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Domingo IV de Pascua - Sr Cristina María

Année liturgique 2016-2017 [A]

El tiempo de Pascua va avanzando y nos va dejando signos de la fuerza resucitadora del Señor Jesús en nuestras vidas. En el cap. 10 del Evangelio de Juan, que leemos hoy, encontramos algo que no estaba presente en los capítulos precedentes de su Evangelio : hay una comunidad de discípulos en torno a Jesús, que camina con El. De esta comunidad El, el Pastor, la cuida y dará la vida por ella, sus discípulos, y por todos, nosotros. Jesús tras su Resurrección es el que reúne, el que da vida, el que conduce hacia las fuentes de agua viva.

En este Capítulo 10, Jesús empieza presentándose como la PUERTA, una puerta que está siempre abierta, que acoge a los que quieren acceder por ella para encontrarse con El, como el Pastor que es el centro, el que unifica y el que da vida. Al que quiere entrar se le abra la puerta, entra y oye la voz del Pastor que llama a cada uno por su nombre ; las saca afuera, camina con ellas, va a la cabeza y las “ovejas le siguen porque conocen su voz”.

Pedro, en su primera carta, nos dirá que a nosotros nos toca seguir las huellas de Jesús, hacer lo que El hizo, vivir como El vivió y llevar a los que caminan con nosotros hacia la Fuente y hacia la Puerta de la Vida, una Puerta siempre abierta. La puerta de la morada de Job “estaba siempre abierta al caminante” (Job 31, 32) como ese gran signo de HOSPITALIDAD. En el Bautismo de Jesús, se abre el cielo y El mismo viene a ser la verdadera Puerta que lleva a los pastos de vida ; el don de Dios y nuestras vidas ofrecidas entran y salen. Jesús Resucitado nos ha abierto la Puerta para siempre.

La liturgia de este Domingo IV nos lleva a rumiar tantas palabras de Jesús que nos hacen entrar en nuestro interior, en nuestro propio corazón, y dejarnos alcanzar por esa voz interior que con una gran sabiduría nos va conduciendo. Palabras como “Yo soy la Puerta”, “Mi Reino está dentro de ti”, acoge ese “tesoro que tienes dentro”… nos están invitando a acercarnos al umbral de la Puerta, a encontrar pastos vestidos de verdor, a admirar la belleza de ese Dios que quiere hacernos partícipes, cada vez más profundamente, de su misericordia : “Para que tengamos VIDA en abundancia.” (Jn 10, 10) Estamos llamados a tener vida en abundancia y a transmitir vida en nuestro entorno.

Entremos por la Puerta, acojamos la Palabra de Aquel que nos llama, saboreemos el don de las verdes praderas y quedémonos un poco en ellas. Juan de la Cruz, con su poesía, nos invita a ello :

“Gocémonos, Amado
Y vámonos a ver en tu hermosura
Al monte y al collado,
Do mana el agua pura ;
Entremos más adentro en la espesura.”

Que el Señor nos conceda esta gracia : entrar por la PUERTA en la espesura del don de Dios.

Sr Cristina María, r.a.
Madrid


Domingo IV de Pascua (A)
Hechos 2, 14ª.36-41
I Pedro 2, 20b-25
Jn 10, 1-10

“Yo soy la PUERTA”
(Jn 10, 9)

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