Domingo del Tiempo Ordinario - Sr Beatriz Mengs

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¨Oíd, sedientos todos, acudid por agua… comprad leche y vino de balde- comed sin pagar. ¿Por qué pagáis dinero en lo que no alimenta ?¨
 
¿De qué alimento nos habla Dios a través del profeta, de qué alimento se trata, ese que puede saciarnos ? Nosotros que gastamos tiempo, dinero, energías en cosas, y objetivos que no nos sacian y que no nos proporcionan la paz y el gozo de que tiene sed nuestro corazón, ¿no estaremos invitados a buscar otra cosa, a buscar en la otra orilla, como indica Jesús a sus discípulos en el lago de Tiberiades ?
Preguntémonos hoy ¿en que orilla me está invitando Jesús a echar las redes para que se produzca el milagro y dónde buscarle ?
 
Y el profeta Isaías nos ofrece una respuesta : ¨Venid a mí, escuchadme para que tengáis vida¨
Lo primero de todo es buscar la Palabra de Dios, que son palabras de vida, abrir los oídos del corazón, y lo demás se nos dará por añadidura
La lectura del Evangelio nos deja de manifiesto esta verdad. La muchedumbre sigue a Jesús porque desea escuchar su Palabra. ¿Qué sentido tiene anunciar la Palabra cuando millones de seres humanos están muriendo de hambre ? ¿No habría que darles primero de comer ? En el Evangelio de este domingo Jesús pone de manifiesto qué es lo primero en la escala de valores : el Padre y su Palabra están en el centro y ocupan el primer lugar, después no despide a la multitud sin saciarla. Jesús les dice a sus discípulos : ¨Dadles vosotros de comer¨ El milagro comienza cuando somos capaces de poner en común los cinco panes y dos peces que tenemos.
Y sólo cuando ponemos a Dios en primer lugar en nuestras vidas, somos capaces de saciar multitudes, y de la mayor solidaridad.
 
Dios, hoy, sigue siendo abundancia de vida y sigue dando en abundancia. Si buscamos en primer lugar su Reino, si interiorizamos su Palabra, nos veremos incitados a preguntarnos qué lugar de la tierra hoy está saciada y qué lugar se apropia los panes y los peces, para realizar la justicia de los que no tienen lo que a otros les sobra. Y sólo así será verdadera en nuestros labios la afirmación del Padre Nuestro : ¨Danos hoy nuestro pan de cada día¨ y sólo así manisfestaremos el amor de Dios en Cristo Jesús del que nos habla la carta a los Romanos. Porque Dios está siempre abriendo su mano y saciando de bienes a todo viviente.
Que se nos concedan entrañas de compasión ante la muchedumbre hambrienta de Dios y de Pan.
 
Sr Beatriz Mengs, ra
Vilnius, Europe du Nord

 


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