Domingo XIII - Sr. Cristina María

Année liturgique 2012-2013 [C]

Sígueme : llamada, escucha y compromiso

La Palabra de Dios que se nos ofrece hoy tiene un tema común : la vocación en libertad. Para ser libres nos ha liberado Cristo… Hermanos, nuestra vocación es la libertad ; no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud, dice Pablo.

Para ser libres Cristo nos ha liberado : La clave de la narración de la primera lectura es la libertad con la que uno ha de decidir el seguimiento. Elías pasó al lado de Eliseo y “le echó el manto”. El manto simboliza la personalidad y los derechos de su dueño. Elías adquiere así un derecho sobre Eliseo. Y tenemos esa preciosa escena descrita con todo detalle. Hijo de un hacendado (tenía doce yuntas en fila y Eliseo va con la última, la suya) no duda en seguir a Elías pero prefiere no dejar cuentas detrás. Elías deja a Eliseo que lo siga en libertad. : “Vete y vuelve”. ¿Quién te lo impide ? Eliseo responde cogiendo su yunta de bueyes, la sacrifica haciendo fuego con los aperos como leña. Eliseo “quemó la naves”, su carrera, su trabajo, su futuro. Dio un banquete a los suyos, se levantó y se marchó tras Elías y se puso a su servicio sin echar la vista atrás. Eliseo decide con toda libertad seguir al profeta, ponerse al servicio de Yahvé. De ahí la respuesta del salmo : El Señor es mi lote y mi heredad. La vocación profética de Eliseo es vocación de entrega total : dejar todas las posesiones para que el Señor sea su único lote. Esta fue la vocación de Cristo, y es la del cristiano que quiere serlo hasta sus últimas consecuencias.

Hermanos, nuestra vocación es la libertad ; no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. No sólo la libertad para seguirle sino también el ser libres de toda atadura. La libertad del seguimiento sin ataduras aparece con claridad en los tres ejemplos del Evangelio de hoy. Jesús está en camino –es como Lucas nos presenta a Jesús en su Evangelio-, siempre en camino. El estar en camino para Jesús fue recorrer un camino real, nada ficticio. Jesús ha descubierto en su oración, en su intimidad con el Padre, que tiene que encaminarse hacia Jerusalén. Tiene que pasar por Samaria sabiendo la enemistad que había entre judíos y samaritanos. En Samaria, en Garizin, está para unos el lugar de adoración a Yahvé. En Jerusalén lo está para otros. Santiago y Juan, judíos ellos como Jesús, no comprendieron que Jesús atravesase ese lugar de conflicto. Y Jesús, en camino, quiere explicarle que para seguirle hay que aprender también a convivir con los samaritanos, y que seguirle no es fruto de un sentimiento, por hondo que sea, de un momento sino que es el fruto que proviene de entrar en una escala nueva de valores, los de Dios y su Reino, y tener estos valores como valores supremos. Desde estos valores, hermanos, nuestra vocación es la libertad ; no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud.

Tres veces aparece en el texto de hoy bajo formas diferentes el seguir : Te seguiré, Sígueme, Te seguiré. Y Jesús presenta con toda claridad que el camino cristiano no es ni más ni menos que el camino de Cristo. Camino como tarea y como manera de vivir. Nos vamos haciendo discípulos cada día, reemprendiendo con un corazón nuevo y una mirada nueva, el camino de Jesús para que nuestro vivir sea como el suyo.

Dios nos llama a todos en distintos momentos de la vida a decidir nuestro rumbo como respuesta a su llamada con un corazón “entero”. Seguir a Jesús en este mundo real no puede hacerse si no es poniendo a Jesús por encima de valores tan brillantes como el oro o tan entrañable como el afecto familiar. El cristiano necesita esta libertad para caminar. Para llegar a esa libertad nos ha liberado Cristo. Nadie puede a seguir el camino de Jesús mirando todo aquello que le da seguridad. Quien no renuncia a todo eso no es apto para el Reino de Dios.

En el fondo del Evangelio resuena la oración que el piadoso judío hace varias veces al día. Jesús también la hacía : Escucha, Israel : El Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas.

Que en nuestro camino de seguimiento de Jesús no dejemos de escuchar y repetir esta oración. Que cada día estas palabras sean la oración que vaya orientando nuestros pasos tras el Señor Jesús. Y que ahí encontremos la verdadera libertad.

Cristina María, r.a.
Málaga, España


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