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Domingo XXVI del T.O. - Sr. Cristina María

Année liturgique 2015-2016 [C]

¿Dónde
está nuestro corazón ?


La liturgia de este domingo nos invita a situarnos ante la opción por una manera de vivir nuestra fe : la que Dios desea y quiere para nosotros. El profeta Amós, Pablo en su 1ª Carta a Timoteo y Lucas en su parábola del pobre Lázaro y del rico epulón, nos presentan el mensaje de la Palabra a través de contrastes – de lo que debe ser una vida según Dios y lo que se aleja de este modo de vida.


El profeta Amós acusa a aquellos del pueblo elegido de Dios su manera de vivir que no tiene nada que ver con la Alianza sellada en el Sinaí. Amós es profeta, alguien que tras una llamada de Dios ha entrado en ese proyecto de la Alianza y va a ver todo bajo esa luz intentando descifrar ese proyecto en la vida y en los acontecimientos del pueblo. Amós tiene una fuerte enseñanza social basada en esa Alianza de Dios con su pueblo. Vivir la Alianza es una responsabilidad pues exige vivir en la vida cotidiana de acuerdo con lo pactado. En el texto de la liturgia de hoy Amós denuncia la “seguridad” en la que se asienta la vida de los ricos : el lujo, los banquetes, las camas de marfil… e incluso cantan al son del arpa imitando a David. Estan cegados de tal manera por la riqueza que esa ceguera no les permite ver la situación del pobre. Esta gloria acabará pronto. Dios, que sacó al pueblo de la esclavitud, lo ve encerrado en una nueva esclavitud y adorando a un nuevo ídolo, la riqueza y el bienestar. Esto le impide al creyente en Yahvé vivir en la verdadera libertad otorgada por el Dios liberador, el Dios de la Alianza amorosa y gratuita.


El salmo 145 nos recuerda lo que Dios ama, lo que hace y lo que es el verdadero culto del creyente : hacer justicia a los oprimidos, dar pan al que tiene hambre, devolver la vista al ciego, proteger al extranjero, a la viuda y al huérfano. El Señor reina allí donde se vive la fidelidad a su proyecto de amor para todos.


En la segunda lectura, la 1ª carta de Pablo a Timoteo, Pablo le recuerda a Timoteo, hombre según el corazón de Dios, que no olvide nunca vivir en la rectitud, en la fe, en el amor, en la paciencia, en la dulzura… Vivir de la fe en el Hijo de Dios es vivir con las mismas actitudes del Hijo, de Jesús, como también recordará Pablo a los Gálatas.


La parábola que el Evangelio de Lucas nos presenta hoy está en consonancia con las lecturas precedentes y con el salmo 145.
La parábola es esencialmente una comparación desarrollada bajo la forma de una historia. Quiere hacer pensar a los oyentes en su propia manera de vivir. La parábola permite que nos sintamos vivamente interpelados en nuestra manera de pensar y de actuar. Nos invita a una manera de ser y de vivir en coherencia con el proyecto de Dios y los valores de su Reino. Lucas, en algunas de sus parábolas, pretende ayudarnos a comprender cuál debe ser la manera de vivir del creyente, no apoyada en las seguridades materiales que pasan y que ahogan una vida espiritual, sino en la conducta del Padre que ama a todos sin distinción alguna, que se complace en perdonar, que dispensa su amor generosamente, un amor sin medida, a cada uno de sus hijos.


En la parábola de hoy se contraponen la suerte de un pobre miserable y la de un rico. En la vida presente la suerte es una, en la futura se invierte la situación. La parábola trata de aclarar la postura de uno y de otro ante el Reino de Dios. El pobre tiene un nombre : Lázaro (Eliezer, Dios ayuda) ; el rico no lo tiene. Se le llama epulón, persona que solo vive para sí.
Lucas nos presenta a estos dos personajes como representantes, cada uno de ellos, de una clase social frente al Reino de Dios. En tiempos de Jesús eran numerosos los pobres que sufrían las consecuencias del despilfarro de los ricos y de los prejuicios de una sociedad que los ignoraba. Los ricos, y esto es lo que Jesús denuncia de ellos, pasaban ante ellos con una gran indiferencia.
Esta es la denuncia de Jesús. El cambio de situación viene después, en la vida futura.


Lo que está poniendo ante nosotros hoy la parábola es la necesidad de enraizar, de fundar nuestra vida humana y espiritual en el proyecto de Dios. De escuchar a Moisés y a los profetas, escuchar a Abraham, el gran creyente, escuchar a Jesús. Abrir nuestros oídos y nuestro corazón a los valores del Reino, al querer de Dios. Abrir nuestros ojos para ver y fijar nuestra mirada en los que se cruzan en nuestro camino. A vivir esta vida transitoria con el corazón puesto en los bienes imperecederos y que nadie nos sea indiferente.


Recordemos las palabras del profeta Miqueas :


Se te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno,
Loue Yahvé de ti reclama :
Tan solo practicar la equidad,
Amar la piedad,
Y caminar humildemente con tu Dios.
(Miqueas 6,8)


Sr. Cristina María, r.a.
Madrid, España

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