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Domingo III del tiempo de Pascua - Sr Ana Alonso

Année liturgique 2015-2016 [C]


Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 1-19 :
Al comenzar nuestro acercamiento a la Palabra de Dios propuesta para este domingo de Pascua invocamos al Espíritu Santo para que nos acompañe.


Ven, Espíritu Santo, y convierte mis oídos, mi corazón, y toda mi persona en tierra buena capaz de acoger la Palabra, como una semilla, y hacerla germinar.
Ven, Espíritu de la Vida, desciende y derrámate sobre mí, como una llovizna suave se derrama, penetra, refresca y fecunda un campo destinado a dar fruto.
Ven, y ayuda el leve pero continuo crecimiento de mi ser, hacia la criatura nueva, hecha a imagen de Jesucristo, mi Maestro y mi Señor.
Amén.


El texto de hoy nos sitúa en un relato de apariciones de Jesús resucitado a los discípulos, y también a nosotros, en el mar de Tiberíades, lugar ya mencionado en san Juan cuando habla de barcas llegadas desde Tiberíades al lugar de la multiplicación de los panes (Jn 6, 23). También este Evangelio evoca la llamada de los primeros discípulos que están presentes en el relato, la multiplicación del pan, y por último, a la noche de la pasión del Señor y las negaciones de Pedro.
Nos puede llamar la atención la gran cantidad de detalles que encontramos en este pasaje ; además, los detalles son precisos. Nos dice que estaban siete discípulos a orillas del lago. Habían vuelto, quizás desconcertados por los últimos acontecimientos que habían vivido, a sus ocupaciones anteriores. Habían vuelto a pescar. Pedro toma la iniciativa de salir a faenar, los otros seis también aceptaron la propuesta de Simón Pedro. Toda la noche en la brega y no habían pescado nada. Al llegar a la orilla se encuentran con Jesús pero todavía no le habían reconocido. Además empezaba a amanecer. Se dirige a ellos con la palabra “muchachos” que denota conocimiento y preocupación. No habían pescado nada y no tenían nada que comer. En medio de esa desazón atienden y obedecen el mandato del Señor de volver a echar las redes. Siguen las indicaciones ; Jesús se las dice desde la orilla. Desde lejos o con cierta distancia se ven las cosas con otra perspectiva. Incluso, algunos expertos, dicen que desde cierta distancia los bancos de peces se divisan mejor desde la orilla. Se fían de las Palabras de Vida del Señor, son espíritu y vida.
Juan una vez más, igual que en la mañana del día de Pascua, es más rápido a la hora de reconocer al Señor. Pedro, que estaba desnudo, se lanza al agua como si quisiera llegar rápido a la orilla para estar con el Señor. Los otros discípulos regresan con la barca y la abundante pesca. Los detalles del texto se siguen desgranando.
 
Si nos detenemos en el número de peces que lograron pescar después de haber escuchado la indicación del Maestro es que eran muchos y grandes. Algunos comentaristas ven que este número son los 10 mandamientos más los siete sacramentos multiplicados dos veces por las tres personas de la Trinidad. Otros vislumbran aquí el éxito misionero.
Antes, Jesús se había dirigido a ellos con preocupación. Ahora les ha preparado un almuerzo que sin duda repara sus fuerzas mermadas del trabajo. Los invita a que vayan a comer. Podemos evocar el momento de la llamada al seguimiento del Señor donde también hubo una invitación. Ahora la vuelve a haber. Ya lo habían reconocido, su entendimiento y su corazón se habían ido abriendo a su Señor. Cuando parte el pan y les da el pez, estos gestos le resultaban familiares. Pedro delante de un fuego niega al Señor pero ahora delante de unas brasas va a ser reparado, refundado como piedra.
Jesús no pretende avergonzar a Pedro. Le pregunta tres veces si lo va a seguir, en la última pregunta se nos da otro detalle más. Pedro se entristeció y le responde que sí. Y además dice que el Señor lo sabe todo, conoce su pasado y le está ofreciendo un futuro como pastor de un rebaño. El Señor vuelve a llamar a Pedro en el mismo entorno que la primera vez. La llamada se vuelve a reafirmar después de todo el camino que habían hecho juntos : seguimiento, traición, lágrimas, perdón, amistad, falta de fe, audacia y seguimiento. Jesús perdona al líder, al que toma la iniciativa de ir a pescar. Pedro se siente libre de resentimiento y se siente capacitado para la nueva misión.
Podemos pedir al Señor que la luz pascual nos ayude a reconocerlo cercano a nosotros, preocupado y ocupado en cada uno de nosotros. Reavivar todos los recuerdos que tenemos en la memoria de nuestro corazón de los gestos y momentos en los cuales hemos reconocido al Señor de nuestra vida. También en este año de la Misericordia podemos exclamar con Pedro, con Santa María Eugenia, con tantos testigos anónimos : Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te amo. Y en acción de gracias exclamar : ¡porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos ! (Hechos 4,12)


Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca-Casita, España

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