Capítulo de Navidad 2012 - Sr. Martine

Soeur Martine Tapsoba

 María de la Visitación


Al comenzar a pensar en escribir este primer capítulo de Navidad, he sentido que estaba todavía habitada por todo el proceso del Capítulo General, desde el CGP de 2011 hasta la experiencia de julio de 2012. Creo que ha sido un camino de visitación que nos ha permitido volvernos, con gozosa esperanza, hacia el futuro, hacia encuentros interesantes y proyectos bonitos para realizar juntos. Por eso el texto del evangelio que me ha venido a la mente ha sido el de la Visitación entendido como la acogida de la esperanza prometida, esperanza de una novedad que ya está germinando.


La escena evangélica de la Visitación nos concede asistir al encuentro de dos mundos, uno antiguo y otro nuevo. Es también el encuentro de dos mujeres : Isabel y María. Su mutua acogida es también celebración, preámbulo de la liturgia de la Nueva Alianza en la que María es el Arca bendita. María e Isabel presentan a Dios los frutos de la fe que celebran : el hijo del milagro en Isabel y lo insólito de la Encarnación del Hijo de Dios en María.


Nos situamos aquí frente a un gran misterio del que la Virgen es portadora. Santa María Eugenia decía que es “consolador hablar de la Santísima Virgen” y todos necesitamos consolación en estos tiempos de incertidumbre en los que el cosmos está perturbado y en los que la espiral de violencia continúa haciendo estragos en tantos países y realidades (la guerra en Siria y en el Congo Kinshasa, las muertes de los niños en las escuelas en los EE.UU. y China...). Todo esto debilita los deseos y procesos de paz. Por esto es bueno acompañar a María, mujer de fe, en su visita a Isabel.

María, la creyente


“Feliz la que ha creído” (Lc 1, 45), exclamó Isabel, animando a María a situarse ante el plan de Dios sobre ella e invitándonos a contemplarla. En este año dedicado a la fe, tomémonos el tiempo de mirar a María, figura emblemática de la aventura del pueblo de Dios, heredero de la larga serie de mujeres y hombres de fe que han abierto el camino que une a la tierra al cielo. Ella por su fe, nos dio al Salvador.


¡Dichosa la que ha creído : María aceptó el plan de Dios : el deseo de hacer de ella colaboradora en el advenimiento de la mujer y del hombre nuevos, habitantes de una tierra en la que reinen la justicia, la paz, la fraternidad, la solidaridad... Mirémosla emprender caminos de comunión, anhelante, con el corazón lleno de alegría y gratitud. María, Madre y receptáculo de la "sabiduría" del Padre, sale al encuentro de Isabel, portadora del mayor de los hijos de los hombres (Mt 11, 11), del profeta de una nueva era, del Precursor del Hijo del Hombre.


¡Dichosa tu que has creído ! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. Isabel no dice : “Dichosa aquella a la que se le ha concedido el don la fe”, sino “¡dichosa tú que has creído !”, reconociendo de esta manera que María ha realizado un acto decisivo de fe. Esta bendición se hará realidad en la vida cotidiana de María, a través de alegrías y pruebas, de interrogantes y esperanzas...


La fe es un don pero también una decisión : la decisión de decir “sí”, la decisión de confiar, de creer en la persona que me habla y espera una respuesta, de creer en lo que me sobrepasa, me da miedo, inseguridad, me desestabiliza, me molesta tal vez. Para María, la “plenitud de gracia, anunciada por el ángel, significa el don de Dios mismo ; la fe de María, proclamada por Isabel... muestra cómo la Virgen de Nazaret respondió a ese don1. Por lo tanto, tomar la decisión de creer o de no creer también nos corresponde.


El Evangelio comienza con la fe de María, una fe que se inscribe en la larga historia inaugurada por Abraham y que causa el asombro de Isabel. Sí, María es "bendita", porque su fe ha permitido que se cumpla el proyecto de Dios sobre la humanidad.

María, Nuestra Señora del Camino


Después de la última palabra del ángel en la Anunciación, María abandona sus interrogantes. Es capaz de abandonar deseos y proyectos e incluso de desafiar el escándalo que podría provocar la noticia de su embarazo inexplicable ; Se pone en marcha, corre a socorrer a su prima anciana. ¿No encontramos aquí una invitación a salir de nuestras aflicciones y pesimismos consentidos para acoger la alegría de Dios y escrutar la novedad sorprendente de la vida que se expande y espera ser compartida en abundancia ?


María va con prontitud a ver a Isabel. Como impulsada desde dentro, se sentía “llevada”. Su caminar se hizo agilidad y danza. Este camino pone a prueba nuestra imagen habitual de María, mujer del silencio y de la contemplación. Su relación con Dios, vivida en la intimidad del corazón la hizo salir de sí misma, para ir al encuentro de su prima. La presencia de Dios en María conmovió las entrañas de Isabel, haciendo saltar de gozo al niño que llevaba en su seno (Lc 1, 44) : Isabel a su vez, danza también al acoger a María, bendita entre todas las mujeres y a su Hijo. La Virgen recibe con asombro una bendición de la que se siente indigna.


El Señor que actúa en nuestras vidas, es en ellas presencia resplandeciente. Porque no podemos irradiar más que lo que nos hace vivir, lo que llevamos en nuestras frágiles vasijas. ¡Lo mismo sucede en María ! Que ofrece a Aquel que mora en ella y por esto, al sonido de su voz, Isabel queda llena del Espíritu Santo y la criatura salta en su seno. Aunque María no concede el Espíritu, participa en su advenimiento en Isabel y en Juan Bautista (Lucas 1, 41). Isabel se convierte en aquella por la que el Espíritu confiesa que María es la Madre del Señor2.

María primera evangelizadora


María se toma después el tiempo de asistir a su prima, de proporcionarle toda la asistencia necesaria en espera de la llegada de su hijo. Pero ¿qué hacía exactamente junto a Isabel ? El tiempo reservado, el tiempo dado para permanecer, es el tiempo de la atención y de la acción, el tiempo de la presencia que permite primero "estar con" para sentir lo que hay que hacer. Tiempo de acogida mutua y de compartir sentimientos, tiempo de gratuidad, tiempo perdido y tiempo ganado, el tiempo necesario para que nuestras vidas vuelvan a encontrar sentido y se construya la comunión. María permaneció con Isabel para estar al servicio y gustar la profunda alegría del don. Para esto, hay que sentarse, hacerse cercano, permanecer. ¿Acaso no es esto lo que contemplamos en el Hijo de Dios, que quiso, también Él, compartir nuestra naturaleza humana ? “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan 1,14).


El Evangelio no dice si hubo un discernimiento antes de que María se lanzara por los caminos escabrosos de las montañas de Judea. Pero ella sabía sin lugar a dudas por qué se marchaba a toda prisa. Llevaba una noticia buena e importante. Ella era la mensajera de la Noticia de las noticias. No quiso mantenerla por más tiempo para ella sola. María fue a Judea porque creyó en lo que se le dijo acerca de Isabel. Va como transportada por la alegría hasta la casa de Zacarías. Su corazón arde ya en el amor por Aquel que acaba de concebir, Aquel que se ha convertido en su vida, la Vida.


María, primera Evangelizadora, permite a Jesús visitar a su primo Juan el Bautista. Ella lleva la misión de su Hijo y prepara ya la de su precursor. Por el saludo de María, Juan el Bautista recibe el don del Espíritu Santo al mismo tiempo que su madre. Fe y alegría se mezclan en María. Canta las alabanzas del Señor, en respuesta a la aclamación de Isabel. María anuncia y confirma la realización del designio de Dios sobre ella, la más humilde de las criaturas : “El Poderoso hizo grandes cosas en mí, dichosa me llamarán todas las generaciones.”(Lucas 1, 49).


Caminando junto a María, experimentamos una presencia vivificante. El hijo que lleva Isabel ha reconocido esta presencia en María, anfitriona y receptora del Hijo de Dios, venido a habitar en nuestra humanidad. Con Isabel participamos en la celebración de la liturgia inaugurada por el Hijo de María.


Las cosas no acaban aquí : tras haber llevado a su prima el apoyo que necesitaba, María se vuelve a casa, en el silencio de su corazón, a la vida ordinaria, lugar de experiencia de la misericordia de Señor. Modelo de fe y de esperanza, sigue caminando con nosotros por nuestros senderos humanos, en esta peregrinación que nos conduce a Dios. Como primera discípula de su Hijo, expresa su fe a lo largo de toda la vida, hasta el pie de la cruz. Sabemos que la vida de María no fue solo júbilo ; y sin embargo, vivió plenamente este momento de encuentro, como vivirá con la misma plenitud los tiempos dolorosos de la Pasión de su Hijo. Hoy nos podemos tomar el tiempo de disfrutar con ella del mensaje de esta visita. Decidámonos por la alegría a pesar de todo lo que pasa en nuestro mundo, marcado por toda clase de pruebas.


Dejemos que María nos tome de la mano, dejémonos acompañar y enseñar por ella. Entonces místicos y profetas como ella, reconoceremos “en el caos aparente y en el ritmo acelerado de los acontecimientos un “Kairos”, tiempo de Dios, que tenemos que aprovechar para ofrecer lo que somos con humildad, audacia y lucidez. ¿Cómo no anunciar la vida que nace ?, ¿cómo no identificar y combatir las idolatrías de hoy que oscurecen el rostro de Dios y de la persona, que nos dispersan y desalientan ? El mundo tiene necesidad de centinelas que oteen horizontes y reconozcan en este Kairos, la humilde y lenta germinación del Reino3.


¡Abramos las puertas de nuestro corazón a Aquel que viene, y abramos nuestras manos para recibir el don de la paz !


 !Ven, Señor, esperamos tu Venida !


¡Feliz Navidad 2012 y Santo Año 2013 !


Sr. Martine Tapsoba
Superiora General


1 Redemptoris Mater, nº 12


2 F.Breynaert, citando a Mario MASINI, Il saluto di Elisabetta a Maria (Lc.1,42), en la revista Marianum nº 58, Roma, 1988, pp.138-158


3 Ficha Identidad Contemplativa, Una manera de ser y estar en el mundo, Capítulo General 2012


 


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