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Domingo de Pentecostés - Sr. Beatriz Mengs

Année liturgique 2011-2012 [B]

 

Domingo de Pentecostés
Juan 20, 19-23
 
En la tarde de Pascua, Juan describe la resurrección como el término final de los acontecimientos de la cruz. En la cruz Jesús nos entregó el Espíritu. En la Pascua insufla ese mismo Espíritu en nosotros, para que anunciemos el perdón de los pecados al mundo entero.
En realidad, Juan había hecho coincidir la efusión del Espíritu con la muerte de Jesús, quien “inclinando la cabeza, entregó el espíritu” (19,30). Por tanto, lo que se dice ahora en este relato no sería sino una confirmación : la comunidad se sabe habitada y sostenida por el mismo Espíritu de Jesús.
Lo que los cristianos decimos de la muerte/resurrección de Jesús es lo que ha ocurrido siempre, no como acontecimientos separados sino en una única unidad, y aquí se desvela. No es que el Espíritu estuviera “al margen” de la vida del mundo y de los seres humanos hasta el día de Pentecostés. En cuanto Dinamismo de Vida, el Espíritu, no solo acompaña permanentemente el proceso de la historia, sino que él mismo es el alma de todo ese despliegue.
 
El término “espíritu”, en las tradiciones antiguas, aparece vinculado al viento, a la respiración y a la energía. Ruaj, en hebreo ; pneuma, en griego ; spiritus, en latín ; prana, en sánscrito… Todos ellos son términos que hacen referencia a “aliento vital”, “soplo de vida”, “energía”..., y guardan una estrecha relación con la propia respiración.
A partir del simbolismo que nos regalan las etimologías, podemos hablar del Espíritu como del Aliento último de todo lo que es, y que hace posible que todo sea, el Espíritu como nuestro núcleo más íntimo de donde todo brota, el impulso que todo lo engendra, el impulso por el que el Padre está continuamente engendrando al Hijo en nosotros y a sí mismo en el mundo.
Desde esta perspectiva, podemos hablar del Espíritu como de esa potencia a la que se refiere el Maestro Eckhart :
 
¨En el alma hay una potencia a la que no afectan el tiempo ni la carne ; fluye del espíritu y permanece en el espíritu y es completamente espiritual. Dios se haya en esa potencia tan reverdecido y floreciente con toda la alegría y gloria como es en sí mismo… en esa potencia el Padre Eterno engendra a su Hijo Eterno sin cesar…¨ M Eckhart
 
El Espíritu vive en nosotros, impulsando nuestra consciencia… hasta que reconozcamos en él nuestro verdadero rostro y experimentemos :
 
"una alegría tan cordial e indescriptible que nadie puede hablar de ella con propiedad." M. Eckhart
 
 
Beatriz Meng, ra
Europa del Norte, Vilnius

 

 


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