Domingo II de Cuaresma - Sr. Beatriz Mengs

Carême - Lent - Cuaresmo

En este episodio del monte Tabor que Marcos recoge en el capítulo nueve de su Evangelio, Jesús queda transfigurado ante los ojos de sus discípulos. De pronto, estos caen en la cuenta de que Jesús es diferente de lo que habían creído hasta entonces. Ahora se revela como es, le reconocen como hijo de Dios. Este episodio se refiere a nosotros, a todo ser. Jesús es el prototipo del cual Dios se sirve para revelarnos el misterio de su encarnación.

 
El monte, la luz, el blanco de las vestiduras… colores que nos colocan en el ámbito de lo divino, de lo que está más allá de lo que percibimos a simple vista. Y por ello, de algún modo, descubrimos dos invitaciones : una a vivirnos a conectados conscientemente con el Misterio último de lo Real. Por otro lado, la invitación a reconocer esa Realidad que es Dios como la que nos constituye y nos hace ser.
Y Pedro dice : - Qué bien se está aquí. Vamos a hacer tres tiendas.
Efectivamente, los discípulos se reconocen ¨en casa¨, porque les ha sido revelada la Fuente del Misterio que todo lo origina, esa Fuente que constituye su identidad. Es como recordar algo que habíamos olvidado, recordar de pronto nuestra verdadera identidad. Y recordar es iniciar el camino de vuelta a casa, de vuelta al origen que nos constituye.
Ahí, nos reconocemos hijos con el Hijo y amados con el Hijo Amado. Claro que sí, es a esto a lo que estamos llamados, a nacer continuamente en esa consciencia de hijos, a sabernos surgiendo con el Hijo de la misma Fuente originaria de todo lo que existe.
 
Y esto nos asombra y nos sobrecoge, porque nos hace reconocernos ya un poco resucitados. Esta Plenitud de resurrección ya está aquí y ahora, aunque con frecuencia se nos escape.
 
Pero vivamos despiertos, porque la expresión de las ¨tres tiendas¨ como con frecuencia ha señalado la tradición, se refiere también al deseo de Pedro de instalarse en lo que resulta fácil y agradable, apropiándonos de la gracia dada, o de la riqueza espiritual para beneficio de nuestro ego. Sin embargo la confirmación de nuestras experiencias siempre está en lo cotidiano. Recordamos quienes somos para bajar de nuevo del monte a lo cotidiano, a los conflictos, para abrirnos a los otros en más compasión y servicio, porque hemos hecho la experiencia de sabernos procedentes todos del Uno, de la Única Fuente que nos constituye.
 

Sr. Beatriz Mengz, ra
Vilnius - Europa del Norte

 


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