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Bautismo de Jesús - Sr. Cristina María

Année liturgique 2012-2013 [C]

Hijos en el HIJO y siervos en el SIERVO : vocación y misión

Llegamos al final del ciclo litúrgico de Navidad en el que, día a día, y cada vez con mayor hondura, hemos podido penetrar, gustar, saborear el inabarcable misterio de la donación total de Dios –un Dios que se da sin medida- hasta hacerse diafanía, manifestación para todos los hombres. La liturgia nos ha ido presentando páginas de la Escritura para que podamos, una vez más, acercarnos al Proyecto de Dios : el que se ha ido realizando en el tiempo – teniendo primero como protagonista a Israel y como trasfondo a toda la humanidad – y, cuando llegó la plenitud del tiempo, en Jesús, el Salvador, el Mesías, el Señor (Lc 2,11)

En esta última semana, la Palabra nos ha hablado de Juan Bautista. El día de Navidad y el 31 de diciembre, se nos proclamaba el impresionante capítulo 1 del Evangelio de Juan (1, 1-18) y se nos decía que un hombre, Juan, fue enviado como testigo de la luz para llevar a los hombres a la luz. No era la luz, solo testigo de la luz. El mismo Juan siempre se presenta como lo que no es con relación a Jesús : Juan no era la Luz, ni el Mesías, ni el Profeta… era sencillamente una voz que anuncia todo eso en el desierto. Juan bautiza solo con agua, y el que está en “medio de vosotros” es el que os bautizará con el Espíritu. Juan no era el esposo, sino el amigo del esposo. Y llegará el momento en el que los discípulos de Juan serán los discípulos de Jesús y entonces la alegría de Juan es completa : Ha llegado el Mesías, es El quien tiene que crecer en el corazón de los hombres y Juan tiene que ir desapareciendo. El testigo deja paso a la realidad. Esta realidad, Jesús, es la alegría inaudita de Juan.

El Bautista era testigo. Pasemos ahora a Aquel de quien Juan era testigo y que se acercó al Jordán para ser bautizado por Juan. El profeta Isaías, en la primera lectura de la liturgia de hoy, nos presenta a un hombre elegido por Yahvé, consagrado por el espíritu, humilde, sencillo, manso, delicado, con un actuar decidido y tenaz para que el pueblo reciba el anuncio, un anuncio que acogemos también nosotros hoy. Vale la pena acogerlo pues nos anuncia la verdadera imagen –si imagen puede darse– del Dios verdadero : Dios toma de la mano a su mensajero, hace alianza con su pueblo, con la humanidad ; es luz de las naciones, abre los ojos a los que no ven, da libertad a los cautivos… (2ª lectura).

En el Bautismo de Jesús se oye la voz del Padre que nos desvela quién es su Jesús : El Hijo amado, elegido, en el que el Padre se complace, como se complacía en el siervo. Este HIJO es también SIERVO, un Hijo-Siervo. No separemos estos dos términos pues son los que nos llevan a la verdadera comprensión de Aquel en quien ponemos nuestra fe, de aquel que decimos : CREO EN JESUCRISTO, su UNICO HIJO-SIERVO, el que nos salva. En el Jordán, Jesús se descubrió Hijo, fluyendo de Dios, deshaciéndose en tierra y haciéndose barro para dejarse moldear por un Dios de Amor. Y Jesús pudo hacer tanto bien porque aprendió a dejarse moldear por el Padre. El gozo de saberse HIJO le acompañó siempre.

En el bautismo se nos concede también a nosotros el don de la filiación : ser hijos de Dios. Hijos en el Hijo, hijos como el Hijo. Y junto a esta llamada se nos da una misión : servir como el Hijo : y como hijos. Filiación y Misión. Dejemos que en este día el Padre vuelva a decirnos estas cuatro palabras TU ERES MI HIJO, TU ERES MI HIJA. Contemplemos cómo Jesús fue Hijo para que nuestro ser filial se vaya modelando como fue el de Jesús.

Es difícil escribir sobre esta página de la Escritura sin sentir una gran emoción interior y un profundo agradecimiento por aquello que somos y que se nos ha dado serlo por gracia. Solo nos queda acoger lo que realmente somos en el HIJO y ser hijos lo más parecidos al HIJO. Es una gracia que hay que pedir y recibir siempre.

Estas palabras de Santa Catalina de Siena nos ayudarán a comprender que la gracia se recibe en ese interior nuestro que es espacio de acogida : “Hazte capacidad y yo me haré torrente.” En esta Fiesta del Bautismo de Jesús, hagámonos capacidad, apertura total para que Dios, el Padre, pueda hacerse torrente de vida en nosotros, como lo fue en su Hijo Jesús.

Cristina María, r.a.
Málaga


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