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Domingo de Pascua - Sr Cristina Gonzalez

Année liturgique 2011-2012 [B]

 

En la primera lectura se nos narra la situación de Pablo tras su conversión. Pablo ha sentido una fuerte presencia en él de Aquel a quien perseguía, una revelación interior del Resucitado que le hace cambiar totalmente de vida. De perseguidor se convierte en apóstol. Pablo lo sabe pero tienen que “saberlo”, creerlo, los discípulos de Jesús. No todos se fiaban del que había sido revestido de la vida nueva. Pablo sigue dando testimonio y predicando públicamente el nombre del Señor. Su testimonio y su palabra contribuyen a la “construcción de la Iglesia y a su progreso en la fidelidad al Señor animada por el Espíritu Santo”. Pablo, por pura gracia, ha creído en el nombre de Jesús y ha entrado en la corriente del amor fraterno (2ª lectura).
 
Pablo se dejó trabajar por la gracia. Pablo, y cada uno de nosotros, somos la Vid del Padre. Y en ella la acción de Dios puede dar frutos de vida, y de vida en abundancia. Dio frutos en Pablo y los podrá dar también en nuestras vidas si nos exponemos al don la gracia, a la vida del Señor resucitado, y si nos dejamos encontrar por él que no cesa de salir a nuestro encuentro.
 
El Evangelio nos invita a permanecer en el don recibido, el don de la FE, a permanecer en Cristo Jesús en quien estamos enraizados, para dar fruto abundante. Con el lenguaje simbólico de la Escritura -hoy la imagen de la Vid- Juan pretende decirnos que la Alianza del Señor con la humanidad continúa siendo fecunda. Los frutos que el Padre de esta viña espera son los frutos del amor, de la comunión, de la unión íntima con El en Cristo Jesús, su Hijo, la verdadera Vid que cuida el Padre. Y esta Vid tiene que seguir dando sus frutos : la unión entre los sarmientos injertos en la Vid. Juan nos recuerda la preocupación de Cristo por el porvenir de su Cuerpo. El es la Vid, la Vid que une los sarmientos entre sí. Hay un intercambio de amor entre los miembros de la comunidad eclesial y Cristo y entre los miembros entre sí unidos en Cristo. Estas son las condiciones para que demos fruto : permanecer en Dios es creer en El y amar a los hermanos. Esta presencia de Dios en nosotros produce esos frutos concretos : los de la fe y los del amor.
 
Hoy Jesús nos sigue llamando a la amistad, a la relación íntima con él y fraterna entre nosotros. Él mismo es el modelo de amistad que da su vida por sus amigos. En medio de la sociedad, entre nuestros hermanos y hermanos sean los que sean, esta es la nueva humanidad, la nueva manera de estar en el corazón del mundo. Su vida depende de la participación en la vida de Jesús, de la comunicación de su Espíritu. Cada uno de nosotros tenemos que dar fruto. Este es el compromiso cristiano : dar fruto, ser vida para otros, ser una alegría para Dios. Si Jesús ha dado a los suyos el mandamiento de un amor como el suyo, esto quiere decir que la manera de vivir y de amar de los suyos es una alternativa para el mundo : la sociedad del amor mutuo que debe alcanzar a todos.
 
Que la Palabra que Dios nos ofrece hoy como un don, la recibamos como una fuerte invitación a dejarnos trabajar por el Padre para ir eliminando, podando todo factor de muerte que pueda existir en nuestro interior y liberando así la capacidad de amor que da el Espíritu.
 

Cristina María, r.a.
Málaga - Spania

 

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