Domingo de Adviento - Sr Cristina Maria

Avent-Noël

 

Dad frutos de conversión

 

Veamos primeramente los textos de este domingo : Isaías 11, 1-10 : es un oráculo mesiánico perteneciente al libro del Emmanuel. El poema anuncia la permanencia de la casa de David (por tanto de la Alianza de Dios), por medio de un vástago que garantizará un gobierno justo y una nueva situación en la sociedad. El texto presenta al nuevo vástago : sus orígenes son humildes. Nace de un tronco cortado, el tronco de Jesé. El niño nace no por los méritos y el esplendor de la casa real, la casa de David, sino de la savia perenne de la promesa divina que nutre el viejo tronco.

 
Sobre el retoño, reposa el espíritu de Yahvé. Posee la plenitud del espíritu de Dios, la plenitud de los carismas que se despliegan de distintos aspectos y de donde brota un gobierno justo que hará justicia a los pobres y desvalidos. Las consecuencias de su reinado será la armonía, la reconciliación, entre los animales entre sí y con el hombre. Esto es posible porque Dios y el hombre también se han reconciliado.
 
Romanos 15, 4-9 : El contexto del pasaje es el de la acogida mutua entre los hermanos, en especial el respeto a los más débiles de la comunidad. La oración brotará de una comunidad humilde y acogedora. La celebración litúrgica no puede separarse de la vida concreta de caridad. Cristo está en el corazón de la vida cristiana y de la celebración comunitaria.
 
Mateo 3, 1-12 : La oferta del Reino de Dios en la predicación de Juan el Bautista está envuelta en una realidad comunitaria. La conversión a la que lleva el mensaje de Juan es la de un cambio social que no se hará sin rupturas concretas : Juan predicará en el desierto.
El “desierto” recuerda al éxodo salida de la esclavitud hacia la libertad , donde Dios interviene para liberar. Y estamos cerca de ese momento. Mateo pretende presentar a Jesús como el Hijo de Dios y a Juan como el precursor. Juan tiene los rasgos de Elías (por ejemplo la comida y el vetido del Bautista), que volvería antes del Mesías. Citando a Isaías (Is 40, 3) -libro de la consolación- (donde el profeta consuela el pueblo con el anuncio de la salida -liberación- de la situación de desgracia que vive y la entrada en una vida nueva) se anuncia la llegada del Mesías con la invitación a convertirse y con un rito bautismal.
 
Los que acceden al bautismo tenían que dar frutos de conversión concretos sin perderse en la ilusión de una conversión infecunda, superficial. La manera de actuar de Juan es más bien impositiva contrariamente a la que Jesús inaugurará : los m étodos propios del amor. Las pretensiones del nuevo Reino de Dios, del que Jesús es mediador, es el cambio de estructuras sociales que para llevarse a cabo, necesitan el cambio de los corazones. La salvación del pueblo es obra de Dios.
 
Nosotros vivimos en un cambio de época. Las novedades aparecen y desaparecen cada día nos obligan a cambiar continuamente sin pararnos a pensar mucho en ello. Porque no se cambian facilmente las estructuras, las ideas, el modo de mirar a los demás, la valoración que cada uno tiene de sí, o incluso la religiosidad. El mundo está revestido de una frondosidad deslumbrante, pero ¿tiene los frutos que se esperan de él ? ¿Pueden florecer la justicia y la paz ?
 
De lo viejo puede brotar la vida. La fe alimenta la esperanza y la esperanza hace posible el sueño de un mundo nuevo. Hace más de 2.700 años Isaías nos lo descubre : por el viejo tocón corre la savia : « brotará en tallo » y una flor. La imagen habla de vida y de brotes tiernos que retoñan porque la raíz los alimenta. Con el conjunto de dones que presenta Isaías podemos realizar un profundo cambio social : una sociedad dominada no por el miedo y el temor mutuo de hombres y animales, sino por la paz y aromonía pronunciadas en la primera creación.
 
Desde nuestro desierto de hoy nos llega el anuncio : « El Reino de los cielos está cerca… convertíos… », cambiad para dejar sitio al Reino : cambiad de mentalidad, de estructuras y de conducta. El Dios del Bautista y el de Jesús es un fuego y un espíritu irrumpiendo desde lo que no cuenta ni es importante, desde la periferia de toda realidad y reclama cambios. Oid, escuchad al corazón para dejaros llevar por esos gritos de cambio que sin duda nos pueden incomodar pero que serán salvación para muchos.
 
Convertíos y dad frutos de la conversión como hijos de la Iglesia que sois. Somos hijos de Abrahan, somos la Iglesia de Jesucristo, estamos bautizados. Acreditad vuestra fe con las obras y preparad el camino del Señor : a los de cerca, para mostrar Dios su fidelidad a sus promesas, a los de fuera para mostrar su misericordia.
 
Cristo ha cumplido el oráculo de Isaías. En la Eucaristía pedimos con el Salmo 71 :
Que los montes traigan la paz
y los collados la jusicia,
que él defienda a los humildes del pueblo
y quebrante al explotador.
 
Que Dios sea fuente de toda paciencia y consuelo, que nos sostenga en la esperanza. Que haga de nosotros seres de armonía de los que saben unir, acercar, tender la mano… y creadores de la verdadera fraternidad en Cristo Jesús. De ahí vendrán los frutos que el Señor quiere.
 
 
Cristina Maria, r.a.
Málaga
 

 


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