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Domingo del tiempo ordinario - Ascensión González, ra

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 MOTIVADOS POR UNA PRESENCIA

Los textos de este tercer domingo del tiempo ordinario tienen sabor aún a manifestación, a nacimiento, a bautismo. Están muy cercanas a la Navidad y nos hablan de comienzos, de inicio de un proyecto. Nos habla de experiencia de encuentro, de haber visto una Luz en medio de la noche (Sal 26) y de haber oído la Buena Noticia como los pastores de Lucas 2. Por eso quienes han encontrado, están dispuestos a dejarse encontrar. Están disponibles para salir a otros encuentros (Mt 4,12-23).
La segunda lectura (I Cor 1,10-13.17) nos ofrece el testimonio de una comunidad, la de Corinto, que queriendo vivir en la dinámica de la convivencia se encuentra con las limitaciones propias de la fraternidad. Esto provoca que Pablo les recuerde con fuerza su razón de ser : haber sido encontrado por Cristo y haber entregado su vida al anuncio de su Evangelio.
 
En el texto de Mt 4,12-23 distingo varias partes :
 
Presentación de Jesús en su contexto
v.12-16 Regreso a galilea.
Mateo sitúa este texto inmediatamente después del relato de las tentaciones. Jesús regresa a su tierra. Pero sucede algo muy importante : a Juan Bautista le ha arrestado. Jesús lo sabe y toma el relevo. Decide irse a Galilea.
El evangelista Mateo, así como Jesús, entienden este acontecimiento como realización de la profecía de Is 8,23b-9,3 que es la primera lectura de hoy.
 
Jesús relee su presencia en este momento en su tierra a la luz de estas palabras donde clara y abiertamente el profeta Isaías (Is 8,23b-9,3 ) describe la actuación de Dios por medio de oposiciones : luz y tinieblas, pasado y futuro, humillación y ensalzamiento.
Lo que determina el paso de una situación a otra en Isaías es una presencia que se manifiesta como luz. Ella es capaz de transformar y de alterar las situaciones más amargas en situaciones de gozo y de júbilo (9,2).
 
Nos describe Isaías la situación de dos pueblos en los que reconocemos el pueblo de Jesús y a nuestros propios pueblos y situaciones personales. ¿Qué les caracteriza ? :
  • Están en marcha, en camino. Sus pies se mueven y avanzan en medio de tinieblas, de inseguridades. Están sin luz. Pero la fuerza del texto está en que “caminaban” entre sombras, en medio de muchas luces artificiales que oscurecen más que iluminan, en medio de muchas ilusiones fugaces. Ese pueblo que decide caminar precisamente cuando a su alrededor está en oscuridad, ese pueblo camina y marcha animado por una luz interior que no le deja tropezar, ese pueblo camina animado por la luz del salmo 26 que hoy nos ofrece la liturgia “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré ? (Sal 26,1b).Lo propio de la marcha es no ver el futuro, no ver el final del trayecto con los ojos de la cara, solo se lleva el final del trayecto en el corazón, ese final se aguarda y se espera, a la vez que se hace lo posible por conseguirlo. Esa es la razón de la marcha. Ese pueblo que marcha en medio de tinieblas, lleva dentro la luz que le ilumina y le conduce.
  • Ha visto. Este es el proceso del creyente. No se ve con los ojos de la cara, se ve con los ojos del corazón. Ve quien está habitado por dentro, quien puede exclamar “ el Señor es la defensa de mi vida”. Quien está animado por esa luz está impulsado a atravesar las tinieblas “nada temo porque tu vas conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan” (Sal 22).
Una “luz que resplandece”, está en singular frente a las múltiples sombras de luces, frente a las tinieblas que opacan y hacen sombrío el país.
Esa Presencia luminosa se expresa, se deja ver a cuantos han recibido y acogido la buena noticia en medio de la noche “Os anuncio una gran alegría, hoy os ha nacido un Salvador” (Lc 2,10-11) ; a quienes han escuchado la voz de lo alto “Este es mi Hijo amado” (Mt 3,13-17)
 
Su mensaje
b).- (v.17) ¿Cuál es el contenido del anuncio de la buena noticia de Jesús ?
Convertios porque el Reino de los cielos está cerca”
Ese Reino comienza a realizarse en el pueblo por medio de la presencia del Hijo de Dios. Jesús de Nazaret se manifiesta en medio de sombras, desigualdades, distracciones, superficialidades, en medio de muchas costumbres paganas. Allí se hace presente Jesús cuando se entera de que a Juan Bautista lo apresan. Entonces El sale a la luz, se dirige a su gente y comienza a anunciar el proyecto de vida que había gestado en el silencio de Nazaret durante tantos años. Y lo expresa como convicción que le anima y lleva en el corazón como certeza que nadie ni nada le podrá ocultar : “Ya está entre nosotros el Reino” “hay que convertirse”.
El Reino de Dios ya está. La presencia de Dios se hace evidente en Jesucristo. El comienza a realizar las obras del Padre, da inicio al sueño del Padre, él es su proyecto.
Para entrar en este Reino, se necesita cambiar de mirada, de perspectiva, ver con otros ojos la vida diaria. El Reino nos pide otros ojos y eso nos cambia la vida, nos transforma el corazón. Esa es la revolución del Evangelio. Jesús va a la raíz que se encuentra en el corazón del ser humano. Hay que cambiar de mentalidad. Hay que cambiar de raíz, hay que cambiar de forma de pensar para cambiar el modo de actuar, para abrir espacios a otros, para abrir espacios y que entre la luz, que entren otros diferentes a mí, que entre la verdad que libera y la luz que disipa las tinieblas.
Convertirse es la condición para que comience el Reino de Dios. Ya está presente, pero hay que cambiar, hay que darle espacio, hay que abrir nuestras leyes a la presencia de un Dios que quiere salvarnos, de un Dios que quiere que vivamos como hermanos. Hay que abrir espacios y canales para nuestro Dios.
 
Se necesitan multiplicadores para difundir su Presencia.
c).- v.18-23 El Reino ya está pero se necesita multiplicadores, el Reino requiere voces, gestos, presencias que lo puedan replicar, expandir y llevar a todos los rincones. Ésta es la preocupación de Jesús. Y llama a unos trabajadores, a aquellos que estén dispuestos a trabajar arduamente.
Se requiere valentía y fuerzas para hacer que penetre la luz y la verdad, la vida y la justicia, para quitar los yugos de esclavitud que nos pesan (Is 9.3).
A quienes han sido llamados se les pide un cambio radical en sus vidas. Seguirán trabajando en lo que son y en lo que saben, pero con otro sentido, con otra perspectiva, con otro contenido : la evangelización ; ya no vivirán para su padre o para su patrón, tendrán otra motivación que se llamará Reino. No percibirán ninguna retribución, entrarán en la dinámica de la gratuidad. Serán llamados a ir por la vida en medio de sombras, de dos en dos, en comunidad, con un mismo sentir (I Cor 1,10). Están llamados a seguirle sin razones, sin condiciones. De inmediato.
Quienes así lo entienden les anima una sola razón : han dado crédito a Aquel con quien se han encontrado, a Aquel que les habita, les ilumina y les conduce.
 
¿Eres tú uno de ellos/ellas ?
 
Ascensión González, ra
Provincia de Ecuador- Chile

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