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5º Domingo de Pascua - Sr Ana Alonso

Année liturgique 2014-2015 [B]

Envíanos, Señor, el don de entendimiento para que podamos acercarnos a tu Palabra y que esta siga guiando nuestros pasos y enriqueciendo nuestro servicio al Reino.

En este domingo nos unimos a la Provincia de España que está festejando, en acción de gracias, sus 150 años de presencia en esas tierras. 

¿Quién de nosotros no tiene en la memoria de la retina la imagen de una viña ? Hay pocas imágenes tan evocadoras de la profunda relación que se establece entre Dios y sus criaturas, y de la relación que estamos llamados a vivir entre nosotros como esta de la vid y los sarmientos.

 En el Evangelio de este domingo el Señor Jesús se nos presenta como la vid, pero nuevamente la vid tiene un matiz ; es la verdadera. La afirmación con la que comienza este pasaje es muy profunda : “Yo soy”. El Señor es y nosotros somos con Él. Hoy el Padre es el viñador que se preocupa de cada sarmiento. Hay pocos cultivos que dependan tanto como las cepas del cuidado del agricultor. Al que no da fruto lo corta, y el que da fruto lo limpia con su misericordia para que siga dando más fruto. Los sarmientos secos carecen de sentido. La poda puede ser dolorosa pero limpia y tiene un fin hacer que fructifique el sarmiento. La imagen de los sarmientos nos habla de una vida con Dios y con los otros. En las vides no hay un solo sarmiento hay muchos. El viñador – agricultor tiene que doblarse, agacharse, dedicar tiempo a cada sarmiento. ¡La ternura del Señor dura por siempre !

Ni el Padre ni el Hijo pueden desdecirse de su esencia de Vida verdadera. Han venido al mundo para que tengamos vida y vida en abundancia.

Pedid y se realizará ; no todo depende de uno, no todo está en nuestras manos. Nuestra vida se engarza en la vid verdadera y para dar fruto tenemos que permanecer unidos a la savia de la Vida. ¿Cómo ? Permaneciendo en Jesús, comiendo su carne y bebiendo su sangre (Jn 6,56). ¿Dónde ? En cada Eucaristía. Además la vid nos recuerda que su fruto es el vino, símbolo de la Alianza nueva y eterna que Jesús sella con cada uno de nosotros. No se puede dar fruto sino se persevera, si no se está es ese “Yo soy” de Jesús que encierra a todas las demás Palabras. La Palabra encarnada en el camino de seguimiento ejerce un efecto purificador porque constantemente nos está llamando a la conversión, a ponernos en camino sin adelantar nuestro paso de discípulos, es yendo con Cristo.

Dios no se entiende sin sus criaturas, la gloria de Dios no reside en rendirse un homenaje a sí mismo, está en el hombre, en que este dé mucho fruto. Cristo, fuente de la vida más honda, pidámosle que con su amor nuestros sarmientos produzcan frutos agradables y no agraces. La viña, en la historia del pueblo de Israel, ha pasado por muchos y diversos avatares. Al igual que se dijo de la viña de Isaías, que Yahvé la había escogido y cuidado con esmero, ahora esa predilección es atribuida al Padre de Jesús a favor de sus discípulos (El Evangelio de Juan, Secundino Castro). Con el salmista del salmo 79 : que tu mano de viñador proteja a tu escogido, a los sarmientos que libremente deciden permanecer en tu amor, a los hombres que tú fortaleciste con tu poda. No nos alejaremos de ti : danos vida para que sigamos invocando tu nombre.

Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca, España

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