Domingo XXIII del Tiempo Ordinario - Sr Beatriz Mengs

(II)

Dios ha creado al hombre para comunicarse con Él, y de ahí la palabra que Dios dirige a su pueblo “Escucha Israel”. Dios sólo espera de su pueblo y de cada uno de nosotros, que estemos dispuestos a escoger una Palabra de vida. “Escuchadme y viviréis” (Is 55, 3) Escuchar a Dios es vivir.

Marcos, nos presenta a Jesús, realizando el milagro de curación de sordera, precisamente después de echar en cara a los discípulos su incapacidad para entender. Una curación en las que tiene que poner más fuerza que en las otras, en la que no basta tocar.

- Mc 7, 31-37 “Effatá” Alguien abrió mis oídos

La sordera está íntimamente unida a la escucha : la sordera hace imposible el lenguaje. Quién no escucha no puede anunciarle. El reproche de Jesús a sus discípulos unos versos después de la curación del sordo son : “si alguno tiene oídos que oiga... ¿también vosotros estáis sin inteligencia ? (Mc 7, 16-18) que es como plantear la cuestión de quien está realmente sordo. ¿No habrá otro tipo de sordera en los que piensan que ya le están siguiendo ?

El que los sordos oigan y a los mudos se les desate la lengua, es un signo de la llegada del Reino. La transformación que vemos en el Evangelio es en palabras de Isaías “el desquite de Dios, que viene en persona”. Su desquite es la curación del sordo, del ciego, del mudo. Los gestos de Jesús dan crédito a sus palabras. Se cumple la Promesa !

- Para contemplar :

· Contemplar como el sordomudo que soy yo mismo, es llevado a Jesús y luego Jesús lo aparta de ellos. Ver la dificultad para orientarse, para tomar iniciativas. Experimentar la dificultad de entendimiento y de comunicación. Experimentar la debilidad. ¿Cuáles son las ataduras que me mantienen bloqueado/a para entender, para anunciar, para ser quién soy, para tomar iniciativas... ?

· Gustar el contacto con Jesús, su ternura al tocarme, su cercanía a mi debilidad, su acción curativa en mí. Sentir la fuerza de Jesús al gritar : “Abrete”, una fuerza que hace que desata las ataduras que no me dejan escuchar.

· Escuchar a los otros decir : “Todo lo ha hecho bien” que es como reconocer que Dios en persona viene a salvarnos. Con palabras de Isaías, los que dicen esto son “los cobardes de corazón” que comienzan a reconocer en Jesús al Enviado de Dios.

· Ver a Jesús en el momento de curar Jesús, levantando los ojos al cielo y suspirando. Su gemido es un movimiento profundo de llamada a Dios. Reconocemos su vuelta al Padre para encontrar en Él el soplo que devuelve la vida y que libera para capacitarnos para seguirle. Sólo los que son testigos de esto, pueden anunciarle. Nadie guarda silencio porque la acción de Dios, se irradia.

· Hacernos conscientes de nuestras sorderas. Como el Dios de Jesús en el AT, estamos llamados a escuchar “el clamor de su pueblo” Hay muchas barreras en la sociedad que nos insonorizan y no nos permitan que nos llegue el sufrimiento de los demás, sus vidas, sus alegrías y sus penas. Se nos paraliza la lengua y tartamudeamos al anunciar lo que nos hace vivir

· Que resuene hoy en nosotros la palabra : “Abrete” y que nos hagamos la pregunta en este domingo : ¿A qué me llamas Señor ? ¿Qué debo anunciar ? Y descubramos como Mª Eugenia que el camino de la santidad no es sino escuchar, obedecer, confiar en su Palabra.

S. Beatriz Mengs, r.a.
Europa del Norte

2009

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