Domingo ordinario - Sr Beatriz Mengs

Ordinaire - Ordinario - Ordinary

El Evangelio de este domingo se enmarca en el sermón de Mateo sobre la vida de la comunidad. La condición que hace diáfana la presencia de Jesús en medio de ella, es el perdón sin límites. ¿Cuántas veces se perdonaban entre sí los judíos ? Probablemente, sin dificultad, tres o cuatro. Pedro, que quiere ser como el Maestro, está dispuesto a superar la cifra, la norma y la capacidad de perdón de los fariseos.

Jesús, una vez más habla en el nivel del que vive profundamente adentrado en el Padre y en sus entrañas de misericordia. El perdón no tiene límites. Per- donar , es entregarse ilimitadamente, y Dios no puede más que darnos su amor. El siete es el número de la plenitud y en quien lo pronuncia, supone una consciencia de saberse recibido de la Fuente del amor. En realidad Pedro pregunta si su perdón debe ser total. La respuesta de Jesús espera de Pedro un perdón como el del Padre, sin límites, sin barreras, indefinido.
Un perdón sin medidas… la medida tiene que ver más que con la cantidad, con el modo, es decir de corazón y como Él, desde el vaciamiento de sí mismo, desde la oquedad donde no hay nada que no sea el Amor. Es un perdón que penetra hasta lo más hondo del subconsciente, en plenitud.

Así lo muestra Jesús en la parábola de ¨el siervo perverso¨. El primer acreedor debía 10.000 talentos que para el mundo antiguo es lo más que se pueda imaginar. Imposible cancelar dicha deuda, ni siquiera con la cárcel. Jesús nos compara con este acreedor. Dios sólo sabe darse en abundancia, es decir per donar . Y nosotros encorvados sobre nuestras culpabilidades y envidias perdonamos como vivimos.
Al segundo acreedor le llama ¨compañero¨ haciendo referencia a alguien de su misma comunidad, y Jesús está invitando a dejar entrar la misericordia en ella..
 
Apartemos de nosotros la tristeza, el dolor, la envidia y dejemos fluir el Amor allí donde Dios ya está fluyendo, en nuestro límite, y encorvamiento.
 
Acéptate como Dios te acepta, incondicionalmente, ama a los demás como Dios te ama. Deja que transforme tus sentimientos y fluya el perdón.
 
Jesús en la cruz ha roto la espiral del enojo y la rabia del AT (Sir 27). Su único juicio es la abundancia del perdón ante nuestra inconsciencia. El fluir del perdón se da cuando el corazón se vacía del ¨sí mismo¨ de todo lo que no es Dios, para ser en Dios (Rom 14).
 
Beatriz Mengs, ra
Europa del Norte

 


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