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Domingo XVII del tiempo ordinario - Sr Cristina María

Année liturgique 2015-2016 [C]

Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos
(Salmo 137)

La liturgia de este domingo nos presenta la actitud de Dios, siempre atento a las personas y lugares que solicitan su compasión y su misericordia. Atento y dispuesto a manifestarse como quien es : el Dios, rico en misericordia, siempre dispuesto al perdón.

La primera lectura de este domingo es la continuación del anterior. Se trata del célebre relato de la destrucción de Sodoma y Gomorra, las ciudades con fama de depravadas en el valle del Siddim, en el sur del Mar Muerto. La Biblia lo llama el mar de la Sal, y popularmente se le conoce por Muerto desde el tiempo de los griegos, porque no hay vida debido a la gran densidad de sal.

La lectura de hoy viene a poner de manifiesto la intercesión de Abrahán a Dios por los justos. El hombre de todos los tiempos, y muy especialmente el de la antigüedad, recurre a lo divino frente a las leyes de la naturaleza que se presenta tan atroz en momentos determinados. Dios y Abraham están interesados por esta ciudad. Abraham porque quiere salvar a su sobrino Lot que vive allí con su familia : de ahí que su oración sea intensa. Y, por otra, Dios, un juez intachable que no puede quebrantar la justicia destruyendo a los inocentes junto con los culpables. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (Ezequiel).
Abraham en su diálogo con Dios entra en un terreno mercantil. Y en ese diálogo Dios dechara que hará justicia aunque haya pocos justos, uno solo, pero una justicia atenuada ampliamente por la clemencia, la misericordia, el perdón, la tolerancia. La palabra de hoy nos transmite la identidad de nuestro Dios : el Dios del perdón y de la misericordia. Dios está dispuesto a perdonar a toda la ciudad. Así es el corazón de nuestro Dios. Como Abraham también nosotros seguimos necesitando acercarnos a Dios y acercar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo al Dios rico en misericordia. Dios siempre está a favor de los que se acercan y claman a El.

El salmo 137, nos lleva a la acción de gracias por la misericordia y la lealtad del Señor. Cuando le invocamos, nos escucha. Porque el Señor, grande y sublime, se fija en el humilde, y conoce nuestro corazón. Y cuando caminamos entre peligros, nos conserva la vida ; extiende su brazo y su derecha nos salva. El Señor completará sus favores con nosotros. Por eso no tenemos más que proclamar día y noche : Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.

Seguimos leyendo la Carta a los Colosenses como segunda lectura. El texto de hoy es un texto bautismal, una pequeña catequesis sobre el bautismo cristiano, sobre el efecto de este sacramento : nos incorpora al misterio de Cristo, a su muerte y resurrección. Y nos dio y nos da la vida en Cristo. Por el bautismo pasamos a ser propiedad de aquel en cuyo nombre se celebra este sacramento, es decir, somos propiedad de Dios y de Cristo Jesús, en el Espíritu. El bautismo es un signo visible de esta realidad invisible y fundamental, que nos hace participar en la muerte y resurrección del Señor Jesús. Una participación real por el sacramento. Pero este gesto, esta gracia que recibimos tiene que ir acompañado de un acto sincero y total de fe en el poder de Dios, que resucitó a Jesús de entre los muertos y que por medio de El nos da vida, y una vida siempre nueva. En la resurrección de Jesús, toda la humanidad es llamada a la resurrección y a la vida. Nos dio vida en Cristo, y nos la sigue dando por la gracia del perdón y la grandeza de su corazón.

El texto del Evangelio de Lucas recoge una hermosa catequesis sobre la oración, colocando en el centro la oración del Padrenuestro. Lucas ofrece una catequesis a aquellos que necesitan aprender a orar. Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo : “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”. A lo largo de su vida, Jesús fue un hombre de asidua oración ; no rompió nunca ese diálogo con su Padre. Se pasa con frecuencia las noches en oración. Y precisamente este gesto repetido de oración es el que impulsa a los discípulos a rogarle que les enseñe a orar. Porque han visto la práctica de Jesús tienen la confianza de pedirle que les dé una lección sobre el contenido y la forma de hacer ellos lo mismo. 

Cuando oréis, decid : Padre... En primer lugar, el Padrenuestro sintetiza los mejores ideales por los que vivió y murió Jesús. Estos son los valores que le apasionaron y le impulsaron al ministerio evangelizador y al don de la vida en totalidad. En segundo lugar, Jesús quiere introducir en su intimidad con el Padre a todos los discípulos de todos los tiempos. Esta oración la enseñó Jesús a sus discípulos. Jesús invita a sus discípulos y nos invita a cada uno de nosotros, sus hijos, a invocar a Dios con el nombre de Padre. A pedirle que su nombre sea santificado llevando a cabo su proyecto de vida y felicidad para nosotros, para la humanidad. A desear la venida del Reino en el que el Padre será el Padre de todos creando una comunión universal. Y a pedir todo aquello que necesitamos para nuestra vida humana y nuestra vida como discípulos : el perdón de las ofensas recibido de Dios y concedido al hermano ; la petición de no sucumbir en la tentación es la garantía de conseguir una meta feliz. Esta oración conserva hoy su frescor y atracción.
 La oración es un ambiente vital en el que crece y se desarrolla la vida del discípulo. La oración es un quehacer de todos los días, en todos los lugares y en todas las situaciones. Si es un diálogo íntimo con el amigo, con el Padre y con el Huésped del alma, es posible realizarla siempre y en todo lugar. Hay que perseverar en ella. Al final, siempre tiene su fruto la oración. El Padre del cielo sabe dar cosas buenas, lo mejor, lo bueno por excelencia : su Espíritu. Entremos pues en esta oración hasta que llegue a ser el ambiente el que somos y existimos.

Cristina María, r.a.
Madrid - España

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