Domingo XXX del Tiempo Ordinario

(II)

¿Qué quieres que haga por ti ? - Señor que mire hacia lo alto

Inmediatamente antes del relato de la Pasión, Marcos nos presenta a Jesús saliendo de Jericó. El evangelista omite para qué entró y qué sucedió, acentúa la suma actividad de Jesús y su urgencia por anunciar el Reino. Le apremia el tiempo para anunciar, perdonar, curar dolencias, regalar la compasión de Dios Padre, tejiendo con ello el sentido de su muerte en cruz y Resurrección.

Este mismo clima acelerado y casi eufórico lo descubrimos en la primera lectura, donde el profeta Jeremías consuela al pueblo deportado anunciando la salvación y el consuelo de Dios. Pero estas palabras sólo tendrán su cumplimiento con la Buena Noticia del Reino.

Casi después de cada frase del evangelio de este domingo podríamos escribir una exclamación. El relato de Marcos es vivo y está lleno de detalles ; nombre del enfermo, lugar. Sin embargo en la culminación del relato, la narración finaliza de golpe : “Anda, tu fe te ha curado” “y al momento recobró la vista”. Hace algunos domingos, nos adentramos en el relato de Mc 8 donde el evangelista nos dejaba gustar paso a paso la curación de Jesús : “le impuso las manos”, “le tocó la lengua”. Hoy la atención no se pone en el hecho del milagro, sino en la insistencia de la petición, en la escucha y la respuesta del Señor. El relato de Bartimeo es un buen ejemplo de la oración de intercesión.

Para contemplar :

- “Hijo de David” : Bartimeo invoca a Jesús apelando a su poder real, reconociéndole Mesías y pronunciando este nombre en la ciudad desde la que Jesús saldrá a su Pasión. Conviene pararle y pedirle que no grite.
- A los discípulos les molesta la insistencia de Bartimeo, quieren tener a Jesús para ellos, pero el grita contra la oposición de la gente. ¿Tenemos su misma tenacidad para rogar y formular a Dios nuestro deseo ?
- Jesús quiere que Bartimeo le formule su petición. Para ello ha creado una relación de confianza : “Rabino” no significa sólo Maestro sino “Mi Maestro”. El ciego quiere recuperar la vista. La palabra griega “anblepso” significa “mirar a lo alto, mirar hacia arriba”. Esto es lo que desea Bartimeo, no sólo ver las cosas y a los hombres, sino mirar a lo alto y dejar que el cielo se abra sobre su vida, reconociendo a Dios en todo.
- cuando Jesús le llama, Bartimeo tira el manto. A Jesús hay que ir desprotegidos de todo papel y máscara, desde nuestra necesidad, tal como somos.
- El domingo pasado Jesús no cumplía la petición de los hijos del Zebedeo. Hoy la petición y el principio de la curación nacen de la fe, y Jesús se lo concede. Deja que tus peticiones sean formuladas desde la fe y desde el deseo de Dios en ti.
- “Señor Jesús, ten misericordia de mí” : Haz tuya la oración del peregrino ruso, tan conocida y a veces olvidada. Es la misma que la de Bartimeo : Antes de pronunciarla reconoce como el ciego tu incapacidad y vulnerabilidad, abraza tu pobreza, las pobrezas de este mundo y emprende un camino de peregrinación interior en la fe. Que esta oración interior sea ininterrumpida.
Que el nombre de Jesús quede grabado en tu interior como el tuyo está grabado en el corazón de Dios.

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Ravenne - Italie

Hoy Jesús deja a Bartimeo seguirle en su camino y le lleva a Jerusalén, a su Pasión, y Bartimeo ve más allá de la Pasión. Esta vez eleva su mirada al cielo, ve la victoria sobre los demonios sin que el sufrimiento le desespere. Levanta los ojos al cielo y reconoce en la cruz y las cruces de este mundo al Dios Compasivo que resucita a los muertos.

Beatriz Mengs, RA
Europa del Norte

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