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Domingo VI del tiempo de Pascua - Sr. Ana Alonso

Année liturgique 2016-2017 [A]

Invoquemos al Espíritu Santo para que nos ilumine y podamos hacer vida sus Palabras de vida en nuestra vida.

El texto que la Liturgia nos ofrece para este domingo está dentro del discurso de despedida que el evangelista san Juan presenta en el cuarto Evangelio. Jesús sigue instruyendo y despidiéndose de sus discípulos. Parece que la clave de esta parte del discurso es el amor. El amor es el hecho que permite guardar los mandamientos. El que guarda los mandamientos muestra su amor al Señor. Pero, amar al Hijo entraña otro amor, el del Padre. Un amor lejos de sentimentalismos, un amor que está asentado en el amor del Hijo entregándose hasta el final por cada uno de nosotros. En este pasaje el amor está unido a la obediencia y la obediencia tiene como fundamento la escucha. Las palabras que nos dice el Señor las debemos guardar con toda nuestra alma, corazón y fuerza. Las debemos escribir, guardar y contar a las generaciones futuras (Dt 6, 4-9). Los mandamientos son algo más que simples preceptos o normas están unidos a la vida y a la vida por amor. Guardar según el Evangelio, no es una actitud fría o distante, requiere compromiso.

Jesús, en este pasaje, se sigue dando a conocer a sus discípulos. El amor de Jesús sigue intercediendo y en sus palabras se nos dice que va a pedir al Padre un intercesor. Muchos han sido los nombres dados al Espíritu Santo y con ellos podemos traducir lo que significa Paráclito : consolador, defensor, abogado y ayudante. Un nombre para cada situación de nuestras vidas. La finalidad del Espíritu es permanecer con nosotros. Jesús fiel a su Palabra envía su Espíritu, es él el que anula la orfandad. El aliento del Espíritu nos hace hijos. El Señor nunca se olvida de sus fieles nos lleva tatuados en sus palmas (Is 49 14-16). Debemos notar la insistencia que Jesús hace en el “vosotros”, detrás de ese vosotros siempre hay un tú en el que podemos poner nuestro hombre.
Es igualmente interesante ver como el Espíritu está relacionado con la Verdad. El mismo Jesús, en el versículo 6 de este mismo discurso, se ha definido como Verdad. La morada del Espíritu Santo está dentro de nosotros. Él ha construido su morada en nosotros. Permanece en nosotros y no hay vida plena sin esa unión con Él.

Que el Señor nos ayude a cumplir sus mandatos por amor. Queremos permanecer en su amor y darle las gracias por no dejarnos huérfanos. Que su Espíritu, que mora en nosotros, nos ayude a amar al mundo en Verdad sirviendo a los hermanos.

Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca- Casita


Lectura del santo evangelio según san Juan 14,15-21

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