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Domingo Ordinario - Sr Beatriz Mengs

Année liturgique 2010-2011 [A]
A lo largo de su vida, Jesús tuvo buenas relaciones con algunos fariseos, y con ellos contrastó sus convicciones. Es posible que las opiniones divergentes de Jesús, manifestadas en las conversaciones con ellos, tendieran a buscar la recta comprensión de la voluntad de Dios. No existía una ruptura entre Él y la tradición judía, sino un modo especial y diferente de interpretar. Tras la catástrofe de Jerusalén el judaísmo había sobrevivido gracias a los escribas y fariseos, que abandonando la antigua tradición habían circunscrito toda la vida en prescripciones estrictas.
 
En este capítulo 23 del evangelio de Mateo, Jesús no se dirige a los fariseos, sino a la comunidad cristiana. Mateo no está tratando de criticar a los fariseos, sino de llamar la atención sobre el peligro que puede extenderse en las comunidades religiosas : ocultarse bajo prescripciones y mandamientos, abusar espiritualmente de los demás bajo el propio provecho, desviando la propia debilidad humana con actitud moralizante, cargando la culpa a los demás, la culpa que uno mismo no puede soportar.
 
Como hoy, existe siempre una ruptura entre la realidad y la ley.
El peligro del endiosamiento, la autoafirmación y la posesión de la verdad que sirven para someter sin dejar crecer, la falta de interés por la persona y la incapacidad de compartir su vida, colocándose por encima de los demás, todo ello son peligros de ayer y de hoy para los que elijen adentrarse en el camino de la búsqueda de Dios.
 
Nuestro mensaje, ¿está orientado a compartir realmente las necesidades y preocupaciones de los hombres ? ¿vivimos por el contrario encerrados en prescripciones que nos aseguran un puesto elevado entre los demás, creyéndonos mejores ?, ¿vivimos replegados en códigos de comportamiento aprendidos para contenernos y defendernos por temor a perder algo ?
 
Sólo hay un camino que nos libera del narcisismo religioso y del sentimiento de utilizar a Dios para nuestro propio bienestar : abrirnos a la Fuente y reconocer al Único Maestro. Soltar las ataduras a las que vivimos aferrados, situándonos ante los otros en nivel de hermanos. Sólo al Maestro y Padre le debemos la vida. Escuchamos la voz de Aquel que nos susurra en nuestro interior : -Haceos libres, sin vincularos a nada ni nadie que os haga dependiente para su propio provecho. Creced desde la Fuente, colocándoos en el lugar de los pobres y humildes de corazón, para ser engrandecidos y descubrir más y más de Quien os recibís.
 
Beatriz Mengs, ra
Europa del Norte

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