Domingo XXV del Tiempo Ordinario

(II)

NACIDAS DE UN SUEÑO.
LA CREACIÓN DE LA MUJER :
¿LA OBRA MÁS PENSADA ?

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Leemos en la primera lectura de hoy, Gen 2, 18-24, el relato de la creación de la mujer según la tradición yahvista, de estilo muy cercano y humano.

El autor nos ofrece en ella una reflexión sapiencial sobre el origen, sentido y vocación del ser humano : llamado a la complementariedad.

A diferencia del autor sacerdotal de Gen 1, el autor yavista por la benevolencia de Dios, transforma la árida estepa en un oasis (2,4-7). Y nos relata la creación de la mujer enmarcado en un ambiente lleno de vitalidad y belleza : jardín, río, árboles, lenguaje y animales.

Se nos presenta a Dios rodeando al ser humano Adam, con incesantes cuidados. Le ha plantado un jardín de delicias y sigue pensando qué más podría hacer por él, por su bien.

v. 18.- Después que Dios ha creado al hombre constata que “no está bien que el hombre esté solo”.Por eso, decide proporcionarle a “alguien como él que le ayude” (2,18), un auxilio semejante a él. El término ‘ ezer designa una ayuda necesaria para poder sobrevivir, que se identifica en algunas ocasiones con Dios (Sal 121,1-2).

Esta reflexión que Dios se hace a sí mismo al inicio del relato transmite las ideas básicas que aquí se quieren destacar :
1.en primer lugar, que el hombre es un ser social por naturaleza, no hecho para estar solo ;
2.segundo, que la mujer será este complemento que necesita el hombre ;
3.tercero, que aún siendo el complemento, no es un simple auxiliar a su servicio, sino que es capaz de ser una compañera para él, es decir, que está cara a cara, al mismo nivel.

v.19-20.- En la búsqueda de una ayuda que esté a la altura del hombre, la descripción del Yavista se vuelve muy detallada y da pruebas de una atrevida plasticidad ; pues presenta al Dios creador sin distancia alguna de la criatura, plenamente dedicado como el alfarero a modelar su obra (2, 19).
La alusión a la “creación de los animales del campo y todas las aves del cielo”, tiene la finalidad de acentuar, por vía de contraste la verdadera naturaleza y el papel de la mujer.
Y el autor nos describe esta escena deliciosa (19b) en la que Dios presenta al hombre los animales que ha creado, para que les imponga el nombre como signo de dominio. La superioridad del hombre sobre la forma de vida animal, se traduce por su capacidad de ponerle nombre a cada uno. Esto equivale a asignarle un lugar en el ámbito de sus dominios. Pero no es en el dominio en donde el hombre encuentra la ayuda adecuada, donde el hombre puede realizarse, sino en el diálogo con el tú semejante, no dominado, sino igual.
El hombre reconoció como ayuda a los animales que el Señor le presentó, se ve dominador de los animales, pero esta relación de dominio no es capaz de cubrir el vacío de su necesidad de “una ayuda adecuada” (20b), ellos no eran contraparte de igual dignidad.

v.21-22.- Por eso de una manera muy misteriosa, Dios se decide a crear a la mujer. Dios derrocha imaginación para encontrar la ayuda adecuada que alegre el corazón de su creatura. Con ella se quiere poner de relieve la trascendencia de las obras divinas, así como la trascendencia misma y el misterio de la vinculación entre el hombre y la mujer. Ella es el beneficio último, el don más misterioso que Yaveh desea otorgar al hombre.
Yaveh Dios hace caer a Adam en un profundo sueño. Mientras tanto El actúa. Toma una costilla del adam para hacer de esta humanidad un ser humano diferenciado, una ayuda proporcionada. Debía de ser semejante a él, pero no idéntica, más bien su contraparte, su complemento.
Con la costilla Dios crea a la mujer (issháh) que posee la misma grandeza y dignidad del hombre (ish). Y le cierra el vacío. Por toda la eternidad llevará Adán la cicatriz de su carencia, de su autosuficiencia imposible ; es un ser incompleto. Siempre con necesidad del otro, siempre llamados a la alteridad. Eva, nacida del costado de Adán, será el símbolo viviente de la complementariedad inalienable.

v.23.- El grito de alegría de Adán al despertar destaca una doble característica de la mujer : Ella sí que era, a diferencia de los animales su contraparte perfecta y el hombre la reconoció y la saludó enseguida como tal. Es una ayuda y una compañía a la altura del hombre.
Una pareja : el ser humano no existe para sí mismo, no aguanta estar solo. Para vivir, necesita que exista alguien con quien poder estar frente a frente. Creado a imagen y semejanza de Dios, no puede vivir siendo él solo : lleva injerto en su ser el amor, y sólo en el encuentro y en la relación llegará a ser él mismo. Por haber nacido de Dios, el hombre es participación.
En Eva no sólo está representada la mujer, sino todos los vivientes. El autor sagrado quiere decirnos que donde el hombre encuentra la verdadera ayuda para realizarse como hombre es en la relación dialogal con el otro, en la comunión de vida con los demás seres de la misma condición. Las cosas nunca completan ni perfeccionan al hombre.

v.24.- Y el texto finaliza subrayando la profunda unidad y atracción sexual que existe entre hombre y mujer pone fin a este relato con un principio general, una convicción teológica que ha orientado y condicionado todo el relato : la unidad del matrimonio y su naturaleza monógama son queridas por Dios, y los vínculos que crea son más fuertes que cualquier otro vínculo familiar.

Ha Ascensión González Calle, ra
Ecuator - Chile

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