Domingo de Ramos - Sr Ana Alonso

Année liturgique 2014-2015 [B]

El Evangelio que nos ocupa es uno de los dos, el otro es del evangelista Marcos, que propone la Liturgia para después de la bendición de los ramos. Se proclama antes que la asamblea entre en procesión en la Iglesia donde se va a celebrar la Eucaristía.

Pidamos que el don del Espíritu Santo nos acompañe en estos días santos para poder así nosotros acompañar a nuestro Rey y Mesías en la subida a Jerusalén.

En Israel había tres fiestas obligatorias (Det 16,16). La fiesta de la Pascua era una de ellas. La multitud de esos días en Jerusalén debía de ser una gran cantidad, se conoce que la ciudad santa llegaba a triplicar su población durante estos días.

Las palmas, para nosotros hoy los ramos, hacen referencia a los rituales de victoria. Lo vemos en el libro del Apocalipsis 7,9 : Después de esto miré, y vi una gran multitud, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos. Este versículo nos puede ayudar a contextualizar a esa gran multitud, que sigue y que seguirá a Jesús después de todos los acontecimientos que nos disponemos a vivir en estos días. Y también a Jesús que más tarde se inmolará como Cordero de Dios. Toda ese gente tenía conocimiento de quién era Jesús, un Jesús que como ellos, estaba dirigiéndose a Jerusalén. Podemos volver a caer en la cuenta que la muchedumbre responde muy bien a la pregunta de quién era para ellos Jesús. Y lo hacen con unos versículos del salmo 118. Él era el Mesías. Este salmo pertenece a los llamados Salmos Hillel (113-118) que eran utilizados anualmente para dar la bienvenida a los peregrinos que llegaban a Jerusalén para la pascua. El sujeto al que los peregrinos aplicaban estas palabras era Jesús. Hossana, palabra derivada del hebreo, se usa tanto en la alabanza y la súplica. Se puede traducir como “Sálvanos ahora te ruego”.

Rey de Israel aparece dos veces en este relato. Este título de Jesús, en estos días centrales de nuestra fe, va a aparecer con una intensidad especial en el diálogo de Jesús con Pilato. En el evangelio de Juan la realeza de Jesús también sale a relucir con Natanael (Jn 1,49). Natanael lo reconocía como rey por haberlo visto debajo de la higuera. Estos días nos disponemos a contemplar y ver al Hijo del hombre dando la vida por cada uno de nosotros. Haciendo cosas aun mayores por cada uno de nosotros.

En su entrada en Jerusalén Jesús sigue cumpliendo la profecía. Coge un borriquillo, Juan desea destacar el aspecto pacífico de su entrada y su reinado. Jesús no era un militar que entraba triunfante en una ciudad recién conquistada montado en su imponente caballo. Entra como el siervo sufriente de Yahvé (Isaías 53)

Los versículos finales son para nosotros todo un ejemplo de que el tiempo de Dios es diferente al nuestro. Es el don del Espíritu Santo el que nos lo recuerda todo. Los discípulos también iban guardando todo en sus corazones, las Palabras y gestos de su Maestro. Y al final de los acontecimientos, de estos días de Gloria, de muerte y resurrección, son capaces de comprender sus experiencias y compartirlas ya por escrito en los Evangelios.

Que al igual que los discípulos podamos en estos días ir guardando y meditando en nuestro corazón todo lo le han hecho al que viene en nombre del Señor por cada uno de nosotros. Pidamos de corazón que el Espíritu Santo nos acompañe estos días para ir comprendiendo y viviendo el gran Misterio de nuestra fe.

Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca


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