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Domingo XXVIII del Tiempo ordinario - Sr Cristina María

Année liturgique 2014-2015 [B]

Por Mi y por el Evangelio


La liturgia de este domingo XXVIII del T.O. [1] nos sigue ayudando a entrar en lo esencial de nuestra FE : Creer en Jesucristo, el Enviado del Padre, que con la fuerza del Espíritu no deja de anunciar quién es El, la vida y la alegría que su presencia nos aporta y su pasión por hacer comprender a los que le rodeaban el esplendo de la vida eterna.


Una lectura pausada del texto del Evangelio de Marcos nos deja una gran serenidad junto a sus profundas exigencias. Jesús está en camino ; es lo suyo pues para eso vino : para caminar con los hombres y, caminando revelarles al Padre. Jesús en camino, se hace camino ; y en ese camino puede ser encontrado. Y un joven corre hacia El, se arrodilla y le pregunta porque quiere ser mejor : Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna ? Jesús le contesta : “¿Por qué me llamas bueno ? No hay nadie más bueno que Dios. Ya sabes los mandamientos”. Jesús los enumera y el joven reconoce que es todo lo que ha cumplido a lo largo de su joven vida. Está en camino. Y el diálogo con Jesús va a estar en torno a eso que le falta para completar el camino, “aquello que le falta”. Jesús le mira con cariño y empieza a enseñarle el camino para encontrar lo que buscaba : Mira, una cosa te falta.


Lo que le falta es sencillamente un paso más : dejar que su corazón y su vivir se abran a una confianza total en El. Dejar todo por El y por el Evangelio. Dejar para acoger, en su propia vida el camino de Jesús y hacer de su vida un reflejo de la vida de Jesús. Que las ganancias sean el hacer suyos los intereses de los demás, el dolor y la esperanza de todos lo que se vaya encontrando en su caminar.


 En nuestras propias vidas y viviendo la vocación recibida por gracia a seguir a Jesús, sea por el camino que sea, puede surgir también la pregunta : ¿qué me falta ? Y también nosotros necesitamos escuchar estas palabras para poder darle a nuestro seguimiento la mayor plenitud posible que es nuestro deseo. Tras la pregunta, hagamos silencio y escuchemos a Dios que nos habla. Su Sabiduría es una luz sin ocaso, y su Palabra es viva y eficaz. Tenerlas por luz -Sabiduría y Palabra- es abrirse a todos los bienes, a la riqueza incalculable de Dios que “lo puede todo”, que ilumina y da un vigor siempre nuevo a nuestra, a veces, “pequeña confianza” como diría Santa Teresita. Esta luz y este vigor guiarán y fortalecerán nuestra fidelidad.


Nuestras vidas están colmadas de bienes. Por parte de Dios, no carecemos de nada. La nuestra es la de ser testigos fieles del don de Dios.


Cristina María, r.a.
Madrid, España


[1Domingo XXVIII del Tiempo ordinario (B), Sab 7, 7-11 ; Sal 89 ; Heb 4, 12-13 ; Mc 8, 17-30


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