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Domingo 3º del Tiempo Ordinario - Sr. Cristina María

Année liturgique 2017-2018 [B]


"El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca ; convertíos y creed en la Buena Nueva". (Marcos 1, 14)


Después de que Juan fue arrestado, Jesús se acercó a Galilea predicando el Evangelio de Dios y decía : "El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca ; convertíos y creed en la Buena Nueva". (Marcos 1, 14)
La llamada a la conversión la encontramos desde el inicio del Tiempo Ordinario. Una conversión de cada creyente pues todos necesitamos ese proceso de conversión que nos vuelve la mirada y el corazón hacia Aquel que acabamos de celebrar en Navidad y cuya palabra no deja nunca de resonar llamándonos a la conversión. Tampoco los profetas dejaron de utilizarla en su misión. El libro de Jonás es un relato de conversión (primera lectura)
En labios de Jesús convertirse no quiere decir volver atrás, a la antigua alianza y a la observancia de la ley, sino que significa más bien dar un salto adelante y entrar en el Reino, acoger la salvación que ha venido a los hombres gratuitamente, porque Dios ha querido ofrecérnosla en total gratuidad. La salvación que Jesús nos ofrece es un ofrecimiento generoso y gratuito de Dios, de donde brota nuestra conversión. El don de Dios siempre nos precede. 
En esto consiste el "alegre anuncio", el carácter gozoso de la conversión evangélica. Dios no espera que el hombre dé el primer paso, que cambie de vida, que haga obras buenas… La salvación no será nunca la recompensa debida a nuestros esfuerzos. Siempre es don de Dios, su iniciativa de salir a nuestro encuentro y ofrecernos su don. El don es su amor y su gracia. En esto, el cristianismo se distingue de cualquier otra religión : no empieza predicando el deber, sino el don ; no comienza con la ley, sino con la gracia.
"Convertíos y creed". La conversión y la fe no son dos cosas distintas. Ni una precede a la otra. Es la misma acción fundamental : ¡Convertíos, esto es, creed ! ¡Convertíos creyendo ! La fe es la puerta por la que se entra en el Reino. No se trata de realizar obras para entrar, para pertenecer a ese Reino, para vivir los valores del Reino. A nadie le es imposible creer, porque Dios nos ha creado libres e inteligentes precisamente para hacernos posible el acto de fe en Él. La fe es un don de Dios que tenemos que renovar siempre en nosotros.
"Convertirse y creer" significa abrirse a la gracia y creer en ella. La fe nos hace ya hijos e hijas del Reino. Con ella, antes aún de habernos fatigado y adquirido méritos, acogemos ese don de la salvación ; nuestras vidas son, pueden ser si nosotros queremos, un espacio para que se manifieste el Reino de Dios. Y es Dios mismo quien nos invita a hacer ese espacio ; goza cuando acogemos su gratuidad y siente el que tan pocos la acojan. La salvación es una oferta, una invitación a la libertad y a la alegría. Es la « buena noticia » de Jesús a los hombres y mujeres de todos los tiempos. Es la Buena noticia que acogemos en este domingo, buena noticia que nos da una nueva manera de vivir : haciendo vida los valores del Reino.


Cristina María, r.a.
Madrid



Illustration

Jakob Owens

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