Domingo XVIII del Tiempo Ordinario

(I)

En el Evangelio de este domingo Jesús nos dice : no trabajéis por la comida que se acaba, sino por el alimento que permanece y os da vida eterna. Reflexionando sobre esta frase tenemos que remitirnos a la forma de hablar de la cultura semita. La primera parte de la frase se refiere al aspecto negativo, para acentuar con más fuerza a continuación aquello que se quiere expresar. Dicho de otra manera, Jesús no desprecia el trabajo de nuestras manos, que nos asegura la supervivencia, sin embargo éste no puede ser comparado con el objetivo de una vida en plenitud.

En el relato del Éxodo constatamos, la preocupación de Dios por su pueblo peregrino en el desierto al que alimenta con el maná. Aquí se está queriendo expresar que Dios no sólo se revela a través de sus palabras de sabiduría, sino saciando una necesidad física. Primero había que sostener físicamente al pueblo, para que más tarde pudiese comprender el sentido más profundo del alimento.

Las lecturas de la liturgia de este domingo nos muestran la entrañable misericordia de un Dios sensible a las necesidades primarias de sus hijos, pero su misericordia va más allá, en el deseo de que el hombre se abra a su Palabra como alimento de vida. El maná que sacia el hambre físicamente hablando, se convierte en el Evangelio en pan de vida, en el verdadero pan bajado del cielo. El hombre tiene hambre de algo más, a pesar de no saber formular exactamente de qué. Pero el Dios Compasivo, que conoce las entrañas del corazón del hombre, nos regala al Hijo como Pan de Vida capaz de saciar el hambre más profunda del corazón humano.

Por último el Evangelio nos muestra la dificultad de los judíos para aceptar la condición divina de Jesús. Este es Jesús, el Hijo de José. Nosotros conocemos a su padre y a su madre : ¿cómo dice ahora que ha bajado del cielo ? Ante semejante reproche Jesús no echa un discurso sobre su origen. Para Juan la explicación histórica del origen de Jesús de Mateo y Lucas, está sobrentendida y él apela a la fe de los que le escuchan con otros argumentos. El origen divino no se puede demostrar biológicamente. En el origen divino de Jesús y su venida del Padre sólo cabe creer, y la fe es un don. “Creer” en Jesús significa así mismo “venir a Él”, abandonar nuestra antigua manera de vivir y entrar en una vida fundada en la verdad.

S. Beatriz Mengs, r.a.
Europa del Norte

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