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Domingo 2º de Adviento - Sr Cristina María

Année liturgique 2014-2015 [B]

Un pastor que busca y consuela a su pueblo
e invita a preparar un camino de conversión

La liturgia de la Palabra de los domingos de Adviento (ciclo B) fija su atención en la última venida de Cristo tratando de descubrir su venida en las celebraciones litúrgicas y a lo largo de la historia humana. En este domingo el Señor viene con poder, como pastor que busca y consuela a su pueblo y nos invita a preparar, a allanar el camino por el que El viene.

La lectura de Isaías forma parte de una profecía proclamada en tiempos del retorno del exilio. En el oráculo hay diversas voces : el profeta que habla, los oyentes a los que el profeta ordena ser mediadores de consuelo con la ciudad de Jerusalén, víctima de muchas humillaciones y, finalmente la misma ciudad de Jerusalén (Sión) a quien se dirige el mensaje.
En mensaje central es la venida de Dios : Aquí está el Señor (v.10). El Señor, el Dios de todo consuelo, es quíen sabe verdaderamente consolar y lo hace con dos actitudes : cambiando la suerte del pueblo eliminando la esclavitud y presentándose como pastor que guía a su pueblo, a propio su rebaño, acomodándose al paso de cada uno : lleva en brazos a los corderillos y hace que las madres caminen despacito.

Dios consuela ; solamente El puede consolar. Pero nosotros podemos ser portadores y mensajeros de consuelo : Consolad, hablad al corazón de Jerusalén… Los que anuncian el consuelo deben compartir la pasión de Dios por su pueblo y hablar al corazón, como los profetas. Dios consuela pero pide también la participación del hombre : prepara un camino, abre el corazón a Dios mediante una verdadera vuelta hacia El, nos dice a cada uno en este día. Este texto hace referencia a la vuelta del destierro pero la exhortación cobra ese otro sentido más profundo. Siempre estamos volviendo a Dios, al pastor que nos cuida y nos espera.

El salmo responsorial es el que pudieron escribir los repatriados a su tierra, los que habían experimentado ya la salvación de Dios. Cantan su misericordia y su fidelidad, su justicia y su paz y necesitan la lluvia para la tierra que tienen que volver a trabajar y sembrar. Todo no está hecho : tampoco lo está en nosotros. Hemos experimentado muchas veces el consuelo, la fidelidad y la salvación de Dios. Pero sabemos también que hay algunas ruinas en nuestro corazón, alguna tierra seca… ruinas a reconstruir, tierra a hacer fructificar. Danos, Señor, tu salvación… El pastor nos acompaña en este camino de conversión, de reparación de “ruinas”. En la espera del Señor, seguimos reconstruyendo nuestra morada, la morada de Dios en nosotros y en nuestro mundo.

El texto del evangelio de hoy, el “comienzo del Evangelio, de la Buena Nueva de Jesucristo Hijo de Dios” es el prólogo del Evangelio de Marcos, el inicio solemne y gozoso. Marcos nos quiere presentar el anuncio salvador que tiene que ser anunciado a todos los pueblos. Lo que habló Dios entonces a la humanidad por medio de su último enviado, su propio Hijo, y lo que Dios realizó en El para salvación nuestra, tiene una importancia única para el futuro del mundo y hasta el fin de los tiempos : el que se mantenga fiel hasta el final se salvará (Mc 13,13).

La buena Nueva es el contenido y la esencia de la predicación de Jesús. Jesús nos la comunica “cuando se cumplió el tiempo”. Jesús es el mensaje y el mensajero a la vez. El tiempo de la salvación que se vislumbra con Jesús, empieza ya con la aparición de Juan el Bautista. Para Marcos, Juan Bautista no es el último de los profetas sino que está ya al servicio de Jesús, el Mesías. Este mensaje tiene que abrirse un camino. Y es Juan Bautista el que comienza a hablar de la urgente conversión que necesita vivir todo el pueblo para acoger a su Mesías y Señor.

En el desierto aparece un profeta diferente. Viene a « preparar el camino del Señor ». Este es su gran servicio a Jesús. Su llamada no se dirige solo a la conciencia individual de cada uno. Lo que busca Juan va más allá de la conversión moral de cada persona. Se trata de "preparar el camino del Señor", un camino concreto y bien definido, el camino que va a seguir Jesús defraudando las expectativas convencionales de muchos.
La reacción del pueblo es conmovedora. Según el evangelista, dejan Judea y Jerusalén y marchan al « desierto » para escuchar la voz que los llama. El desierto les recuerda su antigua fidelidad a Dios, pero, sobre todo, es el mejor lugar para escuchar la llamada a la conversión. Allí el pueblo toma conciencia de la situación en que viven ; experimentan la necesidad de cambiar ; reconocen sus pecados sin echarse las culpas unos a otros ; sienten necesidad de salvación. Según Marcos,"confesaban sus pecados" y Juan "los bautizaba".
Necesitamos tiempo y recogimiento y trabajo interior para reconocer nuestra necesidad concreta de salvación, para acoger con una mayor fidelidad a Jesucristo, personalmente y como comunidad de creyentes. Hay que ir al desierto para escuchar la voz que nos invita a cambiar. No ir al « desierto » es eludir la necesidad de conversión, no escuchar ninguna voz que nos invite a cambiar. Nuestra falta de coraje para acoger la verdad de Jesucristo necesita abrir un camino en nuestro corazón. Sin esta acogida de la invitación que se nos hace, sin este reconocimiento de nuestra necesidad de convertir el corazón a la Buena Nueva ¿es posible « preparar el camino del Señor » ?

Cristina María, r.a.
Málaga,España

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