Domingo de Pascua

Pâques

 !!!Aleluya, el Señor ha resucitado y vive entre nosotros¡¡¡

Tras la celebración de la noche pascual y después de haber oído la Palabra y las palabras creadoras y salvadoras de Dios, no hay otro grito que pueda traducir mejor lo que sentimos hoy los cristianos. Los discursos, sobre todo de Pedro, que aparecen en Hechos y que empezamos a oir hoy, contienen elementos claros del primer anuncio cristiano. En ellos encontramos los fundamentos de nuestra fe. Si los sabemos leer, percibiremos los principios de nuestra fe y también algo más importante : volveremos a percibir en qué medida esos fundamentos nos comprometen hoy. Porque nosotros tenemos que ser los testigos de la Resurreción, del resucitado : Cristo ha resucitado... y vosotros sóis testigos de este acontecimiento.

Nosotros, cristianos del siglo XXI, conocemos la Resurrección de Jesús gracias a la palabra de algunos testigos. Curiosamente, incluso después de la Resurrección, Jesús no se ha aparecido a las muchedumbres. Y, sin embargo, desde el principio se ha tenido esta certeza y la Iglesia se funda en este acontecimiento y en este anuncio. El resucitado ha escogido el aparecerse, primero, a sus amigos, luego a los cercanos, a los que habían compartido su vida con él, su intimidad. Estos amigos a los que Jesús dijo : Ya no os llamo servidores sino amigos. No dice « mis amigos », no quiere poseer a las personas, quiere dejar a cada uno libre para responder a lo que El, Jesús, ofrece gratuitamente. Jesús ofrece libremente su amistad esperando la respuesta de hombres y mujeres libres, libres como El.

Resucitado, Jesús sigue siendo el mismo : la misma discreción, el mismo respeto, a la libertad humana. Sabemos por los testimonios escritos cuán difícil fué reconocer a Jesús y creer en el Resucitado. Más de veinte siglos después pasamos por las mismas dificultades.

Los primeros amigos no tienen nada, a los ojos del mundo, para creer en ellos : hombres y mujeres que le siguieron durante tres años y, al final, le abandonaron, y uno le negó : hombres y mujeres que no habían estudiado (entre ellos no había ningún doctor de la ley, ningún sacerdote...) ; Pablo nunca vió personalmente a Jesús, fué un perseguidor y, de repente, su vida da un vuelco total a las puertas de Damasco. Seguramente eran amigos buenos y verdaderos pero quizá no los más cualificados para ser creídos. La buena nueva de la resurrección se deja oir a través de personas poco dignas de fe a los ojos del mundo. Como diría, mas tarde, el mismo Pablo : son « vasos de barro » que llevan en ellos « un tesoro ». A este nivel, nosotros somos dignos sucesores de los primeros testigos.

El anuncio de la Resurrección pasa por una certeza : Jesús ha muerto, Dios le ha resucitado de entre los muertos. Pero inmediatamente podemos sacar una consecuencia : lo que ha sucedido a Jesús es también para sus amigos. Pablo desarrollará nuestra implicación en este misterio cuando escribirá a los Colosenses : « Habéis muerto y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando aparezca Cristo, vuestra vida, entonces apareceréis también vosotros gloriosos con El. » (Col 3, 3-4) Lo que queda escondido es la amistad total, la intimidad plena que un día viviremos con El. De momento, en este caminar nuestro en el tiempo, vamos construyendo esa relación con el resucitado. Nuestra vida, como fué la de Jesús, es una vida en búsqueda contínua para llegar a ser una vida amiga de Dios y de los hombres, al estilo de Jesús. Esta realidad está aún escondida para nosotros pero el anuncio de la Resurrección nos hace comprender que no estamos solos en el camino.

La Resurrección no es algo que sucederá después de nuestra muerte. Empieza ya aquí, es una realidad nueva que comienza HOY. Cada persona va modelando su ser de resucitada, poco a poco va surgiendo del barro de la tierra para llegar a ser hijo, hija de luz. Charles Péguy decía :« !Dios mío, es como si todo fuera nuevo, como si todo empezara a partir de esta mañana ! »

Todo nuestro proceso de Resurrección consiste en salir, en nacer de un yo pre-fabricado para llegar a ser realmente hombres y mujeres vivas, libres, responsables de nuestro destino ; desarrollar todas nuestras capacidades espirituales para que vayan llegando a su madurez. Esta madurez alcanzará un día su plenitud, posiblemente no en este mundo. Pero la resurrección de Jesús, el Cristo pascual que acogemos nos concede empezar desde ahora a ser vivientes. El primer nacimiento no lo hemos elegido ; el segundo, el renacer de lo alto acogiendo el Espíritu del Resucitado, ese lo podemos acoger.

La Resurrección es una victoria diaria sobre las fuerzas de muerte. Una realidad presente, interior, nos llevará, si queremos, a vivir desde dentro, desde la realidad interior. Convertirse es, como para Agustín, pasar de fuera a dentro, desde la corteza exterior a la vida interior. Encontrarse con el Resucitado es ya re-nacer, es liberarnos de nuestras esclavitudes. El o la creyente que acoge, día tras día, el amor vivo y creador de Dios, se convierte en un ser vivo y creador como El. En la respuesta a este amor victorioso que se ofrece gratuitamente a todos, está nuestro futuro. Este don nos construye, nos estructura como personas, nos resucita como hijo e hija de Dios. Devenir, llegar a ser este ser libre, es encontrar al Dios vivo. Nacer es centrar todas nuestras energías para amar como El, para hacer que toda nuestra existencia sea un don de nosotros mismos. Para, como El, pasar haciendo el bien.

¡Feliz Pascua de Resurrección ! ¡Felices nosotros por creer en Jesús resucitado !

Cristina María, r.a.
España

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