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Domingo XXVI del Tiempo Ordinario - Sr Camino

Année liturgique 2013-2014 [A]

Mansedumbre y autoridad

Este domingo empezamos la lectura de la quinta parte del evangelio de San Mateo, que acontece ya en Jerusalén, y donde se recogen las discusiones que Jesús tiene sobre distintos temas. Es el punto álgido del evangelio. No podemos olvidar que acaba de entrar en la ciudad montado en una borrica, rodeado de toda una multitud que le aclama : ¡Bendito el que viene en nombre del Señor ! Pero debemos recordar también la palabra de Zacarías que se encuentra detrás de este pasaje : “He aquí, tu Rey viene a ti, manso, sentado sobre un asno, un animal de carga”.

Suponemos que el sentimiento de Jesús al entrar en la ciudad santa es de decepción, se encuentra con el templo convertido en mercado, y maldice a la higuera estéril por no dar frutos. Es en ese contexto en el que los sacerdotes y ancianos se acercan a él para cuestionarle por su autoridad.

En la situación que se encuentra Jesús, manso ante los que tienen la autoridad en Israel, llama la atención que hable de hijos. En Israel, tenía mucha importancia el ser hijo, se consideraban hijos de Abraham, hijos de Dios. Sin embargo, al plantear Jesús la parábola con dos hijos, cuestiona su filiación. Pone a aquellos que tienen la autoridad en Israel en el cuestionamiento de cómo están viviendo su ser hijos, al servicio de qué o de quién.

Tenemos claros los dos modelos que nos pone Jesús : aquel que diciendo no, se arrepiente y va ; y aquel que dice sí a lo diga el padre, pero luego no lo cumple. La pregunta de Jesús es clara : ¿quién de los dos hizo la voluntad del Padre ? En el fondo, esta parábola nos cuestiona sobre nuestro modo de ejercer la autoridad. Todos tenemos una cierta autoridad, que ejercemos activa o pasivamente, ya que tenemos una influencia sobre aquellos que nos rodean o con los que nos relacionamos. ¿Dónde se encuentra la autoridad : en las palabras o en las obras ?

Jesús es el que ejerce la autoridad entregando la vida, y lo hace a la manera en que, humanamente, pensaríamos que está rechazando ejercer su autoridad. Sin embargo, de esta forma, la fortalece. Él es el que sabe que no tiene ninguna autoridad por sí mismo, sino que toda autoridad viene del Padre. Por eso, toda su vida es escucha de la voluntad del Padre. Recapacitemos, como nos invita el evangelio, y discernamos dónde está el centro de todas nuestras acciones, cómo entramos en relación con los otros, cuál es la voluntad que queremos cumplir con toda nuestra vida.

Sr Camino Lescun, ra
España

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