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Domingo IV de Cueresma - Sr. Cristina María

Année liturgique 2016-2017 [A]

Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo

La liturgia de este 4º domingo de cuaresma - “Domingo de laetare”, es una liturgia llena de luz y de alegría. Estamos en la mitad del camino pascual y se nos concede vislumbrar algo de la noche de pascua : noche de luz y de gozo. Esta liturgia de hoy nos regala unos textos de la Palabra de Dios que van a iluminar nuestro camino hacia la luz de la Resurrección. Pascua es Luz y Pascua es Gozo.

La primera lectura nos presenta a Samuel que dejándose guiar por Yahvé va entrando en la manera de ver de Dios, en esa mirada de Dios que no se queda en las apariencias sino llega al corazón. Guiado por este criterio de discernimiento, Samuel unge al más pequeño de los hijos de Jesé, el que será el rey David. El Pastor, el que guía al pueblo de Israel, es siempre el mismo : Yahvé. Y sus enviados reciben de El la fuerza y el espíritu para conducir a ese pueblo por el camino que El va indicando, llevándolo hacia la LUZ. Y así va escribiendo la historia de la salvación. Nuestra historia de creyentes se enraíza en estas acciones continuas de Dios.

En la segunda lectura - de la carta de Pablo a los Efesios- el tema central es la LUZ : Hermanos, en otro tiempo eráis tinieblas pero ahora sóis luz en el Señor : vivid como hijos de la luz cuyo fruto es la bondad, la rectitud y la verdad”. Pablo alude al bautismo que hace de nosotros “hijos de luz”, una luz que se transforma en actitudes de benevolencia, respeto al derecho del otro, sinceridad en las palabras y en las acciones. Vivir así es ser luz para los otros, una luz que va iluminando las tinieblas que pueden existir en el discípulo de Cristo.

En el texto del Evangelio, la narración de la curación del ciego de nacimiento, aparece en el contexto de la fiesta de las Tiendas durante la cual Jesús se revela como LUZ (Jn 7-10), como la luz del mundo. La fiesta de las Tiendas recordaba el camino largo y difícil del pueblo de Israel por el desierto, en el que Yahve guiaba y bendecía al pueblo con las cosechas.

En el encuentro del ciego de nacimiento con Jesús, el ciego no pide nada. Jesús le mira y ante la pregunta de los discípulos : ¿por qué nació ciego este hombre ? ¿Fue por un pecado suyo o de sus padres ?, Jesús se limita a desvincular la ceguera del hombre de pecado alguno.

La ceguera indica más bien la situación natural de los hombres. Todos somos ciegos de nacimiento. Y el que puede curar, Jesús, toma la iniciativa y hace unos gestos que recuerdan la primera creación para indicar que para que el hombre pueda ver la luz necesita una nueva creación. A diferencia de Adán, el ciego obedece a Jesús, va a lavarse a la piscina (cuyo nombre, Siloé, significa enviado) y en su nuevo encuentro con Jesús, Jesús le pregunta : ¿Crees en el Hijo del Hombre ? Y el ciego pregunta : Dime, Señor, quién es para que crea en El. Y a la respuesta de Jesús : Lo estás viendo… el ciego pronuncia un acto de fe en Jesús : Creo, Señor, y se postró para adorarle, para dar gloria a Dios. El ciego recreado no puede hacer otra cosa que dar gloria a Dios.

Se pueden hacer muchas lecturas de este Evangelio. Una de ellas : el ciego es un alegoría del discípulo a quien Jesús, por su poder, abre los ojos. Aquel ciego podemos ser cada uno de nosotros. Tenemos zonas oscuras a las que todavía no ha llegado la luz de Cristo ; tenemos nuestras propias cegueras, nuestras búsquedas en medio de muchas oscuridades, nuestras torpezas para discernir lo mejor…

Pidamos al Señor Jesús, nuestro Pastor, que guíe nuestras vidas, que nos conduzca por caminos rectos por honor de su nombre, que en los valles sombríos recordemos que El va con nosotros, que su vara y su cayado nos sosiegan e iluminan nuestros pasos y senderos.

Sr Cristina María, r.a.
Madrid - España

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