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Domingo XXX del tiempo ordinario - Sr Cristina María

Année liturgique 2015-2016 [C]

Todo lo puedes y de todos te compadeces…
Amas cuanto existe
Señor, que amas la vida…


La Liturgia de este domingo habla por sí misma. Leer la Palabra y dejar que nos penetre basta para celebrar que Dios nos ha dado y nos da cada día en abundancia. El libro de la Sabiduría se explaya en hablarnos del Dios de la vida, un Dios que ama la vida, que no puede dejar de amar nada de lo que ha creado. Un Dios que perdona, que se compadece sin límites. El Salmo 144 sobreabunda en este mismo mensaje.

La llegada de Jesús a Jericó suscitaba expectación. Un hombre pequeño de estatura, jefe de publicanos y rico, quiere verlo, pero tiene que correr más adelante y subirse a un sicómoro (una higuera), porque Jesús tenía que pasar por allí. Tiene nombre, se llama Zaqueo ; ha escuchado lo que se dice del Maestro y tiene curiosidad ; quizás en su corazón anide una inquietud, una insatisfacción ante lo que vive, un deseo, una ilusión, quién sabe lo que le hizo subirse a la higuera ; lo que está claro es que se puso a tiro, se le vio.
Con Zaqueo, Jesús, el amigo de publicanos y pecadores, va a realizar una nueva obra de creación, recreando a Zaqueo, el jefe de publicanos. Era criticado por los hombres por su conducta ; pero el que encaramado en un sicómoro quería ver al que buscaba, a Jesús, es a su vez buscado por El. Jesús levantó los ojos, vió a Zaqueo y le dijo : “Zaqueo, baja en seguida, porque es preciso que hoy me hospede en tu casa.” Hospedarse en casa de Zaqueo y comer con él significaba sacarle de la marginación, aceptarle como hermano, perdonarle. La “comunión de mesa” que tuvo Jesús con los pecadores significaba entrar en comunión de vida. “Zaqueo se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento.” Jesús sabe su nombre y le llama por su nombre. Una nueva manera, la de Jesús, de encontrarse con la gente : alojarse en su casa y compartir casa, mesa, mantel con aquel personaje. Una evangelización “en salida”.
Zaqueo no es el más ejemplar de Jericó, probablemente sea uno de los menos queridos al ser el jefe de los recaudadores. Por eso : “Al ver esto, todos murmuraban diciendo : Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”. Los que juzgan a Zaqueo ¿qué dirían al oir : “Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido” ?. Jesús empieza a anunciar la Buena nueva a Zaqueo de forma muy cercana, no con doctrinas sino con hechos : comparte la vida de Zaqueo, el mismo techo, y el encuentro con Jesús lo cambia. Por ahí empezó la evangelización de Zaqueo. Y su respuesta no fue de palabras sino de hechos : “Mira la mitad de mis bienes, se la doy a los pobres y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.” La persona, el corazón de Zaqueo se ha visto afectado, contagiado por el corazón y por la persona Jesús.

¿Quién busca a quién ? Aparentemente Zaqueo es el que quiere ver a Jesús. Pero al final Jesús también busca a Zaqueo. No le pide nada más que hospitalidad. Zaqueo va a ofrecerle algo más : cambiar el corazón, quitar todo lo que obstaculiza en él la llegada del Reino a su vida. Y libre de obstáculos entra la salvación y la alegría en su casa : Hoy ha llegado la salvación a esta casa.

La Palabra nos evangeliza hoy, nos busca. Si quitamos las piedras del camino, las que nos impiden encontrarnos con Jesús, oiremos también nosotros : “Hoy quiero hospedarme en tu casa”, quiero compartir tu techo, tu mesa, tu pan. Podemos terminar orando con la primera lectura del libro de la Sabiduría : “Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida. Por eso corriges poco a poco a los que caen ; a los que pecan les recuerdas su pecado, para que se conviertan y crean en ti, Señor”.


Sr Cristina María, r.a.
Málaga - España

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