Vous êtes ici:

3º domingo del tiempo de adviento - Sr. Ana Alonso

Année liturgique 2013-2014 [A]

Seguimos en este tiempo de adviento, tiempo de espera. Como señaló Benedicto XVI : “Se podría decir que el hombre está vivo mientras espera, mientras en su corazón está viva la esperanza. Y al hombre se le reconoce por sus esperas : nuestra “estatura” moral y espiritual se puede medir por lo que esperamos, por aquello en lo que esperamos” (Benedicto XVI, 28-11-2010). En este tercer domingo de adviento conocido tradicionalmente y desde hace siglos como el domingo “Gaudete”, ya que la primera palabra de la antífona de entrada en la eucaristía comienza con : “estad siempre alegres, os lo repito, estad siempre alegres. El Señor está cerca (Flp 4, 4-5).

Pidamos al Señor que nos acompañe con el don del Espíritu Santo, que podamos reconocer los signos de su llegada. Que la alegría que trae el Dios hecho hombre, la misma que experimentamos al saber que un niño está a punto de nacer, nos acompañe en este tercer domingo. No está de más que, en el tiempo que resta hasta Navidad, nos dejemos conquistar por la alegría que inunda los textos del día de hoy.

El profeta Isaías (Is 35, 1-6a.10) habla del regocijo que experimentan el desierto, el yermo, el páramo y la estepa. Lugares áridos, fríos y sin mucha vida que florecen. El profeta sigue enunciando más motivos de alegría. Las manos débiles, las rodillas vacilantes y la cobardía del corazón tornarán en fuerza. El Señor en persona está viniendo, promete resarcirnos y salvarnos. Habrá una alegría perenne que hará que se alejen la pena y la aflicción.

Este domingo nos permite meditar con uno de los personajes de este tiempo de espera : Juan Bautista, el precursor del Maestro. En Mt 3,2 predicaba la llamada a la conversión porque el Reino de los cielos está ya cerca. En Lc 3, 1-19 se recoge en qué consistía la conversión de Juan, así como su claridad respecto a su misión “llegará otro que es más fuerte que yo, a quien ni siquiera soy digno de desatarle las sandalias”. En Jn 1,6 podemos seguir descubriendo algún rasgo más de Juan Bautista ; que era un hombre enviado por Dios, que vino para dar testimonio de la luz, era sólo testigo de la luz. Era la voz que anunciaba a la Palabra. El evangelio de hoy sitúa a Juan encarcelado. Antes de su arresto sabemos que las palabras de Juan eran escuchadas por el rey, que lo consideraba hombre santo (Mc 6,20). Su discurso de cambio de conducta le fue granjeando enemigos tan poderosos como el mismo Herodes (Mt 14, 3-12) que lo encarceló en la fortaleza de Maqueronte, en el desierto. Desde allí, donde había tenido noticia de la Buena Noticia, envía a sus discípulos para que pregunten a Jesús. Mucho se ha especulado a lo largo de toda la tradición sobre esta pregunta tan directa. Por ejemplo san Agustín dice que los enviados no fueron a preguntar porque Juan dudara, sino para que ellos creyeran. Sea cual fuera la intención de Juan nos ha servido para que hoy escuchemos la respuesta de Jesús a los discípulos de Juan. Discípulos que también se convierten en testigos ya que están viendo y oyendo la actuación del Hijo de Dios. Es aquí donde el evangelio y la lectura del profeta Isaías se encuentran. Los ciegos ven, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Ante la pregunta : “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro ?”, ¿es Jesús el Mesías ? Los signos de su mesianismo son la respuesta. Jesús es el liberador de todos los oprimidos, de los pobres, de los de las manos débiles y las rodillas vacilantes. El Señor ha visto la aflicción de su pueblo (Ex 3,7) y manda a su Mesías, al ungido, al enviado, a Jesús. Jesús está dando cumplimiento a las palabras proféticas. Pide que nadie se escandalice de sus palabras puestas en práctica y cuyos destinatarios son los que sufren.

En el evangelio aparecen, al final, unas palabras de reconocimiento de Jesús para su precursor, para el mensajero. Le reconoce como un gran profeta : consistente en su predicación no era precisamente ninguna caña bamboleada por el viento, además también tenía la austeridad de los profetas. Un gran profeta que le ha preparado el camino y no un camino cualquiera, es el camino del Reino. Con Juan acaban los tiempos antiguos y comienza un nuevo tiempo, el del Reino.

Hoy es un domingo para creer, una vez más en este adviento, en la alegría y la confianza del Dios que viene a ser Dios con nosotros. Confianza que se sella con su Palabra : “no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvara”. Que en estos últimos días antes de la Navidad sigamos mirando y contemplando al Dios que viene. Que a los cristianos nos puedan reconocer por esperar al Mesías. Que estos días finales los podamos vivir con la paciencia de los que confían no sólo en la fuerza de sus manos sino en lo que nos llega por gracia de Dios. “Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y la tardía” (St 5,7).

Ana Alonso, r.a.
Asunción Cuestablanca


À voir sur le web

Dans la même rubrique


Ajouter un commentaire



Informations légales

Ce site est édité par "Religieuses de l’Assomption" :

Ecusson
  • Religieuses de l’Assomption - 17, rue de l’Assomption 75016 Paris - France
  • Tél +33 (0) 1 46 47 84 56
  • Fax + 33 (0) 1 46 47 21 13

S'inscrire à l'info-lettre