuvo que cargar, es insignificante comparado a la pobreza con la que muchas personas tienen que lidiar. Es mi forma de dar gracias, de decir : Dios está en mí y quiero compartirlo con los demás.


Y finalmente recuerdo una canción que describe perfectamente a un misionero : "Estoy dispuesta a lo que quieras,
 no importa lo que sea,
 tú llámame a servir.
 Llévame donde los hombres necesiten tus palabras,
 necesiten mis ganas de vivir”.
 
Porque cuando decides servir, cuando aceptas que tu vocación y tu vida entera están al servicio del Señor y en ayudar a los demás, te das cuenta de que eres un misionero.
Señor, te doy gracias por darme la oportunidad de vivir una experiencia hermosa como ésta y en agradecimiento te ofrezco vivir las misiones, llevar tu palabra, tu amor y tu nombre a quienes estén necesitando de ti.


Camila Tapia, 15 Años
Unidad Educativa de la Asunción II BGU
Guayaquil. Ecuador



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