Domingo 3 de Adviento

Avent - Adviento
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St John the Baptist
1438
Santa Maria Gloriosa dei Frari,
Venice

La liturgia de este domingo nos presenta en la primera lectura y en el evangelio, dos textos compuestos. El primero, el pasaje de Isaías, está escrito en primera persona. Alguien, el profeta quizá, hace una declaración sobre sí mismo : “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido” Si la palabra ungido quiere decir Mesías y Cristo, tenemos ante nosotros una profecía mesiánica. El Mesías será el Ungido por el Espíritu. El Espíritu está sobre el ungido y lo envía en misión, se trata de una misión de consolación, de compasión, de liberación y de proclamación de la buena noticia de un año de gracia del Señor. Inmediatamente sigue otro pasaje del mismo capítulo 61 de Isaías, que es un grito de gozo. El ungido y enviado a consolar es el que desborda de alegría en su misión porque siente que el Espíritu le reviste y lo envuelve como a un novio o a una novia de trajes de gala y joyas de fiesta. Porque su misión y su envío es justicia, canto y fecundidad para todos los pueblos.

El evangelio de Juan en cambio habla en tercera persona. No es un oráculo, no es una profecía, es una narración. En la primera parte del texto el narrador nos adelanta los hechos : “Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan (“el Señor ha hecho gracia”) : éste venía como testigo para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz”. En este pasaje hay también un enviado, como en la primera lectura, pero es solo un testigo que llama a la fe. Después llegará el más grande, el esperado, aquel que tiene que venir, a quien se llama la luz, como figura de lo que ilumina, irradia, enciende, aclara : El Mesías de los oráculos de Isaías : Aquel que será alegría y salvación para los pueblos.

¿Cuál era el testimonio de Juan ? : Era la respuesta a una triple pregunta ¿Quién eres ? ¿Quién eres para que podamos dar respuesta a los que nos han enviado ? ¿Qué dices de ti mismo ? Los que preguntan son sacerdotes y levitas de Jerusalén enviados por los judíos. Gente importante, culta y religiosa, representantes del pueblo. Ante ellos Juan es llamado a responder sobre su identidad, sobre lo que ha comprendido de sí mismo, de su vivir y de su actuar en el mundo. En la primera respuesta Juan se identifica por negación : “No soy el Mesías”. No se aprovecha de la fama que está comenzando a tener. Tampoco quiere ser considerado uno de los grandes profetas. Sus respuestas son humildes, claras, cada vez más cortas. Solo ante la insistencia dirá - citando a Isaías- : “Soy la voz que grita en el desierto : Allanad el camino al Señor”. Juan se vive como la voz que prepara el camino a la Palabra. Se siente llamado a nivelar senderos, a rebajar montes y a levantar valles. Es el que bautiza con un agua de purificación, porque hay que preparar el camino del Señor, porque el que viene es la Luz y la salvación del mundo. Su testimonio concluye con unas palabras enigmáticas : “en medio de vosotros hay uno que no conocéis, que viene detrás de mí y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia”. En el fondo Juan está revelando veladamente la pregunta sobre quién es Jesús, la cuestión más importante del evangelio : Está en medio de vosotros pero no lo conocéis. ¿Cómo resuena hoy en nuestras vidas y en este tiempo de Adviento la pregunta y la respuesta de Juan ?

Ha Maria del Carmen Escribano
Madrid

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