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Domingo 8 del tiempo ordinario - Sr. Ana Alonso

Année liturgique 2016-2017 [A]

Que el Espíritu del Señor nos acompañe con su don de entendimiento para seguir adentrándonos en sus Palabras de vida y poderlas vivir en nuestro día a día y anunciarlas con nuestro servicio. El relato que la Liturgia nos propone para este domingo está de plena actualidad ya que parte de las angustias del hombre de hoy nos las provocamos nosotros mismos pensando e imaginando el futuro.
El texto del Evangelio está dentro del contexto del Sermón de la montaña (Mt 5,1 – 7,12). Por lo tanto Jesús sigue predicando y lo hace a sus discípulos con su claridad habitual. Está exponiendo con qué equipaje hay que andar por el camino que Él propone. El hombre que acepta su propuesta de vida no puede servir a dos señores. Aquí podemos pedir con el salmista que aunque crezcan nuestras riquezas no hay que entregarles el corazón (Salmo 61,11). Jesús, profundo conocedor del alma, cuerpo y corazón del hombre hace otra llamada a sus seguidores. No es posible andar agobiados con el futuro, por el mañana. Esta llamada a no agobiarse está al principio del texto y también al final. Jesús habla claro, pero no olvida el realismo de los tiempos y las necesidades. Sabe que tenemos necesidades, él y el Padre lo saben. ¿Cómo nos saca la Palabra del agobio ? Nos hacen mirar a la Creación, nos hace contemplar todo lo que nos rodea. Nos hace salir de nuestros soliloquios interiores y nos muestra la belleza de todo lo creado. Nos inquietamos por todo lo externo y Jesús nos invita a ir más allá. Nos invita a buscar su Reino, a preocuparnos por nuestros hermanos, esos que junto con nosotros también habitan su Reino y son fruto de sus desvelos.
Este pasaje también nos declara, una vez más, el amor incondicional de Dios por nosotros. El Señor es cariñoso con todas sus criaturas (salmo 103, 13) desde los pájaros del cielo hasta los hombres. ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de Él, el hijo del hombre para que lo cuides ? (Salmo 8, 4) Somos la cumbre de todo lo creado, somos los beneficiarios de todo lo creado, el Señor nos ha llamado para ser sus colaboradores.
Soy criatura preciosa. Dios sabe lo que necesitamos, tenemos que confiar, no nos abandonará. Debemos pedir que aumente nuestra fe. En verdes praderas nos hace recostar, y sabemos que también nos ha dicho que podemos ir a Él cuando estamos cansados y agobiados (Mt 11,28).
Pidámosle que su Espíritu, dador de vida, nos infunda fe y aliento para que nuestras fuerzas se centren en Él y seamos capaces de encomendarnos a sus manos. Espíritu de Dios ayudamos a vivir nuestras preocupaciones y agobios sabiendo que nuestras fuerzas no están en nosotros sino en Jesús. Él nos sostiene.

Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca- Casita


  • Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,24-34
  • Postal pintada en el Monasterio Benedictino Nuestra Señora de la Asunción. Rengo. Chile

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