Bautismo de Jesús - Sr Cristina Maria

Avent-Noël

 Vocación y destino, Llamada y misión

Los cuatro evangelios narran el bautismo que recibió Jesús y conceden especial importancia a este hecho, porque representa el punto de partida de su ministerio público. A su vez, los cuatro coinciden, cuando relatan el bautismo de Jesús, en dos cosas : en primer lugar, la venida del Espíritu ; y en segundo lugar, una proclamación divina asociada a su venida.

La venida del Espíritu está en relación con el judaísmo antiguo para el que la comunicación del Espíritu significaba lo mismo que inspiración profética, es decir, la persona que recibía el Espíritu era llamada por Dios para ser su mensajera. Así, en el momento de su bautismo, Jesús recibió del Padre la vocación, la llamada, y el destino, la misión, que marcó su vida.
 
¿En qué consistió concretamente esta llamada y esta misión, esta vocación y este destino ? El evangelio de hoy nos dice que la proclamación divina que acompañó la venida del Espíritu fué la de la Filiación del Hijo : « Este es mi Hijo, el amado, el predilecto ». Estas palabras hacen referencia al texto del profeta Isaías que leemos en la primera lectura (Is 42,1), que es el comienzo de los Cantos del Siervo de Yahvé, en los que se representa a este siervo como la persona solidaria del pueblo, que sufre y da la vida por él. La figura del Siervo es palabra de esperanza para loa cautivos que son esclavos de la injusticia ; es una imagen que habla del Dios que se pone del lado de los que sufren. En el siervo el Espíritu de Dios urge el derecho, la justicia ; es luz para las personas que no ven sentido. El modo de actuar del siervo es suave pero firme ; no quiebra lo frágil pero no se quiebra en su misión.
 
Jesús en su bautismo experimentó su vocación. Y esa vocación es el destino del siervo, que se solidariza con el pueblo y sufre y muere por salvarlo. Jesús, como EL HIJO, acepta y asume conscientemente esa vocación y ese destino en la vida. Y esto es lo que le costaba comprender Juan Bautista y su desconcierto cuando vio que Jesús venía para se bautizado. Para el Bautista, los caminos del mesías tenían que ser caminos de poder y de juicio. Sin embargo, para Jesús el camino que se traza después del bautismo, es el de la solidaridad radical, el de la lucha por la justicia, el del bien y la sanación total por la que la persona se siente integrada en todo su ser. Es el camino del SIERVO. Y este es el sentido radical y fuerte que tiene el bautismo cristiano, interpretado desde el bautismo que recibió Jesús. Jesús vivió su bautismo « para cumplir todo lo que Dios quiere » (Mt 3,15). Desde el principio de su vida pública, Jesús entra en el proyecto del Padre, quiere hacer suyos « las cosas de su Padre » (Lucas 2, 49).
 
A partir de la cruz y de la resurrección se hizo claro para los cristianos lo que había ocurrido : Jesús había cargado con la culpa de toda la humanidad ; entró con ella en el Jordán. Inicia su vida pública tomando el puesto de los pecadores. La inicia con la anticipación de la cruz, tomando sobre si todas las debilidades de la humanidad… Aceptar la invitación al bautismo significa trasladarse al lugar del bautismo de Jesús y, así, recibir en su identificación con nosotros nuestra identificación con Él. (Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, pág. 40-41)
 
Cristina Maria, r.a.
Málaga

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