Domingo XXIV del tiempo ordinario - Sr Cristina María

(II)

Aminaré en presencia del Señor en el país de la vida, y ahí daré mi vida y daré vida. 

A lo largo de los últimos domingos del tiempo ordinario, el evangelio de Juan y el de Marcos nos han ido ayudando a entrar una vez más en la Buena Nueva de Jesús. Creo que nunca podremos decir que ya conocemos totalmente la lógica del Evangelio, la lógica de Jesús. Puede ser que a fuerza de frecuentar el Evangelio esa lógica nos sea algo familiar pero siempre tendremos que reconocer que no la hemos hecho totalmente nuestra. A fuerza también de penetrarla, de saborearla, de desear de todo corazón acercarnos a ella dejando que esa lógica -esa manera de pensar, de actuar, de ser- nos penetre, un día podremos decir que entre nuestra lógica, nuestra manera de entender y de vivir la vida y la manera de entender y de vivir Jesús la suya, hay ya poca distancia. Todo un camino a recorrer.

Para llegar a ello, se nos va recordando en la liturgia de la Palabra, dos dimensiones fundamentales para seguir a Jesús, para ser realmente su discípulo : confesar nuestra fe en él y transformar nuestra manera de vivir para que sea lo más parecida posible a la suya.

Juan, en el capítulo 6 de su Evangelio, nos fué proponiendo el dejarnos interpelar por las palabras y gestos de Jesús. Estos gestos no siempre fueron comprendidos y estas palabras resonaron duras en los oídos de algunos de los que seguían a Jesús hasta el punto que algunos dejaron de seguirle, de ir con él. Y de ahí la pregunta de Jesús a los suyos : ¿También vosotros queréis marcharos ? Pregunta a la que siguió una de las más maravillosas confesiones de fe : Señor, ¿a quién vamos a ir ? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído que tú eres el Hijo de Dios, el enviado... Sin una fuerte adhesión-confesión de fe en Jesús ¿cómo llegar a ser su discípulo ?

Reconociendo la gran actualidad de este diálogo de Jesús con los suyos -también a nosotros nos resultan a veces duras las palabras de Jesús ? entremos en el evangelio de hoy (Marcos 8, 27-35) que es una invitación a dejar que él transforme nuestra vida para que no nos escandalicemos de sus gestos y palabras.

En el texto de Marcos hay que situar a Jesús y a sus discípulos en un territorio al otro lado del Jordán, en la zona del Golán, una parte del Reino que Herodes el Grande había otorgado a unos de sus hijos, Felipe. Jesús quería pasar inadvertido. Empieza a preguntar a sus discípulos lo que otros piensan de él. Sabemos que en Marcos, lo importante para Jesús no era su persona sino la Buena noticia de la llegada del Reino. De ahí que quiera guardar silencio sobre su persona y que la Buena Noticia del reino sea conocida. Y en este momento del evangelio, Marcos empieza a detallar detenidamente el contenido de la Buena Noticia : Jesús tiene que pasar por la pascua, el camino difícil de la muerte para llegar a la vida ; y la vida del discípulo que ha confesado su fe en Jesús, su adhesión a él, es una vida arriesgada como lo fué la del mismo Jesús. Eligiendo seguir a Jesús, el discípulo va a ir conociendo que el fruto de su vida arriesgada no sera otro que la vida. La vida del discípulo tiene que parecerse a la vida del Maestro.

Ante la pregunta de Jesús : ¿Quién soy yo para tí ?, no caben ya respuestas aprendidas. A medida que vamos personalizando la fe en Jesús Mesías, Hijo, Siervo... vamos también perfilando, discerniendo nuestra respuesta. La respuesta no puede salir ya del catecismo sino de la propia experiencia de seguimiento, experiencia que ha ido cambiando, transformando nuestra manera de vivir y de pensar, y convirtiéndola en Buena Noticia para otros. Nuestra vida entonces hablará no de "mi yo" sino del YO de Jesús que vive en mí, y mi vida será, como la suya, una vida entregada, una eucaristía. Cada mañana abriremos el oído para escuchar como escuchan los verdaderos discípulos, oir lo que Jesús tiene que decirnos y ponernos a realizar un poco más el proyecto de Dios para el mundo y en el mundo.

Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida, y ahí daré mi vida y daré vida.

Cristina María, r.a. Málaga
2009

 

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