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Domingo III del tiempo de Cuaresma : Sr Ana Alonso

Année liturgique 2015-2016 [C]


En nuestra peregrinación por el año litúrgico nos encontramos ya en el tercer domingo de Cuaresma, seguimos subiendo a Jerusalén acompañando a Jesús. La perícopa que hoy vamos a meditar es del Evangelio de Lucas y en ella encontramos dos historias y una palabra común en ambas : la conversión. Pidamos al Espíritu que sea su don de entendimiento el que nos ayude a entender la Palabra para seguir haciéndola vida en nuestro día a día.


Unos hombres habían llegado y cuentan a Jesús la última noticia. Unos galileos habían muerto y su sangre había sido mezclada por Pilato con la de los sacrificios. Había también otro acontecimiento de actualidad de la zona que Jesús también menciona : sobre 18 hombres se desplomó una torre en Siloé. Para el pensamiento judío era común asociar las desgracias al castigo de Dios. Jesús desmonta esta idea y lo hace hablando de conversión. Menciona esta palabra como condición de posibilidad para no perecer. Jesús nos va explicar, como hace Él, con una parábola en qué consiste eso de la conversión. Jesús lleva a “todos los que habían llegado en el momento” a un paso más allá en la compresión de la actualidad. Los escucha pero los hace ir a algo más profundo que la preocupación por el simple hecho. Los sitúa en el plano de la conversión personal y concreta.


En la parábola primero explica que es eso de la conversión : el hombre, dueño de la viña en la que tenía una higuera va a buscar el fruto que naturalmente le correspondía. En Israel muchas veces la viña es usada, tanto para indicar el cariño que Dios tiene hacia su pueblo o como falta de correspondencia de parte de la gente hacia el amor de Dios. Llegó y no encontró nada. El dueño deja claro que es un dueño paciente : hacía tres años que iba y no encontraba ningún fruto. Manda al viñador que la corte. Y lo hace de una forma tajante : “Córtala”. Está ocupando terreno que puede producir más, o algo de fruto al menos. El viñador, el trabajador que ve a la higuera día a día, pide más tiempo. Un año en el cual seguirá trabajando, si cabe con más ahínco, la cavará y abonará. Si da fruto, bien, pero si no la posibilidad de que sea cortada es posible. Ese “año de gracia” será aprovechado para trabajar en la higuera, para ayudarle a que dé fruto. De la explicación de Jesús vemos que el cómo de la conversión es que exige tiempo, el tiempo genera cambio. La conversión es paciente y la paciencia se gesta en el tiempo. Pero aquí estamos hablando de un tipo de paciencia que excede a nuestra compresión. Es paciencia divina y la Misericordia de Dios se expresa en la espera. La espera del Padre que va sale a buscar al hijo que había decido irse y luego volver. Es este camino cuaresmal donde resuenan con fuerza las Palabras “no quiero la muerte del pecador sino que cambie de conducta y viva”. Una vez más el Señor no puede desdecirse a sí mismo ; ha sido bueno con su tierra y ha reprimido el incendio de su ira. Si seguimos con el salmo 84 tenemos que escuchar lo que él nos dice. Que anuncia la paz a su pueblo y sus amigos y a los que se convierten de corazón. La manera de encontrar la vida y alejarse de la muerte es la conversión. Contamos con la paciencia divina, con el tiempo, con el aliento del Espíritu. En nuestra petición final podemos acoger la invitación a esperar y a trabajar para dar fruto, es la misma petición que expresa el viñador en la parábola. Esa invitación a esperar está iluminada de esperanza. Y no nos podemos olvidar que fe, esperanza y amor están contenidos en la espera. A lo largo de nuestra vida contamos con oportunidades de volvernos a Dios, somos libres de volvernos a Él con todo nuestro corazón y nuestra alma y buscar al Señor. El papa Francisco nos recuerda en la Bula de la Misericordia que ¡Este es el tiempo oportuno para cambiar de vida ! Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón. Y de dar fruto en la Presencia del Señor y para los hermanos con los que compartimos la vida. Al final de nuestra oración podemos terminar en acción de gracias por la compasión y misericordia de nuestro Dios.


Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca



Lectura del santo evangelio según san Lucas 13,1-9


La imagen es de Fano : Patxi Velasco Fano, es licenciado en Psicología y Diplomado en Magisterio en la especialidad de Pedagogía Terapéutica ha ejercido su carrera profesional como educador y maestro en centros de compensación educativa. Además de su actividad docente, es uno de los ilustradores más reconocidos del panorama religioso actual, firmando bajo el seudónimo de FANO. Sus dibujos, que surgen de su oración personal, transmiten profundidad, colorido y vida. Según sus palabras “dibujar en un don de Dios que me ayuda a expresarme”.


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